domingo, 4 de octubre de 2009

El día en que me pareció estar en otro país

[caption id="attachment_147" align="alignleft" width="490" caption="no encontre fotos de esa universidad, pero ahi hay una que se parece"]no encontre fotos de esa universidad, pero ahi hay una que se parece[/caption]

En la publicación de hoy les relatare una historia, la historia de cuando me pareció estar en otro país cuando verdaderamente estaba en Chile. Creo que lo que les contare es la primera vez que sentí estar en otro país, porque se también podría decirles que eso se ha repetido en bastantes oportunidades en este último tiempo.

Era abril de 2008, ya se había desatado la efervescencia de las movilizaciones estudiantiles en todo nuestro país y habían marchas dos o tres veces por semana. Yo pertenecía a Relaciones Exteriores de la toma del Liceo de Aplicación, un alumno de segundo medio ‘muy movido’.

La Asamblea Coordinadora de Estudiantes Universitarios y Secundarios (ACEUS), asamblea que en su mayoría la integraban universitarios, había organizado su primera convocatoria masiva e impresionaba a todos trasladando la usual marcha de Plaza Los Héroes a Tobalaba, en pleno centro del sector oriente de Santiago. Yo pertenecía a Asamblea Metropolitana de Estudiantes Secundarios (AMES), organización masiva de estudiantes secundarios, pero a pesar de todas las divisiones, ya que nuestra organización pensaba que debía existir una organización exclusiva de estudiantes secundarios y otra para los universitarios, nuestra asamblea decidió asistir a la convocatoria de ACEUS.

Yo me estaba preparando como siempre con mi cámara un día antes de la marcha, pero ese día en la noche recibí un llamado con una invitación para asistir a una charla de unos abogados sobre la LGE junto a otros treinta estudiantes de Liceos Emblemáticos y Universidades Tradicionales. La charla se realizaría en una lujosa universidad ubicada en plena cordillera santiaguina. Acepte de inmediato, pues era una novedad ser invitado a esa universidad y tenia ganas de conocerla. Pero después recordé que para ese día estaba anunciada la marcha de ACEUS, ademas de movilizaciones en varias ciudades del país.

A las ocho de la mañana me paso a buscar una lujosa van a mi casa en La Florida y en el camino fuimos recogiendo a los demás en un transito aproximado de una hora y media donde cruzamos casi todo Santiago. Nuestro último invitado fue recogido en el Paseo Ahumada, faltando para las diez. Luego la van debía atravesar el centro para tomar la autopista que nos llevaría al lugar de destino.

Al poco rato de transitar nos unimos a otras dos van, formando una especie de caravana. Pero al rato, nuestro tranquilo viaje se vio envuelto en medio de la revuelta estudiantil que ya se esparcía por todo el centro de la capital, en especial por el sector de Tobalaba. El transito era constantemente interrumpido y desviado tratando de capear los carros policiales que arrojaban agua y gases lacrimógenos destinados a reprimir la protesta pacifica de los estudiantes movilizados, pero que alcanzaban a todos.

Abrirse paso en medio del caos fue una odisea de mucha tensión para el chofer de la van. Los lienzos y pancartas que aun estaban en pie, denunciaban lo que los universitarios, en pocas palabras pedían. Garantías para que los estudiantes de más bajos recursos económicos no se les pusieran obstáculos monetarios para poder seguir estudiando. El torrente de autos dificultosamente se abría paso entre piedras, agua, gritos y gente corriendo en estampida.

Después de pasar por todo eso, accedimos a una excelente autopista que nos condujo en unos minutos al lugar de destino. Al llegar allí, sin embargo, parecía que me había salido del país. Ni las anchas avenidas rodeadas de verde, ni las grandes playas de estacionamiento podían contener el mar de automóviles que rodeaban la universidad como un centro comercial en vísperas de Navidad, y con automóviles que muy poco se ven desde la plaza Italia hacia abajo.

Entrar a esa universidad era como entrar a otro mundo, o por lo menos a otro país. No había estudiantes gritando, ni gas lacrimógeno, ni agua, ni carabineros reprimiendo a estudiantes, ni menos pancartas. Solo el sonido de la naturaleza, un estupendo paisaje y un amable señor que nos esperaba para conducirnos al lugar de la reunión. Mientras caminábamos, a través de los ventanales, se veían grupos de diversos estudiantes que alegremente conversaban en unos cuidados jardines. Me sentía extranjero en mi propio país pues parecía que la efervescencia estudiantil que había vivido hace poco había sucedido en un lugar muy lejano.

En el camino me impresiono todo lo que veía y en la reunión, medite sobre varias preguntas que me sirvieron para darme cuenta de muchas cosas. ¿Qué visión de país tendrán los que estudian en esa universidad, cuando poco saben de lo que verdaderamente se vive en el país?, ¿bastara mirar la ciudad desde lo alto y luego enterarse de lo sucedido por las noticias, sin impregnarse de lo que verdaderamente se esta viviendo?, ¿qué micro me servirá para llegar a la Plaza Italia? (pregunta irónica, ya que ahí no llegan las micros), ¿dejaremos que ellos sean los profesionales que en el futuro rijan los destinos de nuestro país?

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