sábado, 5 de diciembre de 2009

El legado de Víctor Jara


Desde la mañana del jueves 3 de diciembre hasta la tarde del sábado 5 se realizo después de 36 años el velorio del cantautor chileno Víctor Jara, acecinado en la dictadura de Augusto Pinochet, en el año 1973.

Después de torturado, masacrado y cobardemente acecinado, Víctor fue enterrado, al igual que muchas de las victimas de la dictadura, de forma ilegal por su esposa y sus dos hijas. Sin velorios ni ceremonias, sin que sus compañeros se enteraran, sin que el pueblo chileno se enterara.

Hoy, después de 36 años se realizo el velorio y posterior entierro de este gran artista, con actos culturales que comenzaron el jueves 5 y se extendieron durante todo el día viernes ininterrumpidamente hasta el sábado, donde los restos de Víctor fueron trasladados al Cementerio General de Santiago en medio de la compañía de su pueblo. Más de 6 mil personas participaron del acto final de despedida, sin contar a todos los que llegaron a despedirse de él durante los días en los que estuvo su cuerpo en el Galpón Víctor Jara, ubicado en la céntrica Plaza Brasil en Santiago.

Se vivieron días bastante emotivos por allá, incluso este viernes por la mañana estando presente ahí, me toco observar la emotiva visita de la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet, la que en su discurso final emitió un llamado a continuar en la búsqueda de justicia y verdad para Víctor Jara y todas las victimas de la dictadura, que en mi opinión somos todos, porque somos victimas de un sistema implantado en la dictadura y sostenido por las cúpulas de poder que heredaron los traumas de este oscuro momento de la historia chilena, cúpulas que incluso ella representa en su papel de defensora de una constitución dictatorial.

Podría decir muchas cosas sobre el papel que jugo Víctor Jara para la cultura popular chilena y latinoamericana, para esa cultura popular que luego con su ejemplo se alzo para derrocar las dictaduras potenciadas por Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XX en la lucha por imponer el libre mercado en el continente, pero en esta oportunidad me gustaría abordar un tema de fondo que retumba en muchas personas aun cuando escuchamos hablar de las victimas de la dictadura: el olvido.

Se que muchos de los que saben que solo tengo 17 años automáticamente en su bloqueada mente (no porque ellos quieran sino que una herencia de la represión es ese bloqueo) pensaran que yo no tengo porque hablar de esto, si yo no viví en ese tiempo. Por su puesto que no viví en este tiempo, a veces me alegro por eso, pero creo que no existen dueños de la historia. Todos somos parte de la historia y las consecuencias de lo que paso en ese momento nos afectan hoy en día a todos los que vivimos en este país llamado Chile. Es por eso que me siento parte de esto y tengo el derecho a tener una postura y poder expresarla.

Definitivamente la asistencia y las reacciones de todas las personas que participaron o que observaron esta situación demuestran algo que a muchos de los que aun continúan en el poder les ha impresionado. Mientras no haya justicia el pueblo chileno se niega a dar vuelta la página.

La asistencia demostró que el pueblo no olvida los grandes crímenes que se cometieron en este periodo. Los chilenos repudiamos el golpe de estado y también repudiamos sus consecuencias, es por eso que no podremos olvidar este momento de la historia nunca. Muchos han querido dar vuelta esta página en la historia de Chile, pero lo que ocurre hoy es un símbolo para decirles a estas personas que la página no se dará vuelta porque aun las heridas heredadas de este tiempo continúan abiertas.

Estando las mismas personas que apoyaron el golpe o que han continuado potenciando sus consecuencias, en el poder nunca habrá paz. Si no hay justicia para las victimas nunca habrá paz. Si no se solucionan las desigualdades creadas por este sistema impuesto con sangre obrera derramada nunca habrá paz.

Isaac Gajardo ©

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