Al hacer un análisis por separado de las primeras propuestas
que escuchamos al partir el movimiento, cuando cada actor (universitarios,
secundarios y colegio de profesores) trabajaba por separado, y la posterior
evolución al Gran Acuerdo Social por la Educación (GASE) podríamos concluir que
todas las propuestas planteadas en esos documentos y en el acuerdo final
persiguen la tan ansiada “igualdad de oportunidades”. Cuando leemos esto quizás
se nos viene a la mente de la gran mayoría el típico discurso de la derecha
neoliberal que nos habla de la igualdad de oportunidades, igualdad vista desde
un puñado de viejos acomodados en el poder que creen que el mercado es la gran
solución a todos los problemas de la humanidad.
Los diferentes movimientos sociales que hoy remecen al mundo
forman, finalmente, parte de algo mucho más amplio, un movimiento global que
nos demuestra cómo ese argumento repetido por tanto tiempo por el poder
tradicional, que cree que la igualdad de oportunidades se logra haciendo de los
derechos una mercancía, ha fracasado completamente. Se levantan en el Medio
Oriente, pero también en Europa y en otros países de Latinoamérica, exigen un
cambio real, que la igualdad de oportunidades sea garantizada a través de
derechos que no estén disponibles para ser transables en el mercado.
Así es como nacen las propuestas de la sociedad chilena
pidiendo igualdad de oportunidades. No la supuesta igualdad que traería el
mercado y que nunca llegó, sino que la igualdad de derechos asegurada desde Estados
fuertes, que trabajen para el bien de la mayoría porque es la mayoría quien
debe conformar el Estado. Se pide mayor participación de la sociedad en la toma
de decisiones, se habla de que todos somos políticos, queriendo romper el
esquema que nos habla de que las decisiones las deben tomar otros “más
capacitados” y no nosotros.
Entonces, nos encontramos en un momento donde la sociedad
mundial, que anhela la igualdad de oportunidades, empieza a darse cuenta que
para llegar a esta no solo deben eliminar las diferencias sociales ya
existentes, sino que también las clases políticas que se aferran al
neoliberalismo para seguir “representando” o mejor dicho, para seguir
gobernando todo, y mantenerse en el poder. Y es que es una condición natural
velar por lo mejor de mi especie, pero
hoy en día la sociedad humana, como casi siempre en su historia, se vuelve a
organizar de manera piramidal para
brindarle lo mejor a solo algunos de la especie, hoy en base a papeles verdes. Esta
vez, faraones, reyes, los que controlan la gran mayoría de estos papeles, usan
cloroformos llamados medios de comunicación, que adormecen a la gran mayoría de
los de su especie, tanto así que logran que los demás piensen que su especie se
encuentra increíble, pero al parecer el cloroformo no puede destruir la
capacidad de reaccionar ante estas horribles condiciones a las que el poder
tradicional nos ha sometido y nos hemos comenzado a dar cuenta de que debemos
despertar y ahora luchar por conseguir lo mejor para todos, conseguir que las
decisiones que se tomen sean pensando en la mayoría y no en los papelitos verdes.
La lucha por la educación garantizada como un derecho
asegurado y financiado por el Estado es la lucha por recuperar la igualdad de
oportunidades, por demostrar el descontento con un modelo que ha hecho de la
vida una mercancía. La lucha por la educación comprende establecer un
precedente que demuestre que ya no queremos una clase política reducida,
escogida a dedo por los faraones y reyes que manejan los billetes verdes, es la
lucha por demostrar que todos somos la clase política porque todos tenemos
derecho y estamos capacitados para participar de la toma de decisiones que
involucran el futuro de la sociedad. Finalmente, esta lucha que se comienza a
desarrollar en el mundo entero y también en Chile, es el ejemplo de una
sociedad que ha comprendido que son necesarios cambios estructurales, es
necesario vencer al neoliberalismo para triunfar.

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