José Carrasco Tapia, periodista chileno que luchó contra la censura impuesta
por la dictadura militar. Fue acribillado a balazos por agentes de la CNI la
noche del 7 de septiembre de 1986, día en que el Frente Patriótico Manuel
Rodríguez, atentó contra la vida del dictador Augusto Pinochet.
El texto que presentaré, pertenece a un discurso de Luciano Camilo Carrasco Mora, de 31 años,
hijo del asesinado periodista, quien se suicido la madrugada del 11 de
Noviembre de 2002 afectado por una severa depresión. Meses antes del suceso, el
equipo de Prensa Opal Chile realizó registro del homenaje que hicieron a su
padre en el Colegio de periodistas el mismo año 2002, donde él pronunció este
discurso. He decidido transcribirlo con la única intención de ser un
material que nos recuerde que desde la memoria, podemos seguir construyendo
futuro.
Isaac Gajardo
Escribía José
Carrasco, allá por el año 1986 en el boletín el CODEPU: “la dictadura está
aislada política, social e internacionalmente. En la oposición existen hoy
mejores condiciones para ponerse de acuerdo y asumir una postura de lucha
intransigente para terminar pronto con el régimen. La recuperación de la
dignidad de la patria requiere que cada uno asuma su cuota”. En entrevista concedida
el mismo año concluía: “amamos la vida, amamos la paz, pero antes que nada
amamos la justicia y la libertad y por la justicia y la libertad estamos
dispuestos a dar nuestras vidas”. Pepe Carrasco asumió su cuota y dio su vida
por la libertad y la justicia social de nuestro país. No solo habló el
periodista comprometido con la libertad de expresión y las luchas sociales de
su tiempo. Habló con todo, el militante popular comprometido con una opción
revolucionaria, anticapitalista y profunda y utópicamente socialista.
En esta fecha
entonces, recordarle y homenajearle simbólicamente, es recordar y homenajear el
testimonio de vida, lucha y esperanza de cientos y miles de hermanos, compañeros y amigos que se la
jugaron por una salida democrática y popular a la dictadura y no por esta
caricatura de democracia.
Desde esta
perspectiva y solo desde esta, es que septiembre, más que ritos funerarios y
nostalgias por un pasado que quiso ser mejor para todos y todas, para los explotados
y marginados de nuestro país, desde esta perspectiva entonces es que septiembre
debe significar futuro. Y la razón está en nuestra historia y en nuestro
presente. Nuestra convicción es que la matanza y la crueldad fueron
instrumentos de una dictadura al servicio de una política de transformaciones
sociales y económicas profundas: la contrarrevolución neoliberal de los dueños
del poder y la riqueza cuyos resultados se cargan hasta hoy bajo la atenta
conducción y la administración de la Concertación y las derechas
antidemocráticas. La distribución de las ganancias, los sujetos que la
perciben, las desigualdades que implican y las consecuencias que acarrean para la
mayoría de chilenos, se han sostenido más allá del fin de la dictadura gracias
a la inmoralidad de 3 gobiernos antipopulares.
Por eso es que
septiembre debe significar futuro y nosotros un presente, donde es necesario
refundar, reconstruir y articular una auténtica práctica política-popular que
asuma la tarea histórica de la construcción política desde las bases sociales.
Toda pretensión
de construcción política que tenga que ver con una declaración teórica separada
de las aspiraciones, expectativas y valores presentes en nuestro pueblo, terminará
naufragando en el mar de la confusión y el inmovilismo. Necesitamos con fuerza
refundar una práctica política que exprese en su quehacer concreto la
construcción de una nueva sociedad. Se trata, en consecuencia, de ir creando
nuevas relaciones sociales a cordes con lo que pensamos deba ser una
realización del poder que sea efectivamente liberadora. Es la voluntad de
construir y ejercer el poder para transformar la realidad social, política y
humana.
Esto significa
que toda lucha, ya sea sindical, estudiantil, cultural, gremial, juvenil,
poblacional, debe conectarse con una lucha que tenga como horizonte la
totalidad. Eso implica poner en el centro de nuestros esfuerzos la construcción
del pueblo como actor político y sujeto social. Crear un nuevo poder, crear
poder popular, que era la consigna de mi padre, significa entonces, crear nuevas
relaciones humanas, nuevas relaciones sociales, nuevas relaciones políticas. Y estas
se realizan en el camino, en el proceso mismo de organización popular y lucha
social.
En este
haciendo camino al andar, tiene sentido la crítica, tiene sentido la nostalgia
y la memoria histórica y popular que hoy día nos convoca y nos conmueve. Porque
recordar es también aclarar el corazón, porque recordar es operar a la
esperanza, la esperanza que no son solo ilusiones, no son solo sueños o
aquellas angustias que nos oprimen el pecho ante tanta injusticia desatada. La esperanza
que es el sueño, la utopía social o socialista, son gestos, son acciones, son
la fuerza con la que nos levantamos todos los días para gritar que vamos a ser tremendamente
libres.
José Carrasco
y a todos a quienes no nombramos pero nunca olvidamos: estamos de pie, con la
mirada limpia, con el corazón rasguñado, pero con la esperanza intacta.