Comúnmente suelo decir que tengo cara de “cholo” y no por
una cosa de ofenderme a mi mismo, sino que me siento orgulloso de mis rasgos
mestizos latinoamericanos. Porque voy a las
Europas y nadie dirá que soy de allá, voy a Estados Unidos y todos me
reconocerán como un otro, un inmigrante. Y ante eso no siento vergüenza, me
reconozco como soy y sé que somos mayoría en América Latina. Por eso, cuando
durante este domingo, mientras se presentaba en uno de los escenarios del
festival Lollapalooza la cantante Ana Tijoux, un grupo de personajes le
gritaron “cara de nana”, entendido como una ofensa, estaban marcando una
distancia, anunciando algo: había una persona con cara de mayoría, una chola,
una mujer con las características físicas de la gente pobre en una fiesta de la
minoría.
Al percatarse de esos gritos con intensión ofensiva, Tijoux
contestó “para los que creen insultarme llamándome nana, tremendo orgullo por
todas las mujeres trabajadoras, ejemplo de valor”. A eso agregó una frase en tu
estilo, diciendo “yo soy esa cara de nana, esa cara parecida a la tuya, pequeña
y pelo negro, yo soy esa cara con rasgos que parece incomodar tu clase
desclasada”.
La respuesta ha sido aplaudida por muchos en las redes
sociales, pero son los mismos que constantemente se burlan de las
características físicas de indígenas, negros, mestizos, pobres, etc.,
desconociéndose como ello y sintiéndose parte de una supuesta minoría, de los
europeos sobre los indios, de los caucásicos sobre los cholos, de los
colonizadores sobre los colonizados, de los ricos sobre los pobres y así
sucesivamente, vamos reproduciendo una lógica de segregación racial, algo que
en Chile se ve menos, pero que claramente es una característica de Nuestra América.
Los cholos, las mayorías, están condenadas a ser clases aplastadas por una
minoría que se cree superior solo por el hecho de tener ciertas condiciones
físicas que los diferencian de los demás.
Lollapalooza es la fiesta de una elite, no se podía esperar
menos, pero también hay que decir que muchos de los que emitieron esos gritos
hacia Anita también son parte de la mayoría, son cholos, son personas que
trabajaron mucho para poder comprar una entrada carísima y compartir con la
elite su fiesta musical. Esas personas son denominadas en la respuesta de la
cantante como “desclasados” y efectivamente lo son, ya que creen que por estar
mezclados con el resto durante un rato, pueden ofender a los demás y sentirse
con algún nivel de superioridad.
En una columna publicada en El Dínamo, el periodista Rodrigo Guendelman habla de Anita y de todos los que tenemos “cara de nana” como una minoría que crece y que se suma a otras minorías conformando una mayoría. Debo decir que estoy completamente en desacuerdo, ya que en realidad somos mayoría. Hay que avisarle al periodista que no estamos en Europa y que el cuento de los ingleses de Latinoamérica ya no se lo cree nadie. Cuando comprendamos que en realidad los “cara de nana”, los cholos, los trabajadores, somos la mayoría que sostiene el poder de esa minoría que solo se diferencia por su negación al resto (no-cara de nana, no-cholo, no-trabajador) y no por una identidad propia, vamos a poder valorarnos a nosotros mismos y al resto, con su diversidad y sus diferencias, pero sin sentido de superioridad. Parafraseando a la misma Anita y una de sus canciones, si nos reconocemos a nosotros mismos como la mayoría históricamente excluida, vamos a poder sacar la voz, respirar y tomar las riendas de nuestra historia.
En una columna publicada en El Dínamo, el periodista Rodrigo Guendelman habla de Anita y de todos los que tenemos “cara de nana” como una minoría que crece y que se suma a otras minorías conformando una mayoría. Debo decir que estoy completamente en desacuerdo, ya que en realidad somos mayoría. Hay que avisarle al periodista que no estamos en Europa y que el cuento de los ingleses de Latinoamérica ya no se lo cree nadie. Cuando comprendamos que en realidad los “cara de nana”, los cholos, los trabajadores, somos la mayoría que sostiene el poder de esa minoría que solo se diferencia por su negación al resto (no-cara de nana, no-cholo, no-trabajador) y no por una identidad propia, vamos a poder valorarnos a nosotros mismos y al resto, con su diversidad y sus diferencias, pero sin sentido de superioridad. Parafraseando a la misma Anita y una de sus canciones, si nos reconocemos a nosotros mismos como la mayoría históricamente excluida, vamos a poder sacar la voz, respirar y tomar las riendas de nuestra historia.





