Por estos días, mientras la mayoría del mundo estudiantil se encuentra de vacaciones y los funcionarios comienzan a cerrar el ciclo 2017, se discute en el Parlamento el proyecto de Fortalecimiento de las Universidades Estatales, propuesto con suma urgencia por el gobierno durante los últimos días, debiendo aprobarse de forma expresa antes del 29 de diciembre. El proyecto en general ha sido aprobado en la Cámara de Diputados, pasando en los próximos días al Senado, para ser despachado en los plazos forzados por el ejecutivo.
La legislación, pese a que tiene algunos avances, presenta fallas graves que podrían profundizar los problemas actuales, por lo mismo he considerado necesario plantear algunas consideraciones:
1. El proyecto original establecía que instituciones que cuenten con una acreditación superior al promedio podrían aumentar su matrícula sin límites (según sus capacidades), sumando una serie de beneficios tributarios para facilitar la inversión de excedentes en el mejoramiento de la calidad e investigación. Esos aspectos que fueron aprobados en la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados luego fueron recortados por la Comisión de Hacienda, que transgredió sus atribuciones con la complicidad del gobierno y la derecha, continuando con una práctica que ha sido habitual en todas las leyes de educación aprobadas durante el periodo de Michelle Bachelet, en donde finalmente el Ministerio de Educación ha terminado trabajando con la derecha para serenar los aspectos positivos de todos los proyectos. En este caso, las Universidades del Estado tendrán límites para el aumento de su matrícula y no gozarán de mayores beneficios tributarios que les permitan fortalecerse contando con mayores recursos.
2. Continúa manteniéndose una estructura de gobierno universitario tipo "Directorio", en donde los diversos estamentos que componen las universidades son puestos en un rol secundario. La ley amenaza la autonomía de las instituciones de educación superior de forma preocupante, restando poder a los órganos colegiados de la comunidad universitaria en favor de personas nombradas a dedo que gobiernan en una lógica de universidad-empresa, puesto que 4 de los 9 miembros del Consejo Superior de las instituciones, serán externos a las casas de estudio.
3. Pese a que se crea un organismo de coordinación entre las universidades del Estado, no se les mandata a trabajar en una estrategia nacional de desarrollo que implique cooperación y solidaridad entre estas instituciones. Tampoco se suma a esta coordinación a los Centros de Formación Técnica Estatales, lo que hace que la instancia sea un mero saludo a la bandera que no reafirma en ningún caso el rol público que deberían tener las instituciones de educación superior del Estado.
4. Se continúa perpetuando el modelo de financiamiento indirecto vía Voucher. De esta forma, se deja a las universidades sin un financiamiento basal que les permita crecer y fortalecer su rol público, condenándolas al autofinanciamiento y a una competencia descarnada (entre ellas mismas y con el resto de instituciones privadas del sistema).
Hoy el 16% de la matrícula se concentra en universidades del Estado, mientras que el 84% de estudiantes se ven obligados a optar por instituciones de educación superior privadas, con escasa regulación -sobre las que existen fundadas sospechas de que continúan lucrando, pese a que la ley lo prohibe- y donde, en muchos casos, la calidad impartida por esas casas de estudio deja mucho que desear.
Los estudiantes con los mejores puntajes en la Prueba de Selección Universitaria, la mayoría provenientes de familias con mayores recursos, continúan prefiriendo a las instituciones estatales, convirtiéndolas en espacios elitistas que no se logran abrir al resto de la sociedad, no solamente por su sentido cultural de elite, sino que porque el mismo Estado no entrega los recursos suficientes.
Considerando todo lo anterior, Ley de Fortalecimiento de las Universidades Estatales no cumple con el sentido de su nombre, puesto que continúa obligando a las casas de estudio a la competencia dentro de un sistema que les impide crecer y las obliga a manejarse bajo lógicas de mercado, lo que demuestra la fórmula que ha seguido el gobierno con todas las reformas aprobadas durante la administración Bachelet: ejecutar cambios cosméticos que en ningún caso sacan al mercado de la educación.
miércoles, 20 de diciembre de 2017
domingo, 26 de noviembre de 2017
La gratuidad de Piñera y el tejado de vidrio de la Nueva Mayoría
En tiempos de elecciones
se ven muchas cosas increíbles, sobre todo cuando nos acercamos a una segunda
vuelta con un panorama tan incierto como lo que ocurre en el presente, en donde
Piñera llega debilitado, a casi 14 puntos de alcanzar el 50% más un voto que lo llevaría a su segundo mandato como
Presidente de la República. Así, el candidato que todos los medios de
comunicación y grandes encuestadoras daban como ganador seguro -incluso
abriéndose a la posibilidad de que no hubiera balotaje y la coyuntura se
cerrara con un triunfo en primera vuelta- resulta herido de gravedad y con un
diagnóstico que aspira a un cuadro terminal, cuestión que ha abierto paso a
situaciones dignas de retratar para la posteridad.
Comenzó la
campaña post primera vuelta con la ex deportista y ahora Diputada electa Erika
Olivera asegurando que si Guillier ganaba Chile podría convertirse en Venezuela
–que junto a Cuba y Norcorea son como los artilugios discursivos más patéticos
que suele utilizar la derecha chilena para desacreditar al oponente cuando sienten
amenazados sus privilegios-, que en principio sería vista como una “mala
declaración”, pero luego fue aprovechada por el mismo Piñera para atacar al
candidato del oficialismo. Al término de la semana, los reporteos periodísticos
darían cuenta de que no fue un error comunicacional, sino que una estrategia
articulada desde el interior del comando de Piñera por sus espadachines
Chadwick y Ubilla, con el fin de instalar un miedo colectivo al más puro estilo
de la posverdad.
Después de eso
vendrían los llamados desesperados a uno de los enemigos más públicos del
candidato de la derecha, su antiguo contendor en las elecciones primarias,
Manuel José Ossandón, para que hiciera explícito su apoyo a Piñera en la
primera vuelta. Y se produjo, no como quisieran en el comando del expresidente,
pero el referente de una parte no menor de la derecha popular chilena le
entregó su respaldo, aunque anunciando que el abanderado de Chile Vamos se
había comprometido explícitamente con algunos puntos claves de su programa. El
más polémico: la gratuidad en la educación superior.
Que Piñera,
enemigo declarado de la idea de gratuidad, cambiara de posición, fue la ventana
para que se desataran una serie de cuestionamientos y acusaciones de
“volteretas políticas” al interior de la misma derecha, porque –hay que
decirlo- fue este bloque el que se opuso férreamente a la gratuidad
implementada por el gobierno de Michelle Bachelet, incluso al punto de llevar
el proyecto al Tribunal Constitucional. En concordancia con este cambio, el
candidato también le informó al país que pasó de creer que “la educación es un
bien de consumo” a que “es un derecho”, así, por arte de magia.
La Nueva Mayoría, aprovechando la instancia, disparó con todo al ya herido Piñera, con la intención de asegurar el triunfo de Alejandro Guillier y terminar de desmoronar la campaña de la derecha. No es un secreto que el comando del candidato oficialista ha pasado a estar controlado por voces conservadoras (como la de Sergio Bitar) que abogan por no hacer concesiones programáticas al Frente Amplio (la nueva y potente tercera fuerza que se abre paso en el parlamento) y apostar por el “voto contra Piñera”, articulando un discurso que pretende movilizar en base al miedo por el retroceso social y político que podría significar para el país un triunfo de la derecha.
Sin hacer mayores
gestos programáticos ni articular una propuesta de cambios reales, todo parece
indicar que la estrategia de Guillier no le entrega al grueso de la masa
electoral del Frente Amplio un motivo de peso para asistir en diciembre a las
urnas y votar contra Piñera. Más bien, algunos sectores de este mundo están
apostando por terminar con la tentación de votar por el mal menor y, si el
candidato oficialista no se acerca con propuestas, todo parece indicar que no
habría un apoyo explícito del mundo frenteamplista, lo que crearía un panorama
adverso para el periodista y pondría una cuota de incertidumbre aún más extrema
a esta segunda vuelta.
Por todo lo
anterior, el cambio de Piñera con el tema de la gratuidad les cayó del cielo a
quienes querían dejar en evidencia la desesperación de la derecha ante una
eventual derrota electoral. Lo que no se atreven a decir es que el espacio para
que el candidato de Chile Vamos se definiera por apoyar la gratuidad en la
educación superior, fue abierto por la pésima política pública implementada por
la misma Nueva Mayoría en torno al tema.
Me explico…
Entregar la
gratuidad como una beca, bajo la lógica del voucher, no fue un invento de los
Chicago Boys ni de los ingenieros neoliberales de Piñera, sino que fue la misma
Nueva Mayoría la que pensó en un modelo en donde se favorece a la “oferta” del
mundo “privado” y se dinamiza el “mercado educativo”. No es un detalle menor el
que la Universidad Autónoma sea la que recibe la mayor cantidad de recursos
asociados al concepto de gratuidad: un plantel privado que estuvo siendo
investigado por lucro y hasta nuestros días presenta una escasa regulación del
uso de sus recursos que provienen masivamente del fisco. Mientras tanto,
universidades integrales, estatales, públicas y de reconocida calidad solo han
aumentado sus déficits al adherir a esta política.
Con ese cuadro
heredado por el gobierno actual, con ese tejado de vidrio con el que hoy
pontifican los sectores oficialistas para atacar al candidato de la derecha,
Sebastián Piñera ha apostado por una promesa tramposa que responde a sus
intereses personales de continuar por la senda de la “educación como un bien de
consumo”. El anuncio de expandir la gratuidad en la educación superior tiene
una especificación: será a través de los Centros de Formación Técnica e
Institutos Profesionales. Esto nuevamente no es una improvisación, puesto que
es este sector el que quedó intocable después de los ajustes realizados por la
Nueva Mayoría durante este periodo de gobierno, incluso permitiéndosele a estos
planteles lucrar. Así, la gratuidad propuesta por el expresidente transita por
el mismo camino del negocio educativo que el gobierno de Michelle Bachelet no
quiso terminar: llenarle los bolsillos de plata a quienes siguen lucrando con
el derecho a la educación.
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domingo, 19 de noviembre de 2017
Contra todo pronóstico
Este 19 de
noviembre hemos vivido un día histórico en donde el Frente Amplio ha superado
todos los vaticinios y campañas que se realizaron desde las encuestadoras y los
medios de comunicación. Sebastián Piñera (36%) y Alejandro Guillier (22%) pasan
a segunda vuelta, pero la candidata Beatriz Sánchez obtiene un 20% de los
votos. La situación resulta compleja de analizar, puesto que habrán algunos que
dirán que es un fracaso el no haber pasado al balotaje. Pese a ello, a
continuación escribo algunos antecedentes para aportar al debate:
1. Los recursos
Se deben tener en cuenta los recursos utilizados
por cada candidatura. En cifras, la proporción el gasto de campaña de Guillier
y Sánchez es de 5 a 1, respectivamente. Mientras tanto, la proporción entre
Piñera y Sánchez es de 10 a 1. La situación resulta fundamental para reconocer
que los resultados electorales obtenidos por el Frente Amplio son un éxito en
materia de campaña. Una situación aún más grave sucede con los recursos
utilizados por las diferentes coaliciones que competían por escaños en el
parlamento. Pese a ello, contra todo pronóstico el Frente Amplio se constituye
como alternativa y alcanza porcentajes históricos que tienen una disonancia si
se les compara con los gastos. Así, la consigna "el poder de much*s"
se convierte en una realidad.
2. Los medios
En el tránsito de la campaña, los medios de
comunicación fueron fundamentales. Al respecto, la cobertura de la campaña del
Frente Amplio fue muy parecida a la proporcionalidad del gasto de campaña, si
la comparamos con el resto de los candidatos (con Guillier 5 a 1 y con
Piñera 10 a 1, aproximadamente). A eso debemos sumarle la acción de las grandes
empresas encuestadoras que, en base a los resultados, podríamos indicar que
mintieron descaradamente. Sumados los medios y las encuestadoras, se construyó
una realidad en donde la carrera ya estaba corrida y existía la seria
posibilidad de que Piñera ganara en primera vuelta. Los acontecimientos del 19N
han demostrado que jamás fue así y que simplemente estas instancias generaron
una falsa realidad que el Frente Amplio debe reconocer como un problema
fundamental de su quehacer político futuro, puesto que ha quedado en evidencia
que la concentración de los medios de comunicación conspira contra una alternativa
de cambio.
3. La irrupción de una nueva fuerza
La cantidad de parlamentarios obtenidos por el
Frente Amplio -que a esta hora alcanzaría 20 diputados y un senador-
ha sido el mayor éxito electoral de una fuerza política en las últimas décadas.
Con ello, el Frente Amplio debe comprender que se posiciona como un actor clave
que rompe definitivamente con el modelo duopólico de esta democracia pactada.
El desafío ahora es profundizar el programa y constituirse, en un futuro no muy
lejano, como una opción política que asegure gobernabilidad y aspire
decididamente a la construcción de un país más justo y verdaderamente
democrático. El triunfo debe ser tomado con cautela y los nuevos liderazgos que
ingresarán al Parlamento deben propender hacia facilitar la llegada de esta
nueva fuerza a los territorios. El triunfo debe ser canalizado desde el día 1
hacia un trabajo territorial que visibilice las nuevas formas de hacer política
que propone el Frente Amplio -como ejemplos tenemos el gran trabajo que han
realizado los actuales tres parlamentarios del bloque en sus distritos-.
4. CONSIDERACIONES DE CARA A LA SEGUNDA VUELTA
Ahora, con los resultados a cuestas, van a venir
los patudos de siempre a decirle al Frente Amplio que sea responsable, que
firme un cheque en blanco a Guillier, cuando en realidad es el candidato de la
Nueva Mayoría el que tiene que pensar mejor su programa y acercarse a los
votantes del Frente Amplio con propuestas concretas. Si realmente quiere ganar,
Guillier debe comenzar a hacer política y replantearse sus objetivos
programáticos que apuntaron hacia una mantención de las AFP's, el CAE y el
endeudamiento estudiantil, las Isapres y las dudas sobre una convocatoria a
Asamblea Constituyente. Todos esos elementos deben ser repensados por el
comando de quien pasa a segunda vuelta, puesto que son temas que el Frente
Amplio levantó como banderas de lucha y que, si no se cambian, en ningún caso
podría abrir paso a un apoyo electoral por parte del bloque naciente hacia el periodista en la segunda vuelta, puesto
que no es responsabilidad de Beatriz Sánchez conseguirle los votos a Guillier.
El nuevo ciclo histórico que comienza con este
parlamento pone fin al binominal, pero también a las cocinas, los acuerdos
cupulares y los traspasos de votos. Si el Frente Amplio quiere constituirse
como fuerza, debe apostar por medidas programáticas concretas, sin firmar
cheques en blanco ni apostar por cogobernar junto a quienes no han demostrado
interés por llevar a cabo los cambios que Chile necesita.
lunes, 4 de septiembre de 2017
Con qué fin... A 12 años de la desaparición de José Huenante
José Huenante Huenante es un joven que nació el 1 de noviembre de 1988 en la ciudad de Puerto Montt, en sur de Chile. Ahí se crió en un clima de pobreza y escasez, que forzó a su madre a salir de la ciudad y dirigirse a Santiago a trabajar como asesora del hogar. La historia de la infancia de José es la de muchas niñas y niños chilenos: se desescolarizó tempranamente, fue a vivir con una tía e intentó trabajar y hacer algún dinero para poder aportar a los gastos de la nueva casa en donde vivía. Sus amigos y familia dicen que siempre quizo volver a estudiar, pero las condiciones no lo permitieron. Primero hay que comer.
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| José Huenante Huenante |
Cuando tenía 16 años, el 3 de septiembre de 2005, fue visto por última vez siendo golpeado y detenido por una patrulla de Carabineros en medio de un operativo que desplegó a tres automóviles llenos de policías civiles y uniformados. Desde ese día, la lucha incesante de su familia y amigos no ha tenido respuesta por parte de las instituciones del Estado chileno. Han pasado 12 años y el gobierno de Michelle Bachelet, en su primer periodo en ese entonces, no desarrolló ninguna acción concreta para esclarecer el hecho y llegar a la verdad, convirtiendo a José Huenante Huenante en el primer desaparecido después del fin de la dictadura cívico-militar. Así mismo, los gobiernos de Piñera y nuevamente Bachelet, han intentado bajarle el perfil a la grave situación, incluso cuando en 2013 esta última fue emplazada en medio de su campaña para ser electa en su segundo mandato y mandó a callar a quienes protestaban, asegurando que en democracia los problemas no se resuelven de esa forma. Tampoco evitando investigar desapariciones forzadas, se le olvidó a la Presienta.
Los medios de comunicación, actores principales en un cuadro democrático sano en donde las instituciones deberían estar bajo permanente cuestionamiento respecto de actuar, también guardaron silencio, un silencio que se hace cómplice del olvido, puesto que los convierte en partícipes activos del manto de impunidad que se ha intentado imponer en esta situación, en donde las policías han actuado como verdaderas mafias en contra de quienes han tenido la valentía de entregar informaciones que permitan esclarecer los hechos. Paralelo a eso, la alteración de bitácoras de viaje, informes policiales y versiones de los carabineros involucrados no han logrado llamar la atención y durante todo este tiempo el olvido se ha transformado en una aspiración para todas las instituciones cómplices de esta desaparición forzada.
Al cumplirse una docena de años desde la última vez en que se tuvo información del paradero de José, el programa Informe Especial, de TVN, emitió un reportaje titulado "¿Dónde está José Huenante? Desaparecido en democracia". Ahí se entrevista a un ex funcionario de Carabineros involucrado en su desaparición, quien se pregunta en algún momento "¿con qué fin vas a hacer desaparecer a una persona?", pretendiendo disipar sospechas. La inexistencia de un motivo fundado para la comisión de la desaparición forzada de José los ha salvado de ser condenados por todas las irregularidades cometidas, pero en la realidad, la violencia policial tiene móvil en sí misma, porque es una práctica normalizada en las instituciones del Estado chileno.
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| Ronnie Ibarra, Sargento en retiro de Carabineros que participó en el procedimiento durante la noche en la que desapareció José Huenante |
La respuesta de un periodismo incisivo y no temeroso frente a ese policía mentiroso debería haber sido "entonces ¿con qué fin golpearon hasta la inconsciencia al otro detenido junto a José?", porque reportajes como este suelen omitir o mostrar como un detalle menor el hecho de que hubo otro menor de edad detenido la misma noche en que desaparece José y cuyo testimonio podría ser clave, pero fue tan golpeado por esos mismos carabineros que ahora sostienen un evidente pacto de silencio, que hoy no recuerda -o no quiere recordar- nada, cuestión comprensible dadas las brutales irregularidades, seguimientos y amedrentamientos por parte de agentes del Estado hacia quienes se han atrevido a dar su testimonio de lo ocurrido esa noche.
¿Con qué fin golpean a un menor de edad hasta la inconsciencia los policías que ahora se pintan de buenos? Pues con el mismo fin con el que hicieron desaparecer a José y con el mismo fin con el que han guardado silencio desde el 3 de septiembre del 2005, por 12 dolorosos años; con el mismo fin con el que los dos gobiernos de Michelle Bachelet y el de Piñera han sido cómplices activos de toda esta situación: la sucia protección de un Estado que viola sistemáticamente los Derechos Humanos de los más pobres y luego cubre sus huellas con mantos de impunidad y pactos de silencio.
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miércoles, 22 de febrero de 2017
Desierto Verde
En 2015 tuve la posibilidad de conocer de cerca la realidad
de los poblados rurales de la zona centro sur de Chile, al participar de un
trabajo de campo en el contexto del proceso de planificación de la construcción
de pequeños y medianos embalses para regadío en zonas fuertemente afectadas por
la sequía que ha sacudido al país en los últimos años. Debo reconocer que antes
se subirme a los transportes que nos llevaban a los diversos lugares de las
regiones de O’higgins y Maule conocía escasamente de qué se trataba el
problema, cuál era su real magnitud y la complejidad de factores que hay detrás
de una situación que es transmitida por los grandes medios de comunicación como
un “desastre natural”, evitando hablar de las responsabilidades humanas. En el
camino hacia las zonas en que nos correspondía desplegar a los equipos de
trabajo, quienes no conocíamos varios de los lugares nos impresionamos ante los
bellos paisajes marcados por el verde de los densos bosques que nos vigilaban a
escasos metros (o incluso centímetros) de los serpenteantes caminos muy bien
pavimentados y, en momentos, atestados de grandes camiones de los que emanaba
el profundo olor de la resina de los arboles recién mutilados que transitan
hacia los aserraderos.
Durante el mes de enero y febrero de ese año nos desplegamos
en la comuna de Curepto, ubicada hacia la costa de la ciudad de Talca, en la
región del Maule. Ahí, en un sector llamado Gualleco, comenzamos a conocer la
realidad de una zona fuertemente afectada por el gran capital forestal chileno.
La imagen de los verdes bosques quedó convertida en una molesta ilusión –o un
espejismo, como los que se producen en los desiertos-.
En un pueblo casi fantasma, afectado por el terremoto de
2010 y luego por el devastador incendio de 2014, los escasos pobladores que se
negaban a emigrar al mundo urbano nos contaron que desde fines la década de
1970, cuando comenzaron a proliferar las grandes plantaciones de Pinos y
Eucaliptus, el pueblo nunca volvió a ser igual. Grandes empresas representadas
por señores citadinos educados y vestidos con ternos, corbatas y artículos
electrónicos inentendibles para ellos, llegaron ofreciendo la esperanza de una
mejor calidad de vida, generar más fuentes de trabajo y traer el progreso a
estas zonas olvidadas que solo hace pocos años comenzaban a superar los
residuos de la era del latifundio. Pero el resultado fue la agudización de las
sequías y, al mecanizar los procesos de extracción, la promesa de un aumento de
la necesidad de mano de obra se esfumó. Quedaron sumidos en el abandono y la
pobreza rural, que no es igual a la de las grandes ciudades, porque en el campo
al menos queda sentido de comunidad, están los animales y los esfuerzos para
hacer producir la tierra a como dé lugar, con el único fin de poder subsistir.
Pese a la vida precaria que llevaban, los habitantes de
Gualleco buscaban entre lo que no tenían para ofrecernos alguna fruta, un pan
amasado, una empanada o cualquier cosa de comer y beber. La esperanza de poder
enfrentar la sequía que las forestales agravaron estaba en sus ojos, como si
presenciaran la oportunidad de encontrar un oasis en medio de este desierto
verde. La mayoría de habitantes del poblado eran adultos mayores, puesto que
sus hijos y nietos habían tenido que emigrar forzosamente a las ciudades más
cercanas en búsqueda de trabajo, estudios y, en fin, el espejismo de una vida
más cómoda con el que se promueve a las ciudades en el mundo rural. En ese
momento entendí que el incendio ya había pasado por ahí antes de que se vieran
las llamas y comenzó cuando desde las altas esferas del poder se decidió
adoptar una política que enriquece a unos pocos, a costa de la precarización de
muchos.
Los cambios que los habitantes de estas comunidades del
centro sur de Chile comenzaron a ver durante la década de 1970 responden a la
ejecución del Decreto 701 del 15 de octubre de 1974, firmado por la dictadura
cívico-militar, que concedió exenciones tributarias, subsidios y bonos para la
industria forestal. El acuerdo fue sellado por la Corporación Nacional Forestal
(Conaf), institución que en ese momento era liderada por Julio Ponce Leroy,
yerno del dictador Augusto Pinochet que luego adquiriría la empresa estatal
Soquimich, que actualmente se encuentra involucrada en escándalos de
financiamiento irregular a casi la totalidad de partidos políticos de la
transición. El acuerdo para potenciar la industria forestal emanó como una
forma de pagar los favores que los Matte y Angelini, dos de las familias más
poderosas del país, le hicieron a la derecha chilena al “invertir” mucho dinero
en el boicot al gobierno de Salvador Allende, que terminó con el golpe del 11
de septiembre de 1973 y la imposición de una dictadura cívico-militar que, a
punta de violencia, impulsó políticas neoliberales y enriqueció a sus “amigos”
vendiendo bienes públicos y generando subsidios para estabilizar sus negocios.
Cómodos con las medidas neoliberales los gobiernos de la
postdictadura se han negado hasta nuestros días a modificar la normativa
impuesta (ver más en: https://shar.es/19KhBz)
y -posiblemente impulsados por los grandes “aportes” de estas empresas a
campañas políticas-, sabiendo el daño que hacen las plantaciones de las
especies anteriormente mencionadas, se ha estimulado su cultivo encubriéndolo
mentirosamente con una campaña comunicacional que apela a bonificaciones por
“recuperación de suelos degradados y forestación”, entregándose
solo entre los años 2000 y 2014 un monto superior a los US$228 millones a las
grandes empresas forestales. No contentos con este decreto, pese a los
constantes incendios como el de Gualleco en 2014, en
los últimos años se han continuado aprobando más subsidios y noticia aún
más escandalosa: después de los mega incendios desatados en los meses de enero
y febrero de 2017 en el centro sur del país, el
gobierno volverá a subsidiar la “reforestación” de las zonas incendiadas en los
últimos episodios para ser plantadas por pinos y eucaliptus, volviendo a
levantar millonarias ganancias para las grandes familias de la elite chilena a
costa de la precarización y empobrecimiento de miles de familias campesinas (ver documental “Plantar
Pobreza”).
Los habitantes de Gualleco con el tiempo conocieron el
significado de una compleja palabra: monocultivo, la forma en que los técnicos
llaman al desarrollo de plantaciones de Pinos y Eucaliptus en cantidades
industriales que se desplegaron en lo que antes eran tierras cultivables o
bosques nativos. Ambas especies arbóreas fueron introducidas al país,
desplazando a las cepas autóctonas. Un gran negocio en el corto plazo, puesto
que son de rápido crecimiento si se les compara con especies locales, pero un
potencial desastre en el futuro, ya que consumen exceso de agua y desertifican
los suelos impidiendo la vida de gran parte de la flora y fauna propia de esta
zona. A largo plazo, un polvorín en caso de que se dieran las condiciones –e
irresponsabilidades- asociadas a un incendio, pero también con consecuencias a
mediano plazo: la transformación brutal de bellos pueblos con economías de
subsistencia en verdaderos desiertos verdes, continuando con la política del
Estado neoliberal de basar la economía del país en la explotación indiscriminada
de recursos naturales.
* Escrito originalmente para rebelion.org
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