Desde hace algunos meses comenzamos a ver cómo el debate
respecto a la necesidad de una nueva constitución y de una reforma a la actual
institucionalidad se comienza a centrar en una serie de argumentos que no
llevarán a buenos resultados y que finalmente podrían hacer que se geste un
proceso de elaboración de una nueva carta magna nuevamente desde un grupo
reducido de personas que no representan ni a la mayoría, ni a la pluralidad
existente del país. Ya es conocida por varios la propuesta de la candidata
mesiánica de la vieja Nueva Mayoría de elaborar una nueva constitución, pero
como ella misma lo ha dicho "desde la institucionalidad", es decir,
que un congreso binominal, que goza de las evaluaciones más negativas que
podría tener un parlamento en América Latina, redacte un documento que reemplace la actual Constitucion y que luego sea votado por ellos mismos para ser aprobado. Pero en fin, más allá de las
ideas que se han propuesto desde las mismas elites para poder frenar el
fantasma de una posibilidad de Asamblea Constituyente, mi intención al escribir
este texto es cuestionar uno de los principales argumentos que han entregado
tanto los detractores de un nuevo proceso constituyente, como los que están a
favor, pero creen que se debe hacer "en el marco de la
institucionalidad". Esta idea fuerza de defender el marco legal vigente para que desde ahí se
genere una nueva constitución, se basa en el argumento de que Chile es uno de
los países que se ha mantenido con mayor estabilidad política y social a lo
largo del tiempo. Rematan su argumento con el ejemplo de que nuestro país ha tenido muy pocos procesos constituyentes, cosa que, según ellos, demostraría esa estabilidad.
Ahí es donde comienza mi desacuerdo con esa idea que
mueve a muchos y muchas a rechazar de plano la idea de una Asamblea
Constituyente, porque pareciera que este argumento es el que tiene más peso al
momento de criticar la idea de que el pueblo soberano, desde el colectivo,
construya una nueva carta fundamental. Por lo mismo analizaremos éste y no
otros como ese que habla de que si se desarrollara un proceso de creación de una
nueva constitución mediante un modelo asambleísta, estaríamos como en Cuba,
Venezuela o Bolivia. Sobre esta idea, que pareciera un argumento, no debiéramos
ni opinar, ya que constituye una falacia que se derrumba por sí sola y no es
necesario que la discutamos. La ciudadanía ya no le cree a la idea del "monstruo
comunista" ni a esas estrategias de Guerra Fría que acostumbra a utilizar
la ultraderecha.
Pero metiéndonos de lleno en la idea que miraremos como la posiblemente más cuerda,
que tiene que ver con el pensamiento de que Chile ha mantenido una estabilidad política e institucional producto de los pocos procesos constituyentes
que hemos vivido, tengo que decir que el que existan menos constituciones, no es una señal de estabilidad. Es impresionante cómo algunos se jactan de
eso, como si fuera algo positivo. Más bien, creo que el que no hayamos vivido
tantos procesos de este tipo, como los que han vivido otros países (Colombia,
Ecuador o Brasil incluso) es una señal negativa más que positiva. Habla de cómo
los proyectos de la elite oligárquica fundadora de "la nación" han
permanecido casi intactos a lo largo del tiempo, de cómo el sector más
acomodado ha logrado empoderarse completamente reduciendo las posibilidades de
cambios reales y también nos muestra cómo la ciudadanía y los movimientos
sociales no han sido capaces de lograr incidir realmente en la
institucionalidad, limitándose a funcionar desde la marginalidad. De esta
forma, podemos observar cómo pareciera que la estabilidad institucional de la
que hablan es sólo la que se ha logrado gracias a que un grupo reducido de
familias ha gobernado el país económica y políticamente a lo largo de toda la
historia del país. Estaríamos entonces, frente a un interés profundo por parte
de un sector importante de la elite política -no solo por parte de los que
defienden la actual constitución Pinochet-Lagos, sino que también por el lado de
los que hablan de una necesidad de cambio pero que esta venga desde la
institucionalidad vigente- por conservar
sus privilegios y por perpetuar el proyecto histórico de la minoría que ha
gobernado este país.
En fin, más que señales de estabilidad, el tema de las
pocas constituciones nos habla de cómo hemos adoptado un proyecto de un grupo
reducido que se ha mantenido en el poder, como si fuera el proyecto de todxs
lxs que vivimos en este territorio, cosa que es bastante preocupante. Cuando la
sociedad empiece a cuestionar a las instituciones que para algunos parecieran ser
intocables, cuando no tengamos temor de criticar a un Estado que potencia una
sociedad dominada por el mercado, cuando comencemos a pensar en algo diferente
a este proyecto impuesto históricamente por unos pocos, podremos decir que es
un paso interesante el que hemos dado.

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