Por estos días, mientras la mayoría del mundo estudiantil se encuentra de vacaciones y los funcionarios comienzan a cerrar el ciclo 2017, se discute en el Parlamento el proyecto de Fortalecimiento de las Universidades Estatales, propuesto con suma urgencia por el gobierno durante los últimos días, debiendo aprobarse de forma expresa antes del 29 de diciembre. El proyecto en general ha sido aprobado en la Cámara de Diputados, pasando en los próximos días al Senado, para ser despachado en los plazos forzados por el ejecutivo.
La legislación, pese a que tiene algunos avances, presenta fallas graves que podrían profundizar los problemas actuales, por lo mismo he considerado necesario plantear algunas consideraciones:
1. El proyecto original establecía que instituciones que cuenten con una acreditación superior al promedio podrían aumentar su matrícula sin límites (según sus capacidades), sumando una serie de beneficios tributarios para facilitar la inversión de excedentes en el mejoramiento de la calidad e investigación. Esos aspectos que fueron aprobados en la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados luego fueron recortados por la Comisión de Hacienda, que transgredió sus atribuciones con la complicidad del gobierno y la derecha, continuando con una práctica que ha sido habitual en todas las leyes de educación aprobadas durante el periodo de Michelle Bachelet, en donde finalmente el Ministerio de Educación ha terminado trabajando con la derecha para serenar los aspectos positivos de todos los proyectos. En este caso, las Universidades del Estado tendrán límites para el aumento de su matrícula y no gozarán de mayores beneficios tributarios que les permitan fortalecerse contando con mayores recursos.
2. Continúa manteniéndose una estructura de gobierno universitario tipo "Directorio", en donde los diversos estamentos que componen las universidades son puestos en un rol secundario. La ley amenaza la autonomía de las instituciones de educación superior de forma preocupante, restando poder a los órganos colegiados de la comunidad universitaria en favor de personas nombradas a dedo que gobiernan en una lógica de universidad-empresa, puesto que 4 de los 9 miembros del Consejo Superior de las instituciones, serán externos a las casas de estudio.
3. Pese a que se crea un organismo de coordinación entre las universidades del Estado, no se les mandata a trabajar en una estrategia nacional de desarrollo que implique cooperación y solidaridad entre estas instituciones. Tampoco se suma a esta coordinación a los Centros de Formación Técnica Estatales, lo que hace que la instancia sea un mero saludo a la bandera que no reafirma en ningún caso el rol público que deberían tener las instituciones de educación superior del Estado.
4. Se continúa perpetuando el modelo de financiamiento indirecto vía Voucher. De esta forma, se deja a las universidades sin un financiamiento basal que les permita crecer y fortalecer su rol público, condenándolas al autofinanciamiento y a una competencia descarnada (entre ellas mismas y con el resto de instituciones privadas del sistema).
Hoy el 16% de la matrícula se concentra en universidades del Estado, mientras que el 84% de estudiantes se ven obligados a optar por instituciones de educación superior privadas, con escasa regulación -sobre las que existen fundadas sospechas de que continúan lucrando, pese a que la ley lo prohibe- y donde, en muchos casos, la calidad impartida por esas casas de estudio deja mucho que desear.
Los estudiantes con los mejores puntajes en la Prueba de Selección Universitaria, la mayoría provenientes de familias con mayores recursos, continúan prefiriendo a las instituciones estatales, convirtiéndolas en espacios elitistas que no se logran abrir al resto de la sociedad, no solamente por su sentido cultural de elite, sino que porque el mismo Estado no entrega los recursos suficientes.
Considerando todo lo anterior, Ley de Fortalecimiento de las Universidades Estatales no cumple con el sentido de su nombre, puesto que continúa obligando a las casas de estudio a la competencia dentro de un sistema que les impide crecer y las obliga a manejarse bajo lógicas de mercado, lo que demuestra la fórmula que ha seguido el gobierno con todas las reformas aprobadas durante la administración Bachelet: ejecutar cambios cosméticos que en ningún caso sacan al mercado de la educación.
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miércoles, 20 de diciembre de 2017
martes, 23 de agosto de 2016
Reforma: institucionalización del mercado en la educación superior
En 2006 miles de estudiantes secundarios salimos a las calles a manifestarnos en lo que se ha conocido como La Revolución Pingüina. Como adolescentes, invisibilizados por las instituciones, habíamos decidido avanzar en nuestros planteamientos pasando, de manifestarnos por mejores condiciones de infraestructura en nuestros colegios o la rebaja de la tarifa del transporte público, a reconocer que este tipo de problemas eran solo síntomas de una falla sistémica, que sentaba sus bases en la revolución neoliberal iniciada por la dictadura cívico-militar, pero afianzada y profundizada por el pacto de la transición –en el que la Alianza y la Concertación no tuvieron muchas diferencias-. Los dardos del movimiento estudiantil apuntaron a la Constitución pinochetista impuesta en 1980 y a sus leyes orgánicas, que amarraban el destino mercantil de la educación. El reclamo contra la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE) comenzó a remover lo que el pacto político postdictatorial decía que no se podía modificar.
La violencia de los agentes del Estado desplegada contra menores de edad que nos manifestábamos en las calles causó revuelo internacional y visibilizó aún más nuestras demandas, que aspiraban a transformaciones sistémicas en la educación, a través de la derogación de la LOCE y cambios concretos en la administración de los precarizados establecimientos públicos (desmunicipalización). Todo esto terminó por forzar a la presidenta Michelle Bachelet a responder con la promesa de trabajar para enviar al parlamento dos proyectos de ley que consideraran las principales demandas estudiantiles. Para trabajar la reforma, la presidenta conformó el Consejo Asesor Presidencial de la Educación, en el que se depositarían las esperanzas de una sociedad que había logrado comprender los problemas de la educación y sintonizar con los estudiantes.
En 2007 se materializaron los compromisos presidenciales, a través de la presentación de la Ley General de Educación. El problema es ésta es que contaría con un amplio acuerdo de los partidos del pacto de la transición (como un solo bloque), pero con el rechazo del movimiento estudiantil y la sociedad chilena. Emblemática resulta la fotografía en donde todos los representantes de los partidos de gobierno y oposición se toman sus manos y las levantan, en señal de triunfo, al momento de pactar una reforma educacional que institucionalizó las desigualdades de la educación escolar y no solucionó las demandas levantadas por la movilización estudiantil, que continuaría ahora en rechazo a la reforma del bloque transicional, que a través de los medios –controlados por grandes conglomerados económicos- nos decían que hasta ahí no más, que los pendejos no sabíamos lo que significaba gobernar un país, que las cosas tenían que cambiar pero habían ciertos límites.
Otra promesa incumplida, otra mentira
Pero ¿por qué recordar ese pasado? Pues porque hoy pareciéramos estar en un momento en donde la historia se vuelve a repetir sin matiz alguno y, quienes nos movilizamos en 2006 siendo derrotados institucionalmente, en 2011 volvimos a las calles aun con más masividad que antes, esperando ganar. Michelle Bachelet tomó las consignas del movimiento estudiantil nuevamente, las usó en su campaña obteniendo un mayoritario apoyo ciudadano que la posicionó por segunda vez en el gobierno, pero cuatro años después de ese histórico 2011 volvemos a observar impávidos la caída de la promesa de construir un sistema más justo, reemplazada por la institucionalización de la educación de mercado.
Fortalecimiento a la educación pública, fin al lucro, gratuidad de la enseñanza y mayor calidad fueron las principales demandas levantadas por los secundarios de 2006, que en 2011 siendo universitarios nos volvimos a alzar. Bachelet respondió en su programa de gobierno, prometiendo que en sus primeros 100 días en La Moneda presentaría una “reforma estructural” que llevaría a la educación de ser un bien de consumo manejado bajo lógicas de mercado a convertirse en un derecho social garantizado para toda la población. Muchos creyeron en las promesas, pero otros sabíamos que era casi imposible que los mismos que construyeron la educación de mercado decidieran botar su proyecto neoliberal. Después de los primeros 100 días las acciones comenzaron a darnos la razón a aquellos desconfiados, que para nada nos sentimos ganadores, sino que todo lo contrario, lamentamos el haber tenido la razón. La “reforma estructural” prometida comenzó a postergarse, postergarse y postergarse, no una, dos o tres veces, sino que nueve y habiendo pasado más de dos años y medio de gobierno recién durante este mes el gobierno ha presentado al Congreso lo que ha denominado “Reforma a la Educación Superior”.
Quienes tenemos conocimiento de algunas cuestiones que suceden en los pasillos del Ministerio de Educación sabemos que hasta última hora las autoridades no estaban seguras con la presentación del proyecto. Incluso, tres días antes de la Cadena Nacional de la presidenta Bachelet anunciando el ingreso de la propuesta de ley al Congreso, el Mineduc se reunía con los rectores de las universidades estatales para intentar convencerlos de apoyar la “reforma” y éstos le daban la espalda, declarando valientemente que lo que se pretende hacer con la iniciativa es privatizar completamente el sistema. En esa misma reunión, sin ningún tapujo Nicolás Eyzaguirre, ex economista del FMI y actual ministro secretario general de gobierno (encargado de la tramitación del proyecto en el parlamento), declaró frente a los rectores que “el Crédito con Aval del Estado (CAE) continuará de por vida” para “ayudar” a quienes realicen sus estudios en “universidades privadas con arancel liberado”, reconociendo que la lógica de mercantil que mantiene endeudadas a más de un millón doscientas mil familias no desaparece, sino que se acentúa.
A las palabras del economista se suman las de Adriana Delpiano, asistente social ex miembro del think-tank Educación2020 y actual ministra de educación, quien declaró que “el problema del CAE es por la participación de la banca en este crédito”, asegurando que si se buscan soluciones, en ningún caso alguna pasa por suprimir las lógicas de endeudamiento estudiantil (La Tercera 9/07/2016). Y agregando una clave importantísima para comprender la forma en la que se gesta esta “reforma”, Delpiano señala en una entrevista televisiva que “no se sabe cuánto cuesta la gratuidad para el 100% de los estudiantes” (CNN Chile), dejando en evidencia el problema de fondo: jamás pensaron realmente en cumplir las promesas realizadas a la sociedad chilena. Le mintieron a la gente.
El problema de fondo: la institucionalización de la educación de mercado
Pero revisando el proyecto de educación superior presentado por el gobierno (evitaré hablar de reforma porque solo es un marco regulatorio del mercado) éste establece que todas las universidades deberán acreditarse para poder existir como tal, pero será decisión de cada plantel adherir a la gratuidad o no. Si se suman al sistema de gratuidad (comprendida como una beca, bajo la lógica neoliberal del financiamiento a la demanda) se deberán someter a un sistema de “regulación y fijación de aranceles” establecido por los organismos reguladores que la misma ley instituye (Subsecretaría, Superintendencia y Consejo para la Calidad de la Educación Superior).
Si esto ya es un problema, porque la lógica mercantil está siempre detrás de todo, la cosa se pone más compleja porque el mismo proyecto establece que los denominados “beneficios estudiantiles” que la ley entiende como becas y créditos (aunque es completamente legítimo cuestionarnos si es que estos últimos son realmente un beneficio para los estudiantes) se entregarán a todas las instituciones acreditadas.
Ahora el problema grave: solo las universidades que adscriban a la gratuidad van a tener aranceles regulados, mientras que un conjunto de planteles que no se sumen a esta forma de financiamiento van a poder elevar todo lo que quieran sus aranceles y hacer que sus estudiantes los paguen a través de becas y formas de endeudamiento que el mismo Estado promueve. Esto representa un claro gesto hacia planteles como la Universidad Nacional Andrés Bello, la Universidad de Viña del Mar, la Universidad Santo Tomás y la Universidad San Sebastián, todas instituciones privadas investigadas por lucro y receptoras de más de un cuarto de los dineros del CAE para toda la educación superior (Fuente: Fundación Sol). Así, el gobierno entrega un gesto a estos planteles, permitiéndoles seguir creciendo a costa del endeudamiento y el subsidio estatal, pero no solo eso, pese a que se prohíbe no se tipifica el lucro como delito y se legaliza el traspaso de recursos de las universidades a otras instituciones relacionadas por concepto de arriendo de espacios, mecanismo utilizado por las casas que lucran para “retirar excedentes”, es decir, apropiarse de recursos que deberían invertir en la educación de sus estudiantes. Lucrar.
Pero esto no es coincidencia. Si miramos los directorios de las universidades-empresa, veremos que están conformados por muchos militantes del oficialismo, que han presionado fuertemente para que este proyecto de ley no avance por el camino que indicó la sociedad en 2011 y siga fortaleciendo su negocio educativo. El ejemplo más concreto es Hugo Lavados, rector de la Universidad San Sebastián, militante de la Democracia Cristiana (partido de gobierno), ex ministro de Bachelet, que ha sido acusado directamente de hacer lobby para que continúe el sistema de endeudamiento estudiantil como forma de financiar los estudios de miles de personas (revisar entrevista a Mónica González en CNN Chile). En el mismo cuadro está Jesús Villate, Director Ejecutivo para la región andina de la transnacional Laureate, grupo controlador de la Universidad Nacional Andrés Bello (universidad con la mayor matrícula del país) y otras 4 instituciones de educación superior, que mantiene estrechos vínculos con el gobierno.
El panorama es claro. Se avanza entonces hacia la institucionalización de un sistema que es la antítesis del “fortalecimiento de la educación pública”, petición estudiantil con la que se llenaron la boca personas como Michelle Bachelet y quienes hoy están en el congreso representando su programa de gobierno. El fin de la reforma es construir un sistema en donde lo privado sea el eje articulador del sistema educativo, como sucede con la educación escolar, en donde existan universidades privadas para quienes puedan pagarlas, planteles privados subvencionados por el Estado (a través de Becas) para quienes puedan hacer aportes propios o endeudarse, e instituciones públicas precarizadas y disminuidas para quienes no tengan recursos. Así, la Concertación, hoy Nueva Mayoría, sigue sumando puntos en su obsesión por construir guetos. Lo hicieron con la educación escolar, con la salud, con la vivienda y ahora avanzan a la educación superior.
No podemos permitirnos una nueva derrota. No otra vez. Hoy las fuerzas sociales deben decirlo claro y fuerte: la ley de educación superior enviada este mes al Congreso por el gobierno de Michelle Bachelet no es una reforma, ni menos tiene algún componente que desestabilice la estructura del modelo vigente. El proyecto institucionaliza la privatización de la educación como forma de administrar el sistema y el subsidio a la demanda a través de becas y créditos como mecanismo de financiamiento.
* Texto preparado para exposición en las Jornadas de Discusión Triestamental sobre la Reforma a la Educación Superior, realizadas en la Universidad de Chile en el mes de julio de 2016.
sábado, 7 de agosto de 2010
Malas noticias en Educación
El aumento del número de pobres en los últimos cuatro años en el país fue una pésima noticia no solo para el gobierno de Michelle Bachelet, al que se refería el período analizado, sino para todo el sistema político. Porque dejó en claro que, guarismos más o metodologías menos, la brecha de las desigualdades sociales se ha hecho resistente a cualquier política, y dejado de ser un problema de eficiencia de gobierno y pasado a ser uno estructural de injusticia social.
De ello debiera desprenderse que, sin perjuicio del necesario debate académico, las autoridades de gobierno debieran explicar de manera clara sus prioridades de gestión, si no para solucionar, al menos para mitigar en el corto plazo los problemas más urgentes que genera la brecha de la desigualdad.
No se percibe, lamentablemente, sentido de urgencia. Por el contrario la política aparece plagada de diagnósticos y propuestas estratégicas que, sin perjuicio de ser útiles y necesarios, o son ampliamente conocidos o son aproximaciones generales al futuro.
Un caso paradigmático de una cierta inmovilidad gubernamental y exceso de diagnóstico es lo que ocurre en Educación, sector en el que empiezan a acumularse los problemas y donde aún no se percibe la acción innovadora.
Esta semana, el Ministro de Educación Joaquín Lavín junto con su par de Mideplan, Felipe Kast, dieron a conocer resultados de la Encuesta CASEN que indican que las brechas de la desigualdad hacen que los sectores de menores ingresos estudien menos años, que ello es un handicap negativo en materia de ingresos y también en el acceso a la educación superior, y que el impacto de todo el proceso de desigualdades en la clase media es el mayor.
Nada de lo dicho por los ministros es desconocido, sorprende o resulta novedoso. El país ha escuchado estas y otras cifras hasta la saciedad. Muchas de las causas están más que diagnosticadas, y se cuenta con un suficiente stock de información, estadísticas y conocimiento, como para que algo pueda sorprender en esta materia.
Lo paradójico es que tales noticias llegan en el momento en que empieza a producirse un nuevo movimiento estudiantil secundario, con planteamientos muy similares – si no idénticos- a los del año 2006, y al cual el Ministerio de Educación tiene pocas noticias que entregarle.
En estricto rigor, el Ministerio tiene escasa o ninguna acción que indique iniciativas innovadoras en curso frente a los impactos de la desigualdad en Educación.
Si se mira la página Web del Ministerio se puede observar que el predominio de la agenda noticiosa apunta a temas burocráticos o secundarios: Ministros Joaquín Lavín y Felipe Kast presentaron la encuesta Casen de Educación; ministro Lavín acoge proyecto de ley que sanciona casos de bullying en los colegios; ministros Lavín y Hinzpeter dan el vamos al Programa “Después de clases, es cool”; Presidente Piñera y ministro Lavín llaman a jóvenes a participar en el Servicio País de Educación; Ministro Lavín presentó el nuevo Simce de Inglés; ministro Lavín presentó iniciativas para mejorar la Educación Pública (ponencia teórica en ICARE sobre lo que se va a hacer); ministro Lavín destacó la necesidad de contar con buenos profesores para mejorar la educación en Chile; Panel de Expertos para una Educación de Calidad entrega primer Informe para mejorar la Profesión Docente; ministro Lavín presentó nuevos resultados sobre el consumo de drogas en escolares; y así casi sin excepción.
Lo que más llama la atención en esta agenda es la búsqueda de mecanismos validatorios de política, muy similares a los utilizados durante el gobierno de Michelle Bachelet, que generan la sensación de que los malos resultados y la crisis de la educación son un problema del azar y no de las malas políticas.
Tal es el caso del Panel de Expertos para mejorar la profesión docente, cuya integración licua las propias críticas hechas por el Ministro Lavín en el tema.
Compuesta por doce personas que coordina Harald Beyer, cuenta entre sus integrantes a tres ex ministros de Educación de la Concertación: José Pablo Arellano, Mariana Aylwin y Sergio Molina; a una ex subsecretaria, Pilar Romaguera, quienes en distintas épocas estuvieron, por sus cargos, directamente involucrados en la generación o gestión de las políticas fracasadas.
En este escenario, sería conveniente que las autoridades percibieran la urgencia de gestión real que tiene la Educación, antes que el incipiente problema que se percibe en las actuales movilizaciones estudiantiles vuelva a colocar en la agenda pública, tal como ocurrió el año 2006, de manera abrupta y dramática, el tema de la crisis y abandono de la Educación.
De ello debiera desprenderse que, sin perjuicio del necesario debate académico, las autoridades de gobierno debieran explicar de manera clara sus prioridades de gestión, si no para solucionar, al menos para mitigar en el corto plazo los problemas más urgentes que genera la brecha de la desigualdad.
No se percibe, lamentablemente, sentido de urgencia. Por el contrario la política aparece plagada de diagnósticos y propuestas estratégicas que, sin perjuicio de ser útiles y necesarios, o son ampliamente conocidos o son aproximaciones generales al futuro.
Un caso paradigmático de una cierta inmovilidad gubernamental y exceso de diagnóstico es lo que ocurre en Educación, sector en el que empiezan a acumularse los problemas y donde aún no se percibe la acción innovadora.
Esta semana, el Ministro de Educación Joaquín Lavín junto con su par de Mideplan, Felipe Kast, dieron a conocer resultados de la Encuesta CASEN que indican que las brechas de la desigualdad hacen que los sectores de menores ingresos estudien menos años, que ello es un handicap negativo en materia de ingresos y también en el acceso a la educación superior, y que el impacto de todo el proceso de desigualdades en la clase media es el mayor.
Nada de lo dicho por los ministros es desconocido, sorprende o resulta novedoso. El país ha escuchado estas y otras cifras hasta la saciedad. Muchas de las causas están más que diagnosticadas, y se cuenta con un suficiente stock de información, estadísticas y conocimiento, como para que algo pueda sorprender en esta materia.
Lo paradójico es que tales noticias llegan en el momento en que empieza a producirse un nuevo movimiento estudiantil secundario, con planteamientos muy similares – si no idénticos- a los del año 2006, y al cual el Ministerio de Educación tiene pocas noticias que entregarle.
En estricto rigor, el Ministerio tiene escasa o ninguna acción que indique iniciativas innovadoras en curso frente a los impactos de la desigualdad en Educación.
Si se mira la página Web del Ministerio se puede observar que el predominio de la agenda noticiosa apunta a temas burocráticos o secundarios: Ministros Joaquín Lavín y Felipe Kast presentaron la encuesta Casen de Educación; ministro Lavín acoge proyecto de ley que sanciona casos de bullying en los colegios; ministros Lavín y Hinzpeter dan el vamos al Programa “Después de clases, es cool”; Presidente Piñera y ministro Lavín llaman a jóvenes a participar en el Servicio País de Educación; Ministro Lavín presentó el nuevo Simce de Inglés; ministro Lavín presentó iniciativas para mejorar la Educación Pública (ponencia teórica en ICARE sobre lo que se va a hacer); ministro Lavín destacó la necesidad de contar con buenos profesores para mejorar la educación en Chile; Panel de Expertos para una Educación de Calidad entrega primer Informe para mejorar la Profesión Docente; ministro Lavín presentó nuevos resultados sobre el consumo de drogas en escolares; y así casi sin excepción.
Lo que más llama la atención en esta agenda es la búsqueda de mecanismos validatorios de política, muy similares a los utilizados durante el gobierno de Michelle Bachelet, que generan la sensación de que los malos resultados y la crisis de la educación son un problema del azar y no de las malas políticas.
Tal es el caso del Panel de Expertos para mejorar la profesión docente, cuya integración licua las propias críticas hechas por el Ministro Lavín en el tema.
Compuesta por doce personas que coordina Harald Beyer, cuenta entre sus integrantes a tres ex ministros de Educación de la Concertación: José Pablo Arellano, Mariana Aylwin y Sergio Molina; a una ex subsecretaria, Pilar Romaguera, quienes en distintas épocas estuvieron, por sus cargos, directamente involucrados en la generación o gestión de las políticas fracasadas.
En este escenario, sería conveniente que las autoridades percibieran la urgencia de gestión real que tiene la Educación, antes que el incipiente problema que se percibe en las actuales movilizaciones estudiantiles vuelva a colocar en la agenda pública, tal como ocurrió el año 2006, de manera abrupta y dramática, el tema de la crisis y abandono de la Educación.
Editorial de El Mostrador
Jueves 5 de agosto de 2010
miércoles, 30 de junio de 2010
¡Gracias Lavín!
SALVADOR MUÑOZ
Cientista Político
Programa de Políticas Públicas
Academia de Humanismo Cristiano.
Nunca pensé que diría algo así, pero gracias Lavín. Cuando el gobierno de Bachelet impulsó la LGE dándole la espalda al movimiento estudiantil del 2006, todos pensamos que habría que esperar veinte años más para que la educación estuviera en el centro del debate público. Eso hace meritorio lo que ha hecho el Ministro Lavín, pues se ha encargado de mantener este tema en la primera línea del debate nacional. Aunque sus propuestas van en el sentido contrario a las soluciones que nuestro sistema requiere, no hay nada más sano para un país que discutir públicamente acerca de la educación que necesita.
Los Pingüinos del 2006 consiguieron instalar el debate educativo en el centro de la discusión nacional y a pesar de que los resultados de su movilización estuvieron muy por debajo de sus reivindicaciones, para todo el país quedó claro que el sistema educativo, tal como estaba diseñado desde la municipalización de los 80, estaba en crisis. A pesar de ese significativo logro, la clase política de los “consensos” dio por finalizado el debate educativo con un acuerdo unánime para mantener todo como estaba. La simbólica fotografía que muestra a los parlamentarios de la derecha y a los de la Concertación alzando sus manos con este acuerdo en La Moneda, no pudo ser más elocuente.
Por eso cuando veíamos organizaciones estudiantiles débiles y una clase política conjugada para invisibilizar este debate, pensamos que la educación chilena nuevamente había perdido una oportunidad para realizar las transformaciones profundas que requiere.
Sin darse cuenta, o quizás demasiado consciente de la escasa fuerza que muestran las organizaciones estudiantiles y de profesores, Lavín nos ha vuelto a dar la oportunidad de discutir sobre educación.
Pero parece que el Ministro Lavín nos está dando otra oportunidad. No puedo estar más en desacuerdo con sus iniciativas. Levantar 50 liceos de excelencia para aumentar la discriminación contra la educación pública y crear un mapa SIMCE estigmatizando a los establecimientos con menos recursos, son medidas que buscan terminar de matar a los pocos establecimientos públicos que quedan, traspasándolos a los empresarios de la educación. Ninguna de estas medidas soluciona una fracción de los problemas de nuestro sistema educativo.
Su propuesta para reformar nuestro sistema universitario va en la misma línea. Comparto la necesidad de convocar a una nueva institucionalidad, dado que la actual no se hace cargo del desarrollo inorgánico del aparato privado de educación superior, pero tengo sospechas fundadas sobre la forma final que tendrá esa nueva institucionalidad. El silencio sobre esto y el resto de sus propuestas nos dan las claves que necesitamos para saberlo.
Que todo el financiamiento que reciban los establecimientos de educación superior sea a través de fondos concursables y crear un sistema único de créditos y becas, desnuda la verdadera visión que este gobierno tiene de los fines que deben perseguir nuestras universidades: el lucro.
Efectivamente debemos reformar nuestro sistema de educación superior, pero no para cambiarlo por uno peor. La educación superior no puede quedar a merced de las leyes del mercado. Necesitamos un sistema que, a través de un rol activo del Estado, pueda hacerse cargo de generar una oferta educativa acorde a la cantidad de profesionales que cada área del conocimiento requiere. Para terminar con el espectáculo de una juventud desempleada y frustrada, para aportar al desarrollo y para investigar e innovar hacia el avance del conocimiento y el progreso técnico que exige el país.
Lavín busca finalizar la privatización de nuestro sistema educativo que, iniciada en dictadura y profundizada por los gobiernos de la Concertación, tiene a nuestro país entre los peores rankings mundiales en esta materia. No lo culpo, es fiel a su ideología, le doy las gracias.
La Concertación nunca abrió el debate educativo de esta forma. No permitió que se hablara de la institucionalidad de nuestra educación superior y no consideró la LOCE como un enclave de la dictadura. Es más, frustró las iniciativas de los docentes y acalló con violencia las demandas estudiantiles.
Sin darse cuenta, o quizás demasiado consciente de la escasa fuerza que muestran las organizaciones estudiantiles y de profesores, Lavín nos ha vuelto a dar la oportunidad de discutir sobre educación.
Es tiempo de que los docentes organizados, las organizaciones estudiantiles, y todos quienes estamos por una educación de calidad en nuestro país, impulsemos conjuntamente las propuestas educativas que nuestra sociedad requiere.
Por eso y aunque quizás no me entiendas, te digo, ¡gracias Lavín!
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miércoles, 5 de mayo de 2010
Ley de Aseguramiento de la Calidad de la educación: la extravagancia misma
Como ya se habrán dado cuenta, hoy continuare con la misma linea que ha seguido este blog desde sus inicios, hablar sobre los grandes problemas y caóticas situaciones de nuestra sociedad. Una de ellas, dentro de nuestra realidad chilena, es la Calidad de la Educación.
El día de ayer en el Congreso Nacional, específicamente en la Cámara de Diputados, se vivió una nueva jornada de votación sobre una de las leyes de mi denominado Pack Mercantilista para la educación chilena, hablo directamente de la Ley de Aseguramiento de la Calidad de la Educación, la que mediante la creación de una Superintendencia de Educación y una Agencia de Calidad supuestamente pretende velar porque a todos los estudiantes de Chile reciban una educación de calidad.
Objetivamente nos quedamos solo con el nombre para saber de qué estamos hablando realmente. Las "Superintendencias" son organismos creados dentro de modelos de economía de mercado, para fiscalizar y controlar un mercado específico, en este caso, la Superintendencia de Educación regularía el mercado educacional. ¿como los estudiantes, profesores y actores de la educación que hemos luchado contra la mercantilización de nuestra educación vamos a apoyar la aprobación de una ley tan aberrante? Si estuviéramos de acuerdo estaríamos claramente permitiendo que nuestra educación se mercantilice aun mucho mas y estaríamos a la vez, respaldando a los que quieren ver la Educación Publica destruida o mezclada con lo privado, como ya se hace con los colegios subvencionados particulares.
Lo que ayer se dio en la Cámara de Diputados es un hecho que no deja de llamar la atención, porque como ya estaba anticipado por numerosos sectores políticos, quedó rechazado parte importante del articulado del proyecto de Aseguramiento de la Calidad de la Educación. Lo extraño, es que los que esta vez fueron participes del rechazo al proyecto son los mismos diputados de la Concertación que el año pasado en medio de las movilizaciones estudiantiles intentaron engañarnos (a los estudiantes) para poder aprobar como fuese esta misma ley. Ahora votan en contra y, por consiguiente, a nuestro favor. ¿sera que se están arrepintiendo de sus pecados?
Ante esta duda, el Diputado Carlos Montes declaró que "no es verdad lo que dicen respecto a que es un proyecto de la Presidenta Bachelet, esto cambió mucho en el camino y queremos tener la oportunidad de mejorar este proyecto que tiene insuficiencias importantes".
Por otro lado, tanto ANDIME (Asociación de Trabajadores de MINEDUC), el Colegio de Profesores y los Estudiantes Secundarios, ya han manifestado claramente su disconformidad con esta ley que en vez de ir en la búsqueda de una mejora en la calidad de la educación, antes que todo va por la destrucción de la educación publica y la construcción de una educación privada o subvencionada.
Jaime Gajardo, Presidente del Colegio de Profesores, valoró este resultado ya que otorga el tiempo necesario para realizar las modificaciones correspondientes. "Queremos que las cosas vayan orientadas a fortalecer el Ministerio de Educación, evitar el comercio con la educación y este proyecto va en sentido contrario", afirmó. Ante la pregunta en privado de parte de Esopino sobre el extraño "arrepentimiento" de los diputados concertacionistas, Gajardo evitó el tema y dijo que "solo debemos estar contentos por lo sucedido en el presente".
Ahora, a pesar de este rechazo, la ley pasa en tramite al Senado, donde existe una mayoría de la Concertación, lo que también esperamos es que los Senadores de la Concertación también se estén arrepintiendo de sus antiguos pecados y ahora rechacen completamente esta aberrante ley.
Isaac Gajardo©
Lecturas Recomendadas:
- El Pack Mercantilista para la educación (Esopino)
- La Concertación y la derecha contra la Educación Publica (Esopino)
- El protocolo que pretendía engañar a los Estudiantes Secundarios (Esopino)
- Cámara rechaza proyecto de Ley de Aseguramiento de la Educacion (Radio Universidad de Chile)
El día de ayer en el Congreso Nacional, específicamente en la Cámara de Diputados, se vivió una nueva jornada de votación sobre una de las leyes de mi denominado Pack Mercantilista para la educación chilena, hablo directamente de la Ley de Aseguramiento de la Calidad de la Educación, la que mediante la creación de una Superintendencia de Educación y una Agencia de Calidad supuestamente pretende velar porque a todos los estudiantes de Chile reciban una educación de calidad.
Objetivamente nos quedamos solo con el nombre para saber de qué estamos hablando realmente. Las "Superintendencias" son organismos creados dentro de modelos de economía de mercado, para fiscalizar y controlar un mercado específico, en este caso, la Superintendencia de Educación regularía el mercado educacional. ¿como los estudiantes, profesores y actores de la educación que hemos luchado contra la mercantilización de nuestra educación vamos a apoyar la aprobación de una ley tan aberrante? Si estuviéramos de acuerdo estaríamos claramente permitiendo que nuestra educación se mercantilice aun mucho mas y estaríamos a la vez, respaldando a los que quieren ver la Educación Publica destruida o mezclada con lo privado, como ya se hace con los colegios subvencionados particulares.
Lo que ayer se dio en la Cámara de Diputados es un hecho que no deja de llamar la atención, porque como ya estaba anticipado por numerosos sectores políticos, quedó rechazado parte importante del articulado del proyecto de Aseguramiento de la Calidad de la Educación. Lo extraño, es que los que esta vez fueron participes del rechazo al proyecto son los mismos diputados de la Concertación que el año pasado en medio de las movilizaciones estudiantiles intentaron engañarnos (a los estudiantes) para poder aprobar como fuese esta misma ley. Ahora votan en contra y, por consiguiente, a nuestro favor. ¿sera que se están arrepintiendo de sus pecados?
Ante esta duda, el Diputado Carlos Montes declaró que "no es verdad lo que dicen respecto a que es un proyecto de la Presidenta Bachelet, esto cambió mucho en el camino y queremos tener la oportunidad de mejorar este proyecto que tiene insuficiencias importantes".
Por otro lado, tanto ANDIME (Asociación de Trabajadores de MINEDUC), el Colegio de Profesores y los Estudiantes Secundarios, ya han manifestado claramente su disconformidad con esta ley que en vez de ir en la búsqueda de una mejora en la calidad de la educación, antes que todo va por la destrucción de la educación publica y la construcción de una educación privada o subvencionada.
Jaime Gajardo, Presidente del Colegio de Profesores, valoró este resultado ya que otorga el tiempo necesario para realizar las modificaciones correspondientes. "Queremos que las cosas vayan orientadas a fortalecer el Ministerio de Educación, evitar el comercio con la educación y este proyecto va en sentido contrario", afirmó. Ante la pregunta en privado de parte de Esopino sobre el extraño "arrepentimiento" de los diputados concertacionistas, Gajardo evitó el tema y dijo que "solo debemos estar contentos por lo sucedido en el presente".
Ahora, a pesar de este rechazo, la ley pasa en tramite al Senado, donde existe una mayoría de la Concertación, lo que también esperamos es que los Senadores de la Concertación también se estén arrepintiendo de sus antiguos pecados y ahora rechacen completamente esta aberrante ley.
Isaac Gajardo©
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- Cámara rechaza proyecto de Ley de Aseguramiento de la Educacion (Radio Universidad de Chile)
martes, 20 de abril de 2010
El "Pack Mercantilista" para la educación
Como muchos de los que me leen hace tiempo se habrán dado cuenta, este blog comenzó siendo un espacio de seguimiento de todas las leyes relacionadas con educación que se encontraban en el parlamento, ademas de ser una ventana de análisis de todas las asquerosas propuestas que nos trajo la Concertación. A través de este blog también pudimos comenzar a apreciar la decadencia de la Concertación y su interés pos seguir defendiendo e implantando a la fuerza el sistema de educación de mercado.
Como ya se habrán podido dar cuenta, desde los últimos gobiernos de la Concertación, las cúpulas políticas y económicas del país han emprendido nuevamente la carrera por "reformar" el sistema educativo chileno, intentando hacernos creer que estas reformas traerán mejoras sustanciales en la "calidad de la educación", frase que ellos saben manipular de la manera mas descarada para lograr sus intereses económicos. De esta manera, el gobierno de Bachelet, amparado en acuerdos logrados en todo el espectro político chileno, emprendió la carreta final que con diferentes leyes pretende llegar a la imposición total de un sistema de educación de mercado, así mismo vemos el ejemplo de la Ley General de Educación, modificación que se realiza a la antigua LOCE (creada en la dictadura para comenzar a aplicar la educación de mercado) que ahora fija nuevos parámetros para afianzar el actual sistema educacional. Junto con esta ley que ya fue aprobada, viene el "Pack Mercantilista" que aun no ha sido aprobado y consta de una serie de proyectos de ley, que unidos a una estupenda campaña publicitaria, pretenden mostrarle a la población que lo mejor para tener una buena calidad en la educación es privatizar y seguir fortaleciendo el sistema de Vouchers donde el estado subvenciona a los privados para que estos lucren con la educación.
Lo que hoy nuevamente me llama a escribir sobre este tema es ese "Pack Mercantilista" que viene posterior a la aberrante aprobación de la LGE y que trata de dos leyes de las que ya hablare con mas profundidad en los próximos días: la Ley de Aseguramiento de la Calidad de la Educación y la Ley de Fortalecimiento de la Educación Pública.
Objetivamente, estamos ad portas se observar como se fijan los cimientos de la destrucción de la Educación Pública y en Esopino estaremos pendientes de este tema:
Magisterio contra proyecto que “privatiza” más la educación pública
Aseguran que Agencia de Aseguramiento de la Calidad de la Educación la privatizaría aún más
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