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jueves, 27 de febrero de 2014

El ‘Caracazo’: cuando los pobres de Venezuela dijeron basta

Hoy pareciera que es una moda hablar de Venezuela, sobretodo cuando desde principios del mes de febrero se vienen realizando diversas manifestaciones donde la oposición se ha propuesto como objetivo sacar del poder al presidente democráticamente elegido, Nicolás Maduro.  Pero el mes de febrero para Venezuela está lleno de historia. Y es que en 1989, en este mismo mes, se produjo uno de los levantamientos más importantes de la historia reciente de este país: el Caracazo. En esa oportunidad, se alzaron en las calles de Caracas las clases empobrecidas por los sucesivos gobiernos de los partidos socialdemócratas y de derecha, que aplicaron una serie de políticas neoliberales privatizadoras, ordenadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI). El pueblo cuestionaba que siendo uno de los países más ricos de América Latina, por tener una cantidad impresionante de petróleo, las políticas del gobierno de Carlos Andrés Pérez tendieran a la privatización de las empresas del Estado y la precarización del trabajo.

Las protestas comenzaron un 27 de febrero, con saqueos, barricadas y diversas concentraciones. Los pobres marchaban desde la periferia al centro de Caracas, comenzaban a levantarse, a molestar al poder. Por esto mismo el gobierno decidió reaccionar. Así, el 28 de febrero se produce uno de los hechos más brutales de la historia de esta república caribeña: policías, militares y agentes del gobierno abren fuego contra miles de manifestantes. En el momento, el gobierno reconoce haber ordenado directamente la represión y da cuenta de 300 muertos y más de mil heridos, pero cifras de investigaciones posteriores hablan incluso de más de 3 mil 500 muertos, que empaparon las calles de Caracas de la sangre de los pobres, de los que solo pedían una mejor calidad de vida y justicia social.

En el momento, Estados Unidos y la Organización de Estados Americanos no condenó la acción del gobierno venezolano, sino que criticó la ola de protestas, llamando a los ciudadanos a la calma y a aceptar las imposiciones del FMI. Ninguna organización como Human Rights Watch o Amnistía Internacional criticó tan abiertamente las protestas, pero tampoco condenaron al gobierno. Los medios de comunicación nacionales e internacionales transmitieron las imágenes posteriores a los saqueos y a la matanza, justificando las acciones represivas dictadas por el gobierno. Todo esto generó las condiciones para que el presidente Carlos Andrés Pérez declarara Estado de Emergencia y aplicara toque de queda en las principales ciudades del país, militarizándolas y ordenando detenciones arbitrarias de centenares de dirigentes sociales. Específicamente en Caracas, el gobierno aplicó el denominado “Plan Ávila”, que consistió en que el ejército se hizo cargo del control total de la ciudad, haciendo uso de armamento de guerra para controlar a los manifestantes. La represión se concentró en los barrios pobres de la capital, mientras que los barrios del este, los de los ricos, fueron cercados para que los pobres no pudieran acceder a ellos. El saldo de fallecidos por el terrorismo de Estado aplicado durante esos días fue de al menos 400 personas, todo esto a vista y paciencia de la comunidad internacional, que solo se limitó a rechazar los hechos de violencia y apoyar al gobierno y las políticas del FMI.

Después de esto, la historia de Venezuela cambiaría por completo. En 1992 un grupo de civiles y militares decide intentar un Golpe de Estado contra los herederos de la represión del Caracazo. Liderados por un joven militar seguidor de las ideas de Simón Bolívar, Hugo Chávez, fracasan, pero el pueblo ya comenzaba a canalizar lo que en el Caracazo había sido una explosión popular temporal, organizándose en diferentes grupos políticos que en febrero de 1999 llevarían a la presidencia al mismo personaje que en 1992 había liderado el intento de golpe que pretendía liberar, por una vía antidemocrática, al pueblo venezolano de la opresión de las políticas neoliberales y de los gobiernos socialdemócratas y de ultra derecha. Durante casi una década el pueblo se organizó para socavar el poder de forma democrática y en 1999 llegar al Palacio Miraflores encarnado en el rostro de Hugo Chávez, quien fue el encargado de liderar lo que hoy es la Revolución Bolivariana.

Como todo proceso social, naturalmente que la Revolución Bolivariana ha tenido vicios y conflictos. Como toda democracia, naturalmente que la venezolana necesita de perfeccionamientos y posee ciertos problemas. Pero las clases oligárquicas no se han quedado tranquilas durante estos años. Así, los mismos que ordenaron las masacres del Caracazo en febrero de 1989, en abril de 2002 orquestaron un golpe de Estado que pretendió sacar del poder a Chávez, pero fue el mismo pueblo el que en las calles salió a defender el gobierno que ellos habían elegido y del que ellos eran parte esencial. Ahora, en febrero de 2014, los mismos que en los años del Caracazo ordenaron a los agentes del Estado asesinar a miles de venezolanos, han convocado a una serie de masivas protestas contra el gobierno del sucesor de Hugo Chávez, Nicolás Maduro. La prensa internacional, los organismos de Derechos Humanos, la OEA y el gobierno de Estados Unidos ha criticado duramente al gobierno, cuando el 12 de febrero se produjeron 3 muertes en medio de la violencia desatada en las calles de las principales ciudades del país. Y hay que decirlo, estamos en presencia de un claro intento de desestabilización que tiene como objetivo, lograr un golpe de Estado que termine con la Revolución Bolivariana iniciada en ese estallido social de 1989.

Hoy ese mismo este de la ciudad de Caracas, que durante febrero de 1989 era cercado por los agentes del Estado para que los pobres no pudieran llegar donde viven los ricos, se llena de barricadas, son los ricos los que salen a la calle a protestar contra el gobierno. Muchos lo hacen sin ningún objetivo golpista de fondo, es claro que el gobierno de Maduro ha presentado diversos problemas de organización y el manejo de la crisis alimentaria que vive el país desde hace un par de años ha sido deficiente, por eso muchos se encuentran en las calles. Pero otro porcentaje alto de manifestantes lo hace con un sentido de clase: pretenden volver a recuperar el poder que comenzaron a perder desde el Caracazo de 1989 y del que fueron mayormente despojados desde que Hugo Chávez asumió el poder en 1999, por mandato popular.

Teniendo clara la situación anterior, no puedo dejar de decir que hay quienes, en su ceguera ideológica, pretenden decir que en Venezuela no ocurre nada, que todo esta bien y que lo que en los medios se dice es parte de la propaganda imperialista que pretende generar las condiciones para un golpe de Estado. Si bien es clara la posición de algunos medios, notoriamente a favor de un golpe, no podemos obviar que el gobierno que precedió al de Hugo Chávez ha presentado durante todo este tiempo una serie de errores que hoy se están comenzando a visualizar de manera mucho más clara. La burocracia construida desde el aparato estatal se ha profundizado mucho más, dando espacio para la corrupción y el enriquecimiento de lo que podríamos llamar “la boliburguesía”, esas personas que se han enriquecido gracias a ciertas políticas de la revolución bolivariana. Y decir esto no significa el derrumbe del proceso, sino todo lo contrario.

El comprender los problemas y las crisis por las que atraviesa un proceso político que en su generalidad ha sido positivo para la mayoría de los venezolanos, abre la ventana a la posibilidad de solucionar estos conflictos y seguir avanzando, continuar haciéndole frente a los que nunca se quedarán tranquilos al ver que sus riquezas y que su poder ha sido socavado por las masas populares que en algún momento, por allá por febrero de 1989, se alzaron en las calles de Caracas y dijeron basta.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Mandela, el subversivo

La tarde de este jueves falleció Nelson Mandela, luego de desarrollar su última lucha que lo tuvo durante varios meses internado en un hospital de Sudáfrica. El mundo se conmocionó. Bastaba ver twitter y facebook, en donde gran cantidad de personas, de todas las edades y tendencias políticas, compartían y publicaban fotos del ex líder de la lucha contra la opresión a la población negra en África, de esa opresión que se consolidó a sí misma con la marginación, conocida mundialmente como el régimen del Apartheid. Pero hay una imagen que se vende de esta gran persona, una parecida a la que vemos en los estampados del Che Guevara que se plasman en las poleras que venden grandes transnacionales de la moda. Esa imagen que comercializan los medios de comunicación que se centran principalmente en el pacifismo, en vender la idea de un personaje que siempre abogó por la paz y la reconciliación. Y sí, Mandela luchó por esas causas, pero antes que eso, hizo acciones que la prensa no las dice. Fue un subversivo, se alzó contra la discriminación, contra la opresión, se levantó contra el Apartheid.

Pese a lo que muchos podrán decir, Mandela comenzó su vida política en 1944 afiliándose al Congreso Nacional Africano (African National Congress, ANC), que como partido desarrolló un trabajo conjunto con el Congreso de Sindicatos de Sudáfrica y el Partido Comunista Sudafricano, estableciéndose como objetivo el luchar contra el modelo que oprimía a las mayorías negras en este país. Ascendió rápidamente al cargo de Secretario General de la Liga Juvenil del Congreso Nacional Africano (ANCYL), en 1948, liderando ya en 1952 una de las campañas más conocidas del movimiento contra el Apartheid, llamada “Defiance” (Rebeldía), que promovía la desobediencia civil contra las políticas y leyes que ejercieran algún tipo de discriminación contra la población negra. Bajo esta campaña, el partido ANC pasó a convertirse en la principal fuerza política del país, pasando de 7 mil afiliados a más de 100 mil.  Desde ahí comenzó la persecución a su figura. En 1956, luego de todos esos logros, Nelson será acusado de traición a la Patria y en 1960, tras la denominada Matanza de Sharpeville, que terminó con 69 muertos, más de 200 heridos y alrededor de 18.000 personas detenidas y enviadas a campos de concentración del régimen, el ANC es proscrito y Mandela, como dirigente de este grupo, pasa a la clandestinidad, liderando, como Comandante en Jefe, el movimiento armado “Umkhonto we Sizwe” (“Punta de lanza de la Nación”). Así, después de viajar por Europa y otras partes de África, denunciando la opresión que se vivía en su país y solidarizando con las luchas que se estaban dando en otros países, Mandela es detenido en agosto de 1962, acusado de liderar un grupo subversivo que promovía la desestabilización del régimen que se sostenía en base a la marginación de un grupo mayoritario de la población. El dirigente sudafricano reconocería en el futuro, que no se arrepentía de haber emprendido la lucha armada, reconociendo que para ese momento, era necesaria.

De esta forma, Nelson Mandela pasó más de 27 años en prisión, por llamar a levantarse contra un sistema opresor, por ser un subversivo, un terrorista, que después sería premiado por los mismos países que lo mantuvieron en prisión y resistencia por todo ese tiempo, con el Premio Nobel de la Paz. Incluso, Estados Unidos lo mantendría hasta hace pocos años en la lista de terroristas del mundo. Eduardo Galeano en su libro “Los Hijos de los Días”, escribe unas líneas dedicadas a Mandela. Titulando “Un terrorista menos” el escritor uruguayo dirá: “En el año 2008, el gobierno de los Estados Unidos decidió borrar a Nelson Mandela de la lista de terroristas Peligrosos. Durante sesenta años, el africano más prestigioso del mundo había integrado ese tenebroso catálogo.”

Por todo esto, cuando veo lo que ocurre luego de la muerte del líder sudafricano, me pregunto ¿qué ganan los medios promoviendo una imagen que es correcta, pero que no representa realmente lo que fue la vida de Mandela? Propongo desarrollar un ejercicio que es en sí mismo, recordar a este personaje con el ejemplo: rebelarse contra la visión completamente pacifista que nos entrega la prensa respecto a él, rescatar su ejemplo de lucha, al libertario, al sublevado, al que planteaba que era necesario subvertir el orden opresor, utilizando como principal estrategia el no acatar las normas que imponían la discriminación. Rescatemos al Mandela que se establece como ejemplo de desobediencia civil.

Nelsón pasó 27 años en prisión por alzar la voz y denunciar las injusticias del mundo en el que vivía, cuando en Sudáfrica se imponía un régimen en donde el silencio era obligatorio. Fue apresado, no por pacifista, sino que por soñar con una sociedad diferente, tolerante y democrática. Fue torturado, no por promover la reconciliación, sino que por alentar la rebeldía de los pueblos y solidarizar con todas las luchas libertarias del mundo, fueran socialistas, comunistas o simplemente progresistas. Fue obligado a realizar trabajos forzados, no por llamar a la tranquilidad, sino que por promover la desobediencia civil y participar directamente de acciones contra el Apartheid. Después de eso supo reconocer que los tiempos habían cambiado y cuando la discriminación racial en África comenzaba a convertirse en una cosa del pasado, Mandela no se quedó tranquilo y siguió luchando por un mundo más justo, promoviendo la paz y la reconciliación, pero también validando las acciones de los pueblos que se alzan contra el orden establecido por una minoría que desea mantenerse en el poder a costa del empobrecimiento y discriminación a las mayorías.

Mandela no ha muerto, Mandela sigue vivo en las luchas de los oprimidos y marginados, de todas las personas que siguen peleando en el mundo contra diversos tipos de Apartheid. Aun podremos encontrar a Nelson en los indígenas que resisten a la colonización económica y cultural de la globalización; podremos verlo en los ojos de esas millones de mujeres que luchan por mayor igualdad; en las banderas de los movimientos LGBT, que recorren el mundo con sus consignas por el reconocimiento y valoración de la diversidad; en los rostros de los pobres del mundo, en los sin casa, en los que luchan por una vida digna.

martes, 19 de noviembre de 2013

Los hambrientos piden pan, plomo les da la milicia

Habráse visto insolencia, barbarie y alevosía
de presentar el trabuco y matar a sangre fría
a quien defensa no tiene con las dos manos vacías, si.

Quién no escuchó alguna vez esa hermosa y directa canción de Violeta Parra que todos conocemos como "La Carta", pero que originalmente violeta la llamó "Los hambrientos piden pan". En este clásico tema se nos comentan las injusticias de un país en donde las autoridades optaron por la represión brutal, antes que por escuchar la voz de las y los trabajadores. Eso pasaba en los años '60 y lamentablemente la historia no ha cambiado mucho, pero sin duda vale la pena recordar un hecho que ocurrió un día como hoy, 19 de noviembre, pero en 1962, en la Población José María Caro. Una situación que muchos han olvidado, pero que fue la inspiración para escribir esta tonada de denuncia que realizó Violeta al enterarse de la situación.

Una fotografía de la matanza
Solemos recordar la Matanza de Santa María de Iquique, la del Seguro Obrero o la realizada por el ejercito chileno durante varios años mientras duró la dictadura cívico-militar encabezada por Augusto Pinochet, pero la verdad es que lamentablemente hay muchos más hechos de este tipo, que pocas veces se recuerdan. Podemos ver durante todo el siglo XIX diversas matanzas de obreros, indígenas, campesinos y pobladores, ordenadas por el Estado chileno, que hoy permanecen casi borradas de la memoria del pueblo y que sería muy necesario mantener en el recuerdo como un ejemplo de la lucha que han desarrollado los sectores populares a lo largo del tiempo, para reconocer que esto no parte ni ayer ni hoy, sino que se inició desde mucho antes, siempre han estado presentes a lo largo del tiempo.

Un niño herido en medio de la represión
Y así como hemos visto organización popular, también podemos hablar de la forma en la que el Estado ha canalizado a estos movimientos, ahogándolos y utilizando la represión más cruenta, como en las matanzas de 1903, 1905 o la misma Matanza de la Escuela de Santa María de Iquique en 1907. Pero hay un hecho que ocurrió un día como hoy, un 19 de noviembre de 1962, cuando en medio de un paro convocado por la CUT un grupo de trabajadores y pobladores de la Población José María Caro decidieron cortar la línea del tren, que pasaba en esos tiempos por el lado de su población, ubicada en la actual comuna de Lo Espejo. Había paralizado casi toda la ciudad, pero la empresa de ferrocarriles había llegado a un acuerdo con el gobierno de Jorge Alessandri y los trabajadores se habían comprometido a seguir con sus jornadas laborales. La CUT analizó esa situación y los trabajadores decidieron bloquear, junto a los pobladores, las vías del tren, para detener completamente la producción en la capital.

Ante eso, Alessandri decidió enviar a la fuerza policial a reprimir el hecho, pero los trabajadores resistieron y obligaron a la policía a replegarse. El gobierno respondió con fuerza, no se podía permitir que un grupo de trabajadores paralizara una de las principales rutas del ferrocarril y así, los militares se hicieron presentes y se inició la matanza. Balas contra piedras, fusiles contra esperanzas de justicia, pobladores contra militares. Las cifras oficiales hablan de "al menos 6 fallecidos", aunque se piensa que fueron más, y la prensa describe más de medio centenar de heridos. Asesinaron a niños y niñas, pobladores, trabajadores, a todo aquel que se atrevió a levantarse para exigir mayor justicia laboral. En medio de eso, además, se hicieron detenciones arbitrarias a personajes que habían declarado su apoyo al paro de la CUT, entre ellos al hermano de Violeta Parra. Para denunciar esta situación, desde Francia, Violeta escribiría "Los hambrientos piden pan".


Para finalizar, la invitación es a concebir estos capítulos que han sido borrados de la historia oficial chilena, como herramientas que son útiles para la autoeducación de los sectores populares, para lograr conciencia en la población de cuál es el rol histórico que el Estado chileno y sus agentes han ocupado cuando se trata de responder a las demandas de las mayorías. Debemos entender por qué estos hechos jamás saldrán en el curriculum escolar ni en la PSU. Porque nos ayudan a cuestionar la forma en la que hemos llegado a nuestro presente, uno en donde pocos se atreven a reclamar, donde reina el miedo al momento de enfrentar las injusticias.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Los que juntos impusieron la amnesia, hoy conmemoran el Golpe de Estado por separado



Los discursos conmemorando el 11 de Septiembre de 1973

Este lunes el establishment conmemoró los 40 años del Golpe de Estado que dio inicio a la dictadura cívico-militar encabezada por Pinochet. Durante los últimos días, a través de los medios de comunicación, hemos recibido un bombardeo de información relacionada al tema, por lo que me ha llamado más la atención escribir sobre estas dos conmemoraciones que realiza la Concertación, la Nueva Mayoría y la Alianza, en donde ambas coaliciones pretenden atribuirse el monopolio del recuerdo, luego de haber impuesto, por más de 20 años, una amnesia colectiva. Así, en La Moneda se congregaron los rostros más despreciables de la misma derecha que apoyó el Golpe de Estado y gobernó con los militares, mientras que en el Museo de la Memoria se reunió la misma Concertación, que por más de 20 años propició la impunidad de los militares y civiles que durante la dictadura violaron los Derechos Humanos e impusieron una política del olvido e injusticia, diciendo que todo lo que hacían era “en la medida de lo posible”.

Los 77 de Chacarillas
En La Moneda, podíamos observar con espanto y rabia, cómo los Chacarillas Boys regresaban en gloria y majestad. La ceremonia nos recordaba esa aberrante acción en donde un 9 de julio de 1977, un grupo de 77 jóvenes subió con antorchas al Cerro Chacarillas a celebrar al dictador, en uno de los actos más fascistas que ha conocido la historia reciente de nuestro país. Así mismo vuelven el 2013 a La Moneda, ahora sin antorchas, pero con sus sonrisas llenas de crueldad, llegando incluso a decir que estaban conmemorando una etapa negativa para el país, pero sus expresiones nos decían otra cosa: celebraban. Estaban alegres, porque desde el mismo lugar que fue bombardeado ese 11 de Septiembre de 1973, ellos hablaban hoy de reconciliación y olvido. Se configuraban entonces, como el ejemplo vivo de cómo el pueblo chileno ha olvidado todas las aberraciones cometidas por la dictadura. Personajes como Cristián Larroulet, Jovino Novoa, Juan Antonio Coloma o Andrés Chadwick llenaban el palco desde donde el presidente entregaba su discurso haciendo alusión, con una palabrería mucho más diplomática, al ‘caos marxista’ que provocó la ‘intervención militar’ y justificando finalmente, desde el mismo edificio en donde el Presidente Allende dio su vida defendiendo un proyecto que buscaba un país más justo, la acción criminal emprendida por los militares para derrocar al gobierno democrático de la Unidad Popular. El perdón falso de los que en público dicen no justificar los crímenes de la dictadura, pero que en el interior siguen siendo los más Pinochetistas, entregaba una visión de completo olvido que existe en torno lo ocurrido en esa época.

La transición al olvido y a una falsa reconciliación
Pero los Chacarillas Boys llegaron a La Moneda por el trabajo que realizaron por más de 20 años los gobiernos de la Concertación, que pactaron con el dictador y sus secuaces, vendiendo olvido e impunidad, bajo un discurso de falsa reconciliación. Impusieron el miedo a hablar del pasado, impusieron una amnesia obligatoria, que se puede ver desde los planes de estudio que se producían para los colegios, hasta los discursos y las prácticas políticas que se dieron cuando la justicia pretendió hacer su trabajo: buscar la verdad de lo ocurrido y castigar a los culpables. Los gobiernos de Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet crearon un ambiente que en muchos momentos recordó a los caídos, pero que al mismo tiempo, donde se recordaba escuetamente lo ocurrido, se protegía a los violadores de los Derechos Humanos, a quienes detuvieron, torturaron, asesinaron e hicieron desaparecer a miles de chilenos. Se buscaba verdad, en momentos, “en la medida de lo posible”. Se buscaba justicia de igual forma, todo en la medida de lo posible. Así podemos recordar cuando el dictador es detenido en Londres y el gobierno de Ricardo Lagos articula una estrategia política que terminó defendiendo a Pinochet. Ese es el vivo ejemplo de la reconciliación, dirían muchos concertacionistas. Para los que estudiamos e indagamos en la memoria, ese es el vivo ejemplo de la amnesia impuesta por esos gobiernos, que validó la impunidad y los pactos de silencio que aun existen en el ejército.

No eran tan diferentes cuando defendían la educación como un negocio
Así, ambos grupos que este lunes se reunían en lugares diferentes, pretendiendo demostrarle a los chilenos y chilenas que entre ellos existen grandes diferencias respecto de la comprensión y el trato a los hechos ocurridos en la dictadura, terminan conviviendo en paz, pues ambos han propiciado la política del olvido para seguir validando lo que nos ha quedado de la dictadura: una constitución, una institucionalidad, un sistema político, social y económico que fue impuesto a punta de torturas y crímenes aberrantes que no fueron castigados. Y así como las violaciones a los Derechos Humanos no fueron debidamente sancionadas producto de la pactada política de la amnesia, tampoco ha sido sancionada la herencia de la dictadura, la que ambos grupos defienden el día de hoy, desde trincheras que parecieran diferentes, pero que al final son más parecidas cuando se trata de defender al modelo impuesto en dictadura.

martes, 6 de agosto de 2013

El día en que Estados Unidos desató el infierno en la tierra

Un día como hoy, en 1945, no fueron los árabes, ni los norcoreanos, ni ninguno de los "enemigos del mundo" los que trajeron el terror al planeta tierra. Fueron los mismos que hoy y ayer han decidido quienes son esos enemigos: Estados Unidos. El 6 de agosto de 1945 el pueblo elegido por Dios para imponer la "libertad" al mundo, trajo un pedazo del infierno a la realidad, lanzando una bomba atómica en la ciudad japonesa de Hiroshima, para tres días después, hacer lo mismo con Nagasaki. Así, Harry Truman, presidente de los Estados Unidos encargado de ordenar el genocidio, para muchos ciudadanos estadounidenses se convirtió hasta hoy en un salvador y validó doctrinas que seguirán siendo parte de la política externa e interna norteamericana hasta nuestros días: al enemigo no sólo hay que reducirlo, sino que hay que exterminarlo completamente; la población civil también puede ser blanco de ataques en el proceso de eliminar al enemigo; el proteger a Estados Unidos y sus intereses justifica cualquier acción.

Se estima que murieron alrededor de 250 mil personas, al rededor de la mitad de ellas en el momento exacto de los bombardeos, mientras que la otra mitad siguió muriendo en medio del infierno desatado por las radiaciones y las temperaturas de hasta 4 mil grados centígrados, además de todas las enfermedades y secuelas físicas y psicológicas que trajo para muchos este acto de exterminio. El escritor uruguayo Eduardo Galeano, en su texto "Los Hijos de los Días" (Siglo XXI editores, Buenos Aires, Argentina, 2012) describe este día como "La Bomba de Dios", diciendo que:
"En 1945, mientras este día nacía, murió Hiroshima. En el estreno mundial de la bomba atómica, la ciudad y su gente se hicieron carbón en un instante.
Los pocos sobrevivientes deambulaban, mutilados, sonámbulos, entre las ruinas humeantes. Iban desnudos, y en sus cuerpos las quemaduras habían estampado las ropas que vestían cuando la explosión. En los restos de las paredes, el fogonazo de la bomba atómica había dejado impresas las sombras de lo que hubo: una mujer con los brazos alzados, un hombre, un caballo atado...
Tres días después, el presidente Harry Truman habló por radio. Dijo:
- Agradecemos a Dios que haya puesto la bomba en nuestras manos, y no en manos de nuestros enemigos; y le rogamos que nos guíe en su uso de acuerdo con sus caminos y sus propósitos..."
Así, podemos ver cómo Estados Unidos modela su conducta histórica desde una acción aberrante, como lo es el lanzamiento de la bomba atómica, y se cuadra como el único país que ha utilizado un artefacto de este tipo contra civiles en la historia de la humanidad, lo que llama mucho la atención cuando vemos cómo los sucesivos presidentes de este país han denunciado los planes nucleares de otras potencias y las han llamado al desarme. No podemos ver entonces este hecho como algo aislado en la historia, sino que debemos comprenderlo como una parte importante que definirá las estrategias y promoverá la impunidad ante este tipo de acciones. Ejemplo de ello es la actual política de "drones" de Estados Unidos, en donde aviones no tripulados asesinan, con ningún juicio ni proceso judicial de por medio, a supuestos "terroristas". Así se ha asesinado en el último tiempo a decenas de familias que poco tienen que ver con el terrorismo y se constituyen en las nuevas víctimas de un pensamiento que sigue muy presente en la política estadounidense.

Finalmente, luego del lanzamiento de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki y el fin de la Segunda Guerra Mundial, las contradicciones se agudizarían con la con la Guerra Fría, dando paso a un mundo que se movía desde el miedo y que con la caída de la Unión Soviética sólo cambió de enemigo, pero sigue funcionando desde el miedo. Años después de La Bomba de Dios, un gran director de cine, catalogado por el Pentágono como un peligro por criticar el sistema, Stanley Kubrick, nos mostraría en medio de una comedia de humor negro llamada "Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb" -conocida también en Español como "¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú"-, una fuerte critica a los miedos que se impusieron luego de las bombas atómicas. Así veríamos por primera vez en esta película, la imagen en video, pública y masivamente difundida, de ese desastroso día en que Estados Unidos desató el infierno en la tierra.

martes, 25 de junio de 2013

¿Desalojos? ¿Baño de Sangre? ¿Fiesta democrática?



Para nadie es un secreto que el movimiento estudiantil ha vuelto a entrar en otra fase de radicalización producto de las nulas respuestas que se han recibido por parte del gobierno a sus demandas. Tanto es así, que el mismo gobierno se ha visto en la obligación, ayer lunes 24 de junio, de reconocer que más de cien establecimientos educacionales se encuentran en toma, cifra que se negaron a reconocer por muchos días y que al parecer, estaría disminuida de acuerdo a los catastros que manejan los mismos estudiantes. El problema que ha llevado a reconocer esta movilización por muchos días invisibilizada desde el poder y los grandes medios de comunicación, es la realización de las “primarias presidenciales”, que tendrán lugar este domingo y en donde muchos de los colegios (la mitad según el gobierno) que se encuentran en toma forman parte de los locales de votación en donde se debiera desarrollar el proceso. Más allá de cuestionar el proceso por lo trucho que me parece, quiero apuntar a un análisis que va más allá y que tiene que ver con la seguidilla de declaraciones desinformadas, ignorantes e indignantes que se han hecho respecto a la “necesidad” de desalojar los establecimientos en toma para poder dar lugar a “la fiesta de la democracia”.

“Yo no quisiera ver un baño de sangre si es que la fuerza militar cumple la ley”, dijo el domingo la mesías candidata de la vieja Nueva Mayoría en pleno debate, argumentando que no estaba de acuerdo con los desalojos y pidiendo a los estudiantes desocupar los establecimientos para dar paso a su fiesta. Más allá de su desacuerdo, tenemos que reconocer que las declaraciones son más que desafortunadas, son una brutalidad. Es grave que a una candidata que supustamente va a pelear una elecciones de un país supuestamente democrático, se le pase por la mente que si los secundarios no desalojan los colegios habría un “baño de sangre”, porque los militares se verían casi obligados a “cumplir la ley” y sacar por la fuerza a los estudiantes de sus establecimientos. Hay gente, interpretes de las palabras de su mesías, que han intentado decir que su intención fue negarse a eso, pero el problema no radica ahí, sino que en que a una candidata se le pase por la cabeza la posibilidad misma de un nuevo “baño de sangre”, más cuando este año comenzamos a recordar 40 años del golpe de estado que puso a los militares y a un grupo de civiles a gobernar este país a punta de represión, asesinatos y torturas. Sin duda que estas declaraciones apocalípticas hablan de una clase política que sigue aferrada a la estabilidad que les da el miedo histórico que siente la ciudadanía, respecto a una posible nueva intervención violenta de los militares.

Y voy más allá. Siguiendo el juego político, me pregunto: Si esto lo hubiese dicho Longueira o Allamand, ¿qué habríamos hecho? Creo que ya los estaríamos quemando en la hoguera. Pero en fin, mi intención va más allá. Porque además de plantear que las declaraciones de la presidenciable demuestran un profundo temor a las nuevas vías de expresión que la ciudadanía y los estudiantes han tenido que darse bajo la nula capacidad de la elite de responder a sus demandas, también hablan de una ignorancia respecto del proceso electoral mismo, que se ha contagiado a todos los rincones de la opinión pública. Fueron criticadas las declaraciones de la vocera de gobierno, cuando dijo que el Servel podría ordenar el ingreso de los militares a los establecimientos. Pues bien, la claridad que tenemos ahora es que es el gobierno y la Fuerza Pública, es decir, Carabineros, los que deben tener a disposición del Servel los establecimientos escogidos como centros de votación, para luego, al parecer, ser entregados a las Fuerzas Armadas. Creo, si no me equivoco, que se ha comprendido mal el concepto de Fuerza Pública, ya que se cree que los mismos militares desalojarían un establecimiento, cuando, espero, se tiene claridad de que Fuerza Pública y Fuerzas Armadas son conceptos legalmente diferentes. Incluso, su dependencia de mando es distinta, ya que la Fuerza Pública depende del Ministerio del Interior y Seguridad Pública y las Fuerzas Armadas dependen del Ministerio de Defensa. Así, estamos viviendo una reconfiguración de un miedo que a los únicos que les conviene es a los que quieren celebrar su fiesta democrática sacando a los estudiantes de sus tomas y en medio del terror de una posible intervención militar ¿Qué democracia es esa en donde a días de una elección estamos discutiendo un posible “baño de sangre”?

Aclarado esto, me autopermito decir que los estudiantes son los que se han ganado la legitimidad de decidir sobre ellos mismos y sus espacios de construcción. Su movimiento, que viene desde hace muchos años, no se ha detenido nunca y tampoco lo hará producto de una elección. Porque existe la conciencia de que la democracia que nos han hecho creer que existe en este país, pareciera no ser tan democrática cuando inhibe cualquier intención de participación que no sea asistir, cada cierta cantidad de tiempo, a unas urnas y votar por candidatos que fueron elegidos al interior de las cúpulas partidistas que, pareciera, ya tienen bien repartida la torta. Los estudiantes con sus tomas rompen con eso, ya que al interior de sus ocupados espacios se abren a lógicas de participación que un mundo jerarquizado no comprende, raciocinios verdaderamente democráticos en donde todos son iguales y la organización y el interés colectivo es el que prima. Las tomas son un espacio de libertad en sí mismas, son pequeños microcosmos de utopías juveniles, y ahí no solo se aplica la “democracia del voto” sino que se aplica la clave democrática a todos los aspectos de la convivencia.

Esos estudiantes en plena libertad, hoy se configuran como un peligro para una democracia binominal que está protegida por una institucionalidad rígida, que no permite tener procesos en donde los ciudadanos y ciudadanas realmente influyan en la toma de decisiones. Eso se consagra completamente con la Constitución de la dictadura cívico-militar encabezada por Pinochet, esa dictadura que hoy, por el interés de algunos de materializar su falsa fiesta democrática, vuelve a relucir más que nunca en las mentes de muchos chilenos, que con miedo han creído en las amenazas y se preparan para retroceder. Pero como dijo la gran Violeta Parra “Que vivan los estudiantes jardín de las alegrías, son aves que no se asustan de animal ni policía. Y no le asustan las balas ni el ladrar de la jauría” que quiere celebrar su fiesta (agrego).

viernes, 17 de mayo de 2013

Más allá de Lemebel, que Escalona no sea el chivo expíatorio de una Concertación podrida

Desde hace unas semanas atrás, cuando la concertación se pasara por el culo sus propios compromisos de realizar primarias para definir a sus candidatos a las elecciones parlamentarias de noviembre, ha existido una verdadera cacería de brujas, en donde la "ciudadanía inquisidora concertacionista" pretende llevar a la guillotina política a quienes sean culpables de que el acuerdo de las primarias no se haya producido. Algunos dicen que la Democracia Cristiana y sus ansias de poder tuvieron mucho que ver, otros que el Partido Radical no cedió en varias circunscripciones en donde se necesitaba que cedieran, incluso, últimamente los dardos se han centrado en la participación de Camilo Escalona como el culpable de todos los males de la Concertación y quizás de la humanidad entera. Ante eso, pareciera que Camilo Escalona se estaría convirtiendo en el chivo expiatorio de la desconcertación, que ya no sabe a quien poner al frente de las crítica para que no se afecte a la blindada mesías que llegó hace unos meses desde New York, aunque algunos aun no se den cuenta de su llegada poque con el blindaje comunicacional, pareciera que aun sigue en ese silencio que la caracterizó desde que se fue del país.

Si bien, Escalona no debiera ser el chivo expíatorio de los pecados que han cometido muchos más, vemos en su figura la representación de lo que son muchos polítiqueros hoy en día, de lo que es la dirigencia de la Concertación en general, esa en que sus militantes aun confían, después de más de 20 años, que sus acomodados dirigentes algún día cambiarán y nuevamente volverán a sus orígenes. Pero para conocer más sobre una figura que representa la cochinada de la Concertación, acá el relato de Perdro Lemebel, sobre Camilo Escalona:

Si hago el esfuerzo de recordar al Camilo de entonces, tengo que mirar la población en retrospectiva, cuando las familias atorrantes llegaron a ese barrio nuevecito, recién pintado, con plaza, escuela y mercado por allá en el año sesenta. Tengo que ver los camiones y las risas de los cabros chicos descargando sus camas Cic y sus comedores Normandos, y todo el traperío chillón de los pobres que trasladaban del Cerro Blanco o Cerrillos para habitar las casas y bloques, que los panaderos y molineros habían logrado levantar en la Gran Avenida a puro ahorro y esfuerzo.

Si lo pienso pendejo de apenas nueve o trece años, no puedo dejar de ver el acuario de sus ojos, que era lo único verde que chispeaba en el descolorido paisaje de la zona sur, en esos bloques de tres pisos que para nosotros eran tan altos, cuando jugábamos a ser trapecistas descolgándonos por sus barandas y fierros, a los gritos aterrados de alguna mamá tapándose los ojos para no ver el equilibrio suicida de los niños en el vacío de los bloques. Los edificios de la pobla, esas cajas de cemento para almacenar familias de mapuches panaderos  ue eran nuestros vecinos, nuestros compañeros de juegos esas largas tardes del verano proleta. Esos calurosos e interminables eneros, cuando el ocio infantil, sin televisión, nos hacía imaginar el mundo como una aventura, como una historieta de revista, de esas revistas de monitos que cambiábamos por un peso todos los días para creernos Mizomba, Turok, Roy Rogers, o Mawa, la Reina de la Jungla, en mi caso.

Entonces soñábamos tantos mundos, Camilo, y las leyendas de esos comics se hacían reales en el verano haragán de esos niños tirilludos, entretenidos en tirar piedras, cazar lagartijas o robar frutas en esas casas quintas de la Gran Avenida. Recuerdo difusamente esos inocentes delitos, veo entre los carbones oblicuos de los ojos mapuches, tus pupilas de agua marina que te coronaban líder, y eras el primero en trepar la muralla sin temor a los perros y cuidadores. Eras el más ágil, el único que alcanzaba los damascos maduros, tan arriba esos soles niños que mordía tu boca jugosa. Nunca tuviste vértigo por la altura, quizás por eso fuiste el único que vio venir el futuro nublado, a diferencia de toda esa camada de huachos que después crecieron pateando tarros y neumáticos en el fragor de las barricadas. Fuiste el único que apretó cueva al exilio después del golpe, debe ser porque los rubios siempre apretan cachete cuando arde la selva del indiaje. Y ahora que lo pienso, ahora que te veo en la tele con tu terno tan parlamentario, caigo en cuenta que, tal vez, nunca fuiste de los nuestros, ni siquiera con el puño en alto atragantándote con esas frases rojas que les discurseabas a los estudiantes para que te eligieran presidente de la FESES, en el liceo Barros Borgoño donde también yo estudiaba. Nunca te creí del todo, Camilo, y tú nunca me viste. ¿Cómo me ibas a ver desde las alturas del Marxismo Leninista? ¿Cómo ibas a mirar al mariquilla de la pobla, un colijunto temeroso que no se atrevíaa realizar las hazañas de los niños machos. Un niño raro que te veía boquiabierto chuteando la pelota en la polvareda de la plaza, que se moría portocar el pelaje dorado de tus muslos enrojecidos por el día de playa. Un solo día al año en que madrugaba la población por el paseo de la Junta de Vecinos. Entonces, los niños no dormían soñando con esa primera vez que verían el mar. Y sumaban y sumaban mares de revistas hasta el infinito. Pero igual les faltaban pozas paracompletar el horizonte marino. Y cuando llegaban al mar de Cartagena, frente a la inmensidad de ese cielo aguado, se quedaban cortos, mudos, acezantes anteese abismo salado y azul. Y sólo entonces, se decidían a crecer, para podermirar un día frente a frente al dios de las aguas.

Pero ninguno creció como tú Camilo, ninguno recorrió el mundo ni vio de cerca los paisajes de las revistas. Ninguno se fue de la población a otros barrios más pudientes. Ninguno fue a la universidad, ni menos llegó a presidente del partido socialista. A ninguno le bastó esa mancha azul, ese relámpago de mar para izar con triunfo su futuro. Y a todos esos niños del cuento, se los fue tragando lentamente el pantanoso destino proletario. Alguno murió en dictadura, otros en peleas de borrachos, y el resto se pudrió de cesantía, alcohol, drogas o delincuencia en alguna celdade la cárcel. Al último lo encontraron colgado de una baranda en los bloques,como si volviera a ser niño jugando al trapecio para huir de la depresión angustiosa llamada pasta base. Como ves, en la población está todo casi igual, a no ser por todos los que faltan, los que se fueron esperando el día triunfal de tu regreso. Todos tenían algo que pedirle al parlamentario orgullo de la población. Todos deseaban al menos sacarse una foto contigo, para mostrarla asus nietos y decirles que un día, ya esfumado por el alzheimer, corretearon con un famoso por los potreros de San Miguel, cuando todos los sueños infantiles cabían en unos ligeros zapatos rotos.
Pero más allá de este relato de Lemebel, encontramos a Escalona, este hombre que llega a ser dirigente estudiantil y desde ahí salta a la fama como dirigente del Partido Socialista luego de su exilio durante la dictadura, termina representando la realidad de muchos de los que están en la Concertación, que como dice el cantautor Mauricio Redolés, se fueron hacer postgrados en socialismo y llegaron a Chile a fines de los 80' o durante los 90', bajo el lema de "la alegría", a cargo de la defensa de las grandes transnacionales que la dictadura instaló en el poder. Pero ¿Escalona es el culpable de todo? Sólo esa pregunta dejo luego de esta reflexión. Personalmente creo que no, que este hombre de los "ojos de acuario", como dice Lemebel, es la mera representación de lo que es hoy la Concertación. Y permítanme decirle, a los que creen en la mesías, que ella no se vende por separado de estos señores y señoras que se acostumbraron a traicionar sus propios ideales a cambio de la estabilidad del modelo neoliberal y del dinero que las grandes empresas nacionales y transnacionales aportan a sus campañas.

miércoles, 20 de febrero de 2013

[Empleado del Mes] Juan Emilio Cheyre: De la Caravana de la Muerte al Servel



Juan Emilio Cheyre

Hace bastante tiempo que quería volver a escribir para este cuchitril, pero no pensaba que volvería con una de las secciones estrella de los buenos tiempos de este blog. Hablo del “Empleado del Mes” (léase con voz de fanfarria). Aunque pensándolo un poco, si quitamos la fanfarria, esta sección ha tenido solo una exponente, pero era “de aquellas”. Nada menos que Ximena Ossandón y su utopía de la mujer trabajadora y “abnegada” al más puro estilo delmedioevo. Ahora reeditamos esta versión del empleado del mes y les presentamos un caso un poco más preocupante: el de Juan Emilio Cheyre, el cómplice de la dictadura, parte de la Caravana de la Muerte, que fue fielmente premiado por la Concertación (Lagos y Bachelet) y que después de toda esa oscura historia, llega, con la venia de todas las “instituciones democráticas”, con acuerdo unánime en el parlamento y con felicitaciones del ejecutivo, a la dirigencia del Servicio Electoral (Servel). ¿Contradictorio? Sí. Siempre es contradictorio ver cómo los que asesinaron, torturaron, defendieron la tiranía de Pinochet, hoy entregan clases de tolerancia y democracia a las nuevas generaciones.

Este lunes asumió como presidente delConsejo Directivo del nuevo Servel el que ya ostenta nuestro premio delempleado del mes y con tan pocos días, su pasado ya lo condena: es, para muchos que conocemos su pasado, el rostro del olvido, de esa alegría engañosa que trajo la Concertación al asumir el mando del legado de Pinochet. La alegría que significaba olvido, que disfrazó a los torturadores y asesinos, de demócratas y académicos. Dentro de esos personajes que fueron premiados por la alegría concertacionista se encuentra Juan Emilio Cheyre, que en su nuevo cargo se encargará, junto con su Consejo Directivo, de “hacer funcionar” la democracia chilena, cumpliendo labores como “designar a los miembros de las juntas electorales, velar por el cumplimiento de las normas aplicables por la entidad y aprobar, designar y supervisar al nuevo director y subdirector del Servel”. Así, su rol es fundamental dentro del proceso de nuestra democracia protegida.

Lo llamativo es que a Cheyre su pasado lo condena, por lo mismo, vamos al pasado para ver qué es lo que hace que su nombramiento en uno de los organismos que hace funcionar el sistema electoral, sea una contradicción grave que demuestra las falencias del modelo y nos hace recordar el pasado no superado, lleno de injusticias y omisiones por parte de las autoridades de la alegría.

               - Documentos y declaraciones de los mismos acusados de Violaciones a los Derechos Humanos, sindican la participación de Cheyre en varios actos de desaparición de cuerpos en 1978, además de acciones en medio de la conocida cruzada exterminadora realizada en esos años por la dictadura, más conocida como la Caravana de la Muerte. Acá, varios relatos mencionan al ahora presidente del Servel, como uno de los que “coordinó estas operaciones”, en conjunto con el subdirector de la CNI, Fernando Arancibia Reyes, hermano de un reconocido ex almirante y rostro de laUDI: Jorge Arancibia. También está citado como "inculpado" en la muerte de dos menores de 8 y 9 años en 1973, en Coquimbo; de ser el que daba los “tiros de gracia” a los fusilados que quedaban vivos y de ser el número dos del regimiento de Arica, en donde se cometieron variados asesinatos y torturas. ¿Será que todos los que lo mencionan en sus declaraciones juradas están locos e inventaron la participación de Cheyre en esos hechos? ¿o será que él, junto a toda la influencia política y judicial de la Concertación y la Alianza unidas, se han encargado de blanquear su imagen a lo largo del tiempo? Pero eso no es todo, hay más cosas que demuestran su trabajo constante administrando la dictadura.
                - En 1981, Cheyre fue enviado a Sudáfrica a proseguir estudios. Sudáfrica vivía el apartheid y la brutal represión a la población negra. Las relaciones con Chile eran óptimas y la nación africana facilitaba a oficiales chilenos y agentes de servicios represivos, preparación y cobertura para actividades secretas. No pocos agentes de la DINA y CNI se "especializaron" allá.
                 - En 1985, Cheyre se negó a entregarle a un juez la lista de oficiales asignados a la CNI. El juez investigaba el asesinato de Paulina Aguirre Tobar (MIR), lo que queda consignado en documentos emanados por el mismo poder judicial, que aun estando intervenido en esa época por la dictadura, nos deja vestigios de las jugadas del ex Comandante en Jefe del ejercito entre el 2002 y 2006.
                - Fue designado por Pinochet, en 1987, como Intendente de Atacama, cargo de confianza del dictador. También estuvo al mando de unidades militares como los regimientos de Rancagua y Copiapó. Siendo Intendente, se lo menciona como encubridor de torturas, al menos en 1988. Y en plena época de propaganda para el plebiscito, Cheyre diría: "El triunfo del SI debiera ser una constante en todos los sectores. (...) Una victoria del NO es una hipótesis no factible. Los chilenos no somos locos".

Pero la alegría llegó y en la década del 90 fue nombrado como agregado militar en España (donde se desarrollaba al proceso judicial contra Pinochet) y en diciembre de 2000 pasó al Estado Mayor. Como delegado de Ricardo Izurieta, Comandante en Jefe del Ejército en ese tiempo, permaneció en Londres durante el juicio a Pinochet, asumiendo "el control de permanente monitoreo de la salud de Pinochet". Luego, el mismo Cheyre, es nombrado por Ricardo Lagos Escobar como Comandante en Jefe del Ejercito, entre los periodos 2002 a 2006. Así, lo podemos ver -en la foto- cercado por la ex presidenta Michelle Bachelet, Ricardo Lagos (presidente de ese momento) y sí, José Miguel Insulza, "El Panzer", actual presidente de la Organización de Estados Américanos (OEA) ¿No suena contradictorio? El interés de la Concertación por blanquear la imagen del militar, llegaría incluso a que la muda Bachelet, el 2002, entregara públicamente su apoyo al Comandante en Jefe:

"Lo primero que quiero señalar, y ya lo he hecho, y no voy a hacer más comentarios, es que nosotros respaldamos en todo momento al comandante en jefe del Ejército", dijo la ministra Bachelet.


Finalmente, si bien es cierto que Cheyre carga con un curruculum que a simple vista sería hermoso y perfecto, también oculta un pasado que no se puede blanquear, ya que por más que algunos lo quieran ocultar, claramente participó de la dictadura cívico-militar que masacró a miles de chilenos y chilenas entre 1973 y 1990 y que luego, con la alegría que llegó, solo vino el olvido y la injusticia, que aun siguen sintiendo todas las víctimas y sus familiares. No nos podríamos imaginar siquiera, lo que sienten los miles de torturados, familiares de detenidos desaparecidos y víctimas de la dictadura, al ver cómo los mismos que participaron del régimen liderado por Pinochet, hoy administran su legado, blanqueados, disfrazados de demócratas, incluso dando clases de cómo se debe hacer política en esta “democracia”.

Mas antecedentes del prontuario de Cheyre y del blanqueamiento de imagen que realizó la alegría, los puede revisar pinchando aquí.