Pese a lo que muchos podrán decir, Mandela comenzó su vida
política en 1944 afiliándose al Congreso Nacional Africano (African National
Congress, ANC), que como partido desarrolló un trabajo conjunto con el Congreso
de Sindicatos de Sudáfrica y el Partido Comunista Sudafricano, estableciéndose como
objetivo el luchar contra el modelo que oprimía a las mayorías negras en este
país. Ascendió rápidamente al cargo de Secretario General de la Liga Juvenil
del Congreso Nacional Africano (ANCYL), en 1948, liderando ya en 1952 una de
las campañas más conocidas del movimiento contra el Apartheid, llamada “Defiance”
(Rebeldía), que promovía la desobediencia civil contra las políticas y leyes
que ejercieran algún tipo de discriminación contra la población negra. Bajo esta campaña, el partido ANC pasó a
convertirse en la principal fuerza política del país, pasando de 7 mil
afiliados a más de 100 mil. Desde ahí comenzó la persecución a su figura. En 1956, luego de todos esos logros, Nelson será
acusado de traición a la Patria y en 1960, tras la denominada Matanza de
Sharpeville, que terminó con 69 muertos, más de 200 heridos y alrededor de
18.000 personas detenidas y enviadas a campos de concentración del régimen, el
ANC es proscrito y Mandela, como dirigente de este grupo, pasa a la clandestinidad,
liderando, como Comandante en Jefe, el movimiento armado “Umkhonto we Sizwe” (“Punta
de lanza de la Nación”). Así, después de viajar por Europa y otras partes de
África, denunciando la opresión que se vivía en su país y solidarizando con las
luchas que se estaban dando en otros países, Mandela es detenido en agosto de
1962, acusado de liderar un grupo subversivo que promovía la desestabilización
del régimen que se sostenía en base a la marginación de un grupo mayoritario de
la población. El dirigente sudafricano reconocería en el futuro, que no se arrepentía de haber emprendido la lucha armada, reconociendo que para ese momento, era necesaria.
De esta forma, Nelson Mandela pasó más de 27 años en
prisión, por llamar a levantarse contra un sistema opresor, por ser un subversivo,
un terrorista, que después sería premiado por los mismos países que lo
mantuvieron en prisión y resistencia por todo ese tiempo, con el Premio Nobel
de la Paz. Incluso, Estados Unidos lo mantendría hasta hace pocos años en la
lista de terroristas del mundo. Eduardo Galeano en su libro “Los Hijos de los
Días”, escribe unas líneas dedicadas a Mandela. Titulando “Un terrorista menos”
el escritor uruguayo dirá: “En el año 2008, el gobierno de los Estados Unidos
decidió borrar a Nelson Mandela de la lista de terroristas Peligrosos. Durante
sesenta años, el africano más prestigioso del mundo había integrado ese
tenebroso catálogo.”
Por todo esto, cuando veo lo que ocurre luego de la muerte
del líder sudafricano, me pregunto ¿qué ganan los medios promoviendo una imagen
que es correcta, pero que no representa realmente lo que fue la vida
de Mandela? Propongo desarrollar un ejercicio que es en sí mismo, recordar a
este personaje con el ejemplo: rebelarse contra la visión completamente pacifista
que nos entrega la prensa respecto a él, rescatar su ejemplo de lucha, al
libertario, al sublevado, al que planteaba que era necesario subvertir el orden opresor, utilizando como principal estrategia el no acatar las normas que imponían la discriminación.
Rescatemos al Mandela que se establece como ejemplo de desobediencia civil.
Nelsón pasó 27 años en prisión por alzar la voz y denunciar
las injusticias del mundo en el que vivía, cuando en Sudáfrica se imponía un
régimen en donde el silencio era obligatorio. Fue apresado, no por pacifista,
sino que por soñar con una sociedad diferente, tolerante y democrática. Fue torturado,
no por promover la reconciliación, sino que por alentar la rebeldía de los pueblos y solidarizar con todas
las luchas libertarias del mundo, fueran socialistas, comunistas o simplemente
progresistas. Fue obligado a realizar trabajos forzados, no por llamar a la
tranquilidad, sino que por promover la desobediencia civil y participar
directamente de acciones contra el Apartheid. Después de eso supo reconocer que
los tiempos habían cambiado y cuando la discriminación racial en África
comenzaba a convertirse en una cosa del pasado, Mandela no se quedó tranquilo y
siguió luchando por un mundo más justo, promoviendo la paz y la reconciliación, pero también
validando las acciones de los pueblos que se alzan contra el orden establecido
por una minoría que desea mantenerse en el poder a costa del empobrecimiento y
discriminación a las mayorías.
Mandela no ha muerto, Mandela sigue vivo en las luchas de
los oprimidos y marginados, de todas las personas que siguen peleando en el
mundo contra diversos tipos de Apartheid. Aun podremos encontrar a Nelson en
los indígenas que resisten a la colonización económica y cultural de la globalización;
podremos verlo en los ojos de esas millones de mujeres que luchan por mayor
igualdad; en las banderas de los movimientos LGBT, que recorren el mundo con
sus consignas por el reconocimiento y valoración de la diversidad; en los
rostros de los pobres del mundo, en los sin casa, en los que luchan por una
vida digna.


totalmente EQUIVOCADO.... solo fue un asesino más.....
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