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lunes, 4 de septiembre de 2017

Con qué fin... A 12 años de la desaparición de José Huenante

José Huenante Huenante es un joven que nació el 1 de noviembre de 1988 en la ciudad de Puerto Montt, en sur de Chile. Ahí se crió en un clima de pobreza y escasez, que forzó a su madre a salir de la ciudad y dirigirse a Santiago a trabajar como asesora del hogar. La historia de la infancia de José es la de muchas niñas y niños chilenos: se desescolarizó tempranamente, fue a vivir con una tía e intentó trabajar y hacer algún dinero para poder aportar a los gastos de la nueva casa en donde vivía. Sus amigos y familia dicen que siempre quizo volver a estudiar, pero las condiciones no lo permitieron. Primero hay que comer.
José Huenante Huenante
Cuando tenía 16 años, el 3 de septiembre de 2005, fue visto por última vez siendo golpeado y detenido por una patrulla de Carabineros en medio de un operativo que desplegó a tres automóviles llenos de policías civiles y uniformados. Desde ese día, la lucha incesante de su familia y amigos no ha tenido respuesta por parte de las instituciones del Estado chileno. Han pasado 12 años y el gobierno de Michelle Bachelet, en su primer periodo en ese entonces, no desarrolló ninguna acción concreta para esclarecer el hecho y llegar a la verdad, convirtiendo a José Huenante Huenante en el primer desaparecido después del fin de la dictadura cívico-militar. Así mismo, los gobiernos de Piñera y nuevamente Bachelet, han intentado bajarle el perfil a la grave situación, incluso cuando en 2013 esta última fue emplazada en medio de su campaña para ser electa en su segundo mandato y mandó a callar a quienes protestaban, asegurando que en democracia los problemas no se resuelven de esa forma. Tampoco evitando investigar desapariciones forzadas, se le olvidó a la Presienta.
Los medios de comunicación, actores principales en un cuadro democrático sano en donde las instituciones deberían estar bajo permanente cuestionamiento respecto de actuar, también guardaron silencio, un silencio que se hace cómplice del olvido, puesto que los convierte en partícipes activos del manto de impunidad que se ha intentado imponer en esta situación, en donde las policías han actuado como verdaderas mafias en contra de quienes han tenido la valentía de entregar informaciones que permitan esclarecer los hechos. Paralelo a eso, la alteración de bitácoras de viaje, informes policiales y versiones de los carabineros involucrados no han logrado llamar la atención y durante todo este tiempo el olvido se ha transformado en una aspiración para todas las instituciones cómplices de esta desaparición forzada.
Al cumplirse una docena de años desde la última vez en que se tuvo información del paradero de José, el programa Informe Especial, de TVN, emitió un reportaje titulado "¿Dónde está José Huenante? Desaparecido en democracia". Ahí se entrevista a un ex funcionario de Carabineros involucrado en su desaparición, quien se pregunta en algún momento "¿con qué fin vas a hacer desaparecer a una persona?", pretendiendo disipar sospechas. La inexistencia de un motivo fundado para la comisión de la desaparición forzada de José los ha salvado de ser condenados por todas las irregularidades cometidas, pero en la realidad, la violencia policial tiene móvil en sí misma, porque es una práctica normalizada en las instituciones del Estado chileno.
Ronnie Ibarra, Sargento en retiro de Carabineros que participó en el procedimiento durante la noche en la que desapareció José Huenante
La respuesta de un periodismo incisivo y no temeroso frente a ese policía mentiroso debería haber sido "entonces ¿con qué fin golpearon hasta la inconsciencia al otro detenido junto a José?", porque reportajes como este suelen omitir o mostrar como un detalle menor el hecho de que hubo otro menor de edad detenido la misma noche en que desaparece José y cuyo testimonio podría ser clave, pero fue tan golpeado por esos mismos carabineros que ahora sostienen un evidente pacto de silencio, que hoy no recuerda -o no quiere recordar- nada, cuestión comprensible dadas las brutales irregularidades, seguimientos y amedrentamientos por parte de agentes del Estado hacia quienes se han atrevido a dar su testimonio de lo ocurrido esa noche.
¿Con qué fin golpean a un menor de edad hasta la inconsciencia los policías que ahora se pintan de buenos? Pues con el mismo fin con el que hicieron desaparecer a José y con el mismo fin con el que han guardado silencio desde el 3 de septiembre del 2005, por 12 dolorosos años; con el mismo fin con el que los dos gobiernos de Michelle Bachelet y el de Piñera han sido cómplices activos de toda esta situación: la sucia protección de un Estado que viola sistemáticamente los Derechos Humanos de los más pobres y luego cubre sus huellas con mantos de impunidad y pactos de silencio.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Desierto Verde

En 2015 tuve la posibilidad de conocer de cerca la realidad de los poblados rurales de la zona centro sur de Chile, al participar de un trabajo de campo en el contexto del proceso de planificación de la construcción de pequeños y medianos embalses para regadío en zonas fuertemente afectadas por la sequía que ha sacudido al país en los últimos años. Debo reconocer que antes se subirme a los transportes que nos llevaban a los diversos lugares de las regiones de O’higgins y Maule conocía escasamente de qué se trataba el problema, cuál era su real magnitud y la complejidad de factores que hay detrás de una situación que es transmitida por los grandes medios de comunicación como un “desastre natural”, evitando hablar de las responsabilidades humanas. En el camino hacia las zonas en que nos correspondía desplegar a los equipos de trabajo, quienes no conocíamos varios de los lugares nos impresionamos ante los bellos paisajes marcados por el verde de los densos bosques que nos vigilaban a escasos metros (o incluso centímetros) de los serpenteantes caminos muy bien pavimentados y, en momentos, atestados de grandes camiones de los que emanaba el profundo olor de la resina de los arboles recién mutilados que transitan hacia los aserraderos.

Durante el mes de enero y febrero de ese año nos desplegamos en la comuna de Curepto, ubicada hacia la costa de la ciudad de Talca, en la región del Maule. Ahí, en un sector llamado Gualleco, comenzamos a conocer la realidad de una zona fuertemente afectada por el gran capital forestal chileno. La imagen de los verdes bosques quedó convertida en una molesta ilusión –o un espejismo, como los que se producen en los desiertos-.

En un pueblo casi fantasma, afectado por el terremoto de 2010 y luego por el devastador incendio de 2014, los escasos pobladores que se negaban a emigrar al mundo urbano nos contaron que desde fines la década de 1970, cuando comenzaron a proliferar las grandes plantaciones de Pinos y Eucaliptus, el pueblo nunca volvió a ser igual. Grandes empresas representadas por señores citadinos educados y vestidos con ternos, corbatas y artículos electrónicos inentendibles para ellos, llegaron ofreciendo la esperanza de una mejor calidad de vida, generar más fuentes de trabajo y traer el progreso a estas zonas olvidadas que solo hace pocos años comenzaban a superar los residuos de la era del latifundio. Pero el resultado fue la agudización de las sequías y, al mecanizar los procesos de extracción, la promesa de un aumento de la necesidad de mano de obra se esfumó. Quedaron sumidos en el abandono y la pobreza rural, que no es igual a la de las grandes ciudades, porque en el campo al menos queda sentido de comunidad, están los animales y los esfuerzos para hacer producir la tierra a como dé lugar, con el único fin de poder subsistir.

Pese a la vida precaria que llevaban, los habitantes de Gualleco buscaban entre lo que no tenían para ofrecernos alguna fruta, un pan amasado, una empanada o cualquier cosa de comer y beber. La esperanza de poder enfrentar la sequía que las forestales agravaron estaba en sus ojos, como si presenciaran la oportunidad de encontrar un oasis en medio de este desierto verde. La mayoría de habitantes del poblado eran adultos mayores, puesto que sus hijos y nietos habían tenido que emigrar forzosamente a las ciudades más cercanas en búsqueda de trabajo, estudios y, en fin, el espejismo de una vida más cómoda con el que se promueve a las ciudades en el mundo rural. En ese momento entendí que el incendio ya había pasado por ahí antes de que se vieran las llamas y comenzó cuando desde las altas esferas del poder se decidió adoptar una política que enriquece a unos pocos, a costa de la precarización de muchos.

Los cambios que los habitantes de estas comunidades del centro sur de Chile comenzaron a ver durante la década de 1970 responden a la ejecución del Decreto 701 del 15 de octubre de 1974, firmado por la dictadura cívico-militar, que concedió exenciones tributarias, subsidios y bonos para la industria forestal. El acuerdo fue sellado por la Corporación Nacional Forestal (Conaf), institución que en ese momento era liderada por Julio Ponce Leroy, yerno del dictador Augusto Pinochet que luego adquiriría la empresa estatal Soquimich, que actualmente se encuentra involucrada en escándalos de financiamiento irregular a casi la totalidad de partidos políticos de la transición. El acuerdo para potenciar la industria forestal emanó como una forma de pagar los favores que los Matte y Angelini, dos de las familias más poderosas del país, le hicieron a la derecha chilena al “invertir” mucho dinero en el boicot al gobierno de Salvador Allende, que terminó con el golpe del 11 de septiembre de 1973 y la imposición de una dictadura cívico-militar que, a punta de violencia, impulsó políticas neoliberales y enriqueció a sus “amigos” vendiendo bienes públicos y generando subsidios para estabilizar sus negocios.

Cómodos con las medidas neoliberales los gobiernos de la postdictadura se han negado hasta nuestros días a modificar la normativa impuesta (ver más en: https://shar.es/19KhBz) y -posiblemente impulsados por los grandes “aportes” de estas empresas a campañas políticas-, sabiendo el daño que hacen las plantaciones de las especies anteriormente mencionadas, se ha estimulado su cultivo encubriéndolo mentirosamente con una campaña comunicacional que apela a bonificaciones por “recuperación de suelos degradados y forestación”, entregándose solo entre los años 2000 y 2014 un monto superior a los US$228 millones a las grandes empresas forestales. No contentos con este decreto, pese a los constantes incendios como el de Gualleco en 2014, en los últimos años se han continuado aprobando más subsidios y noticia aún más escandalosa: después de los mega incendios desatados en los meses de enero y febrero de 2017 en el centro sur del país, el gobierno volverá a subsidiar la “reforestación” de las zonas incendiadas en los últimos episodios para ser plantadas por pinos y eucaliptus, volviendo a levantar millonarias ganancias para las grandes familias de la elite chilena a costa de la precarización y empobrecimiento de miles de familias campesinas (ver documental “Plantar Pobreza”).

Los habitantes de Gualleco con el tiempo conocieron el significado de una compleja palabra: monocultivo, la forma en que los técnicos llaman al desarrollo de plantaciones de Pinos y Eucaliptus en cantidades industriales que se desplegaron en lo que antes eran tierras cultivables o bosques nativos. Ambas especies arbóreas fueron introducidas al país, desplazando a las cepas autóctonas. Un gran negocio en el corto plazo, puesto que son de rápido crecimiento si se les compara con especies locales, pero un potencial desastre en el futuro, ya que consumen exceso de agua y desertifican los suelos impidiendo la vida de gran parte de la flora y fauna propia de esta zona. A largo plazo, un polvorín en caso de que se dieran las condiciones –e irresponsabilidades- asociadas a un incendio, pero también con consecuencias a mediano plazo: la transformación brutal de bellos pueblos con economías de subsistencia en verdaderos desiertos verdes, continuando con la política del Estado neoliberal de basar la economía del país en la explotación indiscriminada de recursos naturales.

* Escrito originalmente para rebelion.org

sábado, 30 de julio de 2016

La fuerza de la ley

“Quisiera referirme a hechos violentos que hemos visto, tras la toma de colegios, en especial los daños en el INBA. Yo creo que Chile necesita una juventud con ideales y comprometida con los asuntos públicos, pero eso se hace construyendo y no destruyendo… nada tienen que ver estas cosas que hemos visto, estos actos vandálicos con las movilizaciones aquellas del 2011 que despertaron la conciencia de todo un país sobre los desafíos que Chile tenía con la educación de sus hijos… Yo creo que el país no entiende y por eso nos indignan aquellos vándalos que sólo se movilizan para destruirla, y vamos a aplicar contra ellos toda la fuerza de la ley porque eso es lo que nos pide toda la sociedad”. Con esa frase la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, opinaba por primera vez de forma directa de las masivas manifestaciones estudiantiles que hoy mantienen más de un centenar de escuelas secundarias tomadas y alrededor de 35 planteles de educación superior movilizados a través de tomas o paros indefinidos.


El sistema de Educación Superior está en crisis y la respuesta del gobierno a las demandas estudiantiles centra el foco en hechos aislados, como las millonarias destrucciones de un establecimiento educacional emblemático de Santiago -el Internado Nacional Barros Arana (INBA)- y no en la masiva fuerza social demostrada por las y los estudiantes en las calles, sacando más de 150 mil personas a las calles del país.

Los periódicos, radios y cadenas de televisión, controladas vertical y horizontalmente por tres cuatro grupos empresariales (nacionales y transnacionales) dedican grandes espacios en donde se repiten palabras como “delincuentes”, “vándalos” y “antisociales” para calificar a los estudiantes movilizados, a tal punto que el discurso mediático-empresarial valida el que en medio de desalojos de estudiantes secundarios, la policía haya ingresado a un establecimiento (el INBA) con sus armas de servicio desenfundadas, en una acción de extrema violencia.
A nadie parece importarle que la misma mañana en donde todos los medios centraban sus focos en los destrozos del INBA se hayan llevado detenidos con fuerte violencia a un grupo de dirigentes de la Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios por estar en la acera de una calle, frente al Ministerio de Hacienda, intentando hacer un acto pacífico. Se les realizó un control de identidad y los detuvieron, como si no hubiera ninguna diferencia entre la "democracia" de 2016 y la dictadura de 1983, reprimiendo de la misma forma a los secundarios.

El círculo se cierra cuando la presidenta responde anunciando la aplicación de “toda la fuerza de la ley” contra los “vándalos”, convirtiendo un caso aislado en una generalidad con el fin de criminalizar a los estudiantes. El problema es que la máxima autoridad del país no tiene la misma fuerza para aplicar toda la fuerza de la ley a los bancos que endeudan brutalmente a los estudiantes y a sus familias, persiguiéndolos y embargándoles sus viviendas; tampoco se aplica la fuerza de la ley a las universidades privadas, muchas de grandes grupos transnacionales (como Laureate International Universities) que lucran brutalmente y se aprovechan de los sueños de miles de estudiantes; menos se aplica la fuerza de la ley a los agentes del Estado que ingresaron al Liceo de Aplicación (otro establecimiento emblemático de la capital) rompiendo una puerta que es monumento histórico y tiene más de 150 años de antigüedad, ahí el patrimonio parece que se olvida. Por último, nadie aplica la fuerza de la ley a los policías que torturan (sí, torturan) a estudiantes secundarios y universitarios en comisarías o que detienen a cualquier joven que camina por la calle solo por el hecho de ser joven.

Podríamos seguir hablando de situaciones que la prensa omite para desinformar a la población o en donde no se hacen carne viva las palabras que la mandataria chilena usa para criminalizar a los estudiantes, pero el objetivo de este relato es recalcar que el movimiento estudiantil debe ser conciente de que en los grandes medios controlados por el empresariado hay un enemigo, que no se combate necesariamente con una violencia física directa, sino que generando fuerzas mediáticas contrahegemónicas, que le hagan el contrapeso a los relatos de quienes defienden el status quo. Junto con eso, no podemos dejar que los medios de los empresarios controlen el debate, hay que llevarlos a las discusiones de fondo, dejarlos en evidencia, denunciar en su propio terreno la desinformación que promueven. No pretendo con esto hacer una apología o explicar los hechos de violencia en las manifestaciones sociales poniéndolos en una balanza con las acciones del Estado neoliberal y las instituciones económicas, sino que llamar a la reflexión: ¿qué es más violento para el sistema imperante hoy en día? ¿los semáforos, paraderos y liceos destruidos o la organización, la ocupación de espacios y las expresiones de masividad de un movimiento para que la sociedad en su conjunto tome conciencia de que esto hay que cambiarlo de una vez por todas?

* Escrito originalmente para rebelion.org

lunes, 13 de junio de 2016

El Cristo decapitado


Este jueves 9 de junio de 2016, mientras se desarrollaba una marcha por la educación en Chile, que fue cortada en tres oportunidades por la policía con uso de gases lacrimógenos y carro lanza agua sin haber motivo alguno (la marcha se realizaba pacíficamente y en un trazado acordado con las autoridades), en medio de una nube vimos aparecer a Cristo crucificado desde el interior de una iglesia. No comprendíamos el hecho histórico que estábamos presenciando a tan solo unos metros de distancia. Yo, con mi cámara en las manos, quedé tan pasmado que no pude reaccionar para ni pensar en obtener una fotografía y solo observé. Una señal: Cristo marchando con los pobres, con los endeudados, c on los que quieren cambiar el sistema injusto, con quienes a diario son aplastados por esos otros cristianos ortodoxos que ocupan altos puestos en el gobierno y corporaciones empresariales, como el recientemente nombrado Ministro del Interior del Gobierno de la "socialista" Michelle Bachelet, el supernumerario del Opus Dei Mario Fernández.

La aparición del Cristo crucificado parecía conmover a la población hasta el punto de las lagrimas. El Cristo se alzó por sobre las cabezas de los manifestantes, crucificado y torturado por quienes lo vieron -en su tiempo- como un peligro para la subsistencia del sistema. Ese Cristo agonizante que había recibido todo el repudio de los conservadores luego de echar violentamente a los mercaderes del tempo, hoy marchaba con los estudiantes chilenos que se deben endeudar con la banca privada o llorar por becas para poder formar parte de una educación mirada como un "bien de consumo" y en ningún caso como un "derecho social". Así como en aquel tiempo un grupo de personas se enriquecía con la fe de los miles que llegaban hasta el templo, hoy en Chile un grupo de bancos privados y grandes corporaciones transnacionales de la educación se enriquecen lucrando con los sueños y la esperanza de un futuro mejor que tienen miles de estudiantes pobres. Cristo, crucificado y torturado, había decidido levantarse con los estudiantes.

La imagen fue impresionante, corrimos a verla, pero en el camino se vino abajo estrepitosamente. No hubo aplausos, no hubo celebraciones, hubo un silencio en medio de tanto alboroto. El Cristo al caer terminaba decapitado.


No era una nube celestial, era lacrimógena. No era emoción, era el efecto del gas con el que reprimen indiscriminadamente a quienes se manifiestan. No era una aparición, era el saqueo de la iglesia. Sí era Cristo marchando y terminando descabezado. La policía, que anteriormente había intervenido sin razón en la manifestación, ahora observaba desde lejos esa acción y permitía a la prensa filmar y fotografiar al Cristo torturado, crucificado y decapitado, para que hoy estemos viendo todas esas imágenes en los principales medios de comunicación -controlados por esos pocos cristianos que tienen el poder y explotan a la mayoría de cristianos-, acompañadas de discursos que llaman a más violencia, no sólo contra quienes hagan destrozos, sino que contra cualquier manifestación social, aprovechándose del Cristo decapitado para criminalizar la protesta estudiantil, como si esa acción les hubiera caído del cielo para seguir protegiendo su orden conservador y neoliberal.


* Escrito originalmente para rebelion.org

martes, 19 de noviembre de 2013

Los hambrientos piden pan, plomo les da la milicia

Habráse visto insolencia, barbarie y alevosía
de presentar el trabuco y matar a sangre fría
a quien defensa no tiene con las dos manos vacías, si.

Quién no escuchó alguna vez esa hermosa y directa canción de Violeta Parra que todos conocemos como "La Carta", pero que originalmente violeta la llamó "Los hambrientos piden pan". En este clásico tema se nos comentan las injusticias de un país en donde las autoridades optaron por la represión brutal, antes que por escuchar la voz de las y los trabajadores. Eso pasaba en los años '60 y lamentablemente la historia no ha cambiado mucho, pero sin duda vale la pena recordar un hecho que ocurrió un día como hoy, 19 de noviembre, pero en 1962, en la Población José María Caro. Una situación que muchos han olvidado, pero que fue la inspiración para escribir esta tonada de denuncia que realizó Violeta al enterarse de la situación.

Una fotografía de la matanza
Solemos recordar la Matanza de Santa María de Iquique, la del Seguro Obrero o la realizada por el ejercito chileno durante varios años mientras duró la dictadura cívico-militar encabezada por Augusto Pinochet, pero la verdad es que lamentablemente hay muchos más hechos de este tipo, que pocas veces se recuerdan. Podemos ver durante todo el siglo XIX diversas matanzas de obreros, indígenas, campesinos y pobladores, ordenadas por el Estado chileno, que hoy permanecen casi borradas de la memoria del pueblo y que sería muy necesario mantener en el recuerdo como un ejemplo de la lucha que han desarrollado los sectores populares a lo largo del tiempo, para reconocer que esto no parte ni ayer ni hoy, sino que se inició desde mucho antes, siempre han estado presentes a lo largo del tiempo.

Un niño herido en medio de la represión
Y así como hemos visto organización popular, también podemos hablar de la forma en la que el Estado ha canalizado a estos movimientos, ahogándolos y utilizando la represión más cruenta, como en las matanzas de 1903, 1905 o la misma Matanza de la Escuela de Santa María de Iquique en 1907. Pero hay un hecho que ocurrió un día como hoy, un 19 de noviembre de 1962, cuando en medio de un paro convocado por la CUT un grupo de trabajadores y pobladores de la Población José María Caro decidieron cortar la línea del tren, que pasaba en esos tiempos por el lado de su población, ubicada en la actual comuna de Lo Espejo. Había paralizado casi toda la ciudad, pero la empresa de ferrocarriles había llegado a un acuerdo con el gobierno de Jorge Alessandri y los trabajadores se habían comprometido a seguir con sus jornadas laborales. La CUT analizó esa situación y los trabajadores decidieron bloquear, junto a los pobladores, las vías del tren, para detener completamente la producción en la capital.

Ante eso, Alessandri decidió enviar a la fuerza policial a reprimir el hecho, pero los trabajadores resistieron y obligaron a la policía a replegarse. El gobierno respondió con fuerza, no se podía permitir que un grupo de trabajadores paralizara una de las principales rutas del ferrocarril y así, los militares se hicieron presentes y se inició la matanza. Balas contra piedras, fusiles contra esperanzas de justicia, pobladores contra militares. Las cifras oficiales hablan de "al menos 6 fallecidos", aunque se piensa que fueron más, y la prensa describe más de medio centenar de heridos. Asesinaron a niños y niñas, pobladores, trabajadores, a todo aquel que se atrevió a levantarse para exigir mayor justicia laboral. En medio de eso, además, se hicieron detenciones arbitrarias a personajes que habían declarado su apoyo al paro de la CUT, entre ellos al hermano de Violeta Parra. Para denunciar esta situación, desde Francia, Violeta escribiría "Los hambrientos piden pan".


Para finalizar, la invitación es a concebir estos capítulos que han sido borrados de la historia oficial chilena, como herramientas que son útiles para la autoeducación de los sectores populares, para lograr conciencia en la población de cuál es el rol histórico que el Estado chileno y sus agentes han ocupado cuando se trata de responder a las demandas de las mayorías. Debemos entender por qué estos hechos jamás saldrán en el curriculum escolar ni en la PSU. Porque nos ayudan a cuestionar la forma en la que hemos llegado a nuestro presente, uno en donde pocos se atreven a reclamar, donde reina el miedo al momento de enfrentar las injusticias.

domingo, 16 de mayo de 2010

Caso Juez Garzón: La ultraderecha española da un nuevo golpe

Este viernes muchos pudimos observar en vivo y en directo como el pleno del Consejo General del Poder Judicial español suspendía a un juez solo por tener la intención de comenzar a investigar los crímenes cometidos durante una de las dictaduras mas crueles del siglo XX, la de Jorge Franco.

El periodista Rubén Norniella, desde españa, detalla para ElImpulso.es y Esopino lo que ocurre en su posición con este caso:


"España se levanta hoy con una sensación de irrealidad, como de estar más bien viviendo un sueño que se ha tornado en pesadilla. La inmensa mayoría de los españoles han vivido el proceso que se sigue contra el Juez Garzón como si fuera tan sólo un juego de mentira y que todo se quedaría finalmente en nada, en una especie de aviso a navegantes, algo ya de por sí lo suficientemente grave como para preocuparnos a todos.


Sin embargo, el hecho consumado constituye un auténtico golpe de estado judicial. Es algo así como decirnos, de golpe, que aquí no existe una libertad plena, que sólo nos están dejando jugar a la democracia y que pretender juzgar al franquismo o a los políticos corruptos de la derecha heredera de aquel régimen, ya es pasarse de la raya, que el juego no da para tanto, que una cosa es jugar y otra que nos creamos que de verdad somos libres...


La actitud del PP, jaleando al Juez Varela y al resto de los "verdugos" del Supremo, sólo viene a confirmar a ese partido como el de los cachorros del régimen. Su actitud es impropia de un partido democrático y debe de ser condenada sin paliativos por todos los demócratas.


El daño que se le ha hecho a la democracia española es irreparable. Nuestra imagen, en cuanto a calidad democrática, ha alcanzado una cuota que ya no puede ser mas baja. Hoy nos hemos convertido en una democracia bajo sospecha y el mundo está estupefacto ante los acontecimientos. Es inaudito que el Juez de Valencia, del que el propio Campos afirmaba que "era más que un amigo", no haya sido acusado de prevaricación, pese a que el Supremo haya devuelto el caso a Valencia, desautorizando al Juez, y que sí lo haya sido Garzón por tratar de juzgar los asesinatos del franquismo. Es absolutamente indignante.


Da la impresión de que los jueces de este país, los jueces conservadores -por no decir algo bastante peor- han decidido que ellos gobernarán este país y decidirán que se puede o no hacer, digan lo que digan los ciudadanos, hagan lo que hagan los políticos.


En esta tesitura, tan sólo cabe entrar a saco en el Poder Judicial y eliminar a los que amenazan la democracia real en España. O eso o ya nadie podrá considerarnos un país democrático. Yo, al menos, no considero que, hoy por hoy y tras lo sucedido, esté viviendo en una democracia.


Por ello exijo el cese inmediato de los Tribunales Constitucional y Supremo, del Consejo General del Poder Judicial y que se depure a los jueces que intentan dar un golpe de estado contra la democracia española. Estos nuevos "Tejeros" llevan toga en lugar de tricornio, pero son infinitamente más peligrosos.


Si en este país no hay ni la libertad ni la justicia suficiente como para poder juzgar los crímenes del franquismo ni la corrupción de los políticos de la derecha española, que no cuenten conmigo ni para votar ni para participar en esta pantomima democrática. Yo también me declaro en rebeldía, como lo haría si viviéramos en una dictadura formal. Tan sólo cabe la insumisión, cuando la libertad está en juego: ¡Abajo la dictadura!"
Isaac Gajardo© 

domingo, 25 de abril de 2010

Caso Detectores de Metales: Carolina Plaza se quedó con las ganas

Como lo prometí en mi publicación "¿Detectores de metales en los colegios?", seguí el caso de la votación que realizaría la comunidad escolar del Centro Educacional Huechuraba para definir si querían que en el establecimiento se instalaran detectores de metales o no. Pues bien, hoy ya esta la respuesta y la comunidad se ha pronunciado.


Desde el viernes 23 de abril hasta esta mañana, estudiantes, profesores y apoderados votaron y rechazaron por un 55% la medida propuesta por la alcaldesa Carolina Plaza, de instalar detectores de metales en la entrada un establecimiento de la comuna de Huechuraba, con el supuesto fin de evitar cuchillos y otros objetos metálicos que se pudieran prestar para crear violencia dentro del Centro Educacional.


Según informó la agencia UPI, un 44% de los participantes de la consulta, todos miembros de la comunidad escolar, votaron a favor de la medida, mientras que un 1% voto nulo. De esta manera, la comunidad escolar rechazo la medida con un 55% de votos.


La polémica propuesta de la alcaldesa Ex UDI, digo ex UDI porque vía twitter me informaban que tuvo ahí unos problemillas con malversación de dineros así que se retiro del partido extrañamente, fue repudiada por diferentes actores sociales, incluyendo el Colegio de Profesores, los que aseguraron que "se crea un estado policíaco, represivo y estigmatizador", ademas de asegurar que el fenómeno de la violencia hay que abordarla con otros métodos, entregando por ejemplo, mas ramos humanísticos, de filosofía, artísticos, y no solo de lenguaje y matemáticas, que es lo que mas se acentúa hoy.


En fin, mi gran conclusión es que la alcaldesa Carolina Plaza se quedó con las ganas... y ojala que se quede con las ganas para siempre...


Isaac Gajardo ©

domingo, 4 de abril de 2010

Un acto cívico


En los años de la dictadura, a los establecimientos educacionales autoritariamente se les obligaba a realizar lo que eufemísticamente se llamaba “acto cívico”. En éste, cada mañana de lunes los alumnos de todos los cursos debían formarse marcialmente, se les hacía cantar la Canción Nacional y, luego, la autoridad académica tenia que realizar un discurso referente a alguna gesta heroica o efeméride histórica. El evento terminaba con avisos diversos y el ingreso a clases.

Nunca se me olvidara que siendo yo estudiante jesuita y trabajando en la pastoral de un colegio, el sacerdote –que era el director del colegio y que presidía el acto- poco antes de comenzarlo me llamo con un gesto y, haciéndome mirar la masa uniformada de jóvenes, me dijo: “pensar que aquí habrá por lo menos un siete por ciento de alumnos que se esta enfrentando al descubrimiento de su homosexualidad; ¿qué hacemos por ellos?, ¿cómo los acompañamos en su soledad?, ¿cómo los acogemos?, ¿cómo ayudamos a que los otros no los estigmaticen o rechacen?”.

Al volver a mi lugar, la sabia reflexión de ese sacerdote y sus preguntas me quedaron dando vueltas hasta hoy. Como muchos, nací y crecí en una sociedad que sistemáticamente desconocía la homosexualidad o la descalificaba, haciéndola centro de mofas y de las cuales yo mismo, en mi ignorancia, muchas veces había participado.

Me preparaba para ser sacerdote de Cristo, para llevar a todos la buena nueva del Evangelio. Especialmente a los pobres, a los marginados y excluidos, pues ellos son los primeros destinados a la buena noticia de la salvación de Jesús. Y, sin embargo, hasta ese momento nunca había tomado conciencia de ese tipo de exclusión que no queremos ver o que, viéndola, reaccionamos con actitudes que agravan la marginación y sufrimiento de quienes tienen una orientación sexual diferente.

Comencé un largo camino de apertura y aceptación a hermanos que no eran mejores ni peores, solo distintos. Ellos y ellas no habían escogido su homosexualidad, que muchos intuyeron desde su niñez y la gran mayoría lo hizo conciente en su temprana adultez. Otros negaron su condición viviendo una vida doble y, lamentablemente, no pocos sucumbieron al estrés de sentirse distintos y no aceptados y el suicidio les quito la vida.

No es fácil plantear el tema a una mayoría que no es homosexual o lesbiana, pues no solo responderá con cierta superioridad a partir de asimilados prejuicios familiares, sociales y religiosos, sino que también algunos reaccionaran en directa proporción a la seguridad que tengan sobre su identidad sexual. Es comprensible que alguien se desconcierte ante lo que no entiende o desconoce, pero esto no justifica una respuesta violenta o descalificatoria. Probablemente quienes reaccionan de forma virulenta se deba, mas que a prejuicios adquiridos, a que tal vez poseen una inconsciente y profunda inseguridad de su propia identidad sexual y eso los hará sentirse, de alguna manera, agredidos.

Quien conozca a una lesbiana o a un homosexual sabrá que la gran mayoría –como la gran mayoría de los heterosexuales- es gente buena, que tienen valores y que no escogieron su condición. Como sociedad será entonces un imperativo moral y un verdadero “acto cívico” saber respetarlos.

Felipe Berrios S. J.

viernes, 2 de abril de 2010

El gobierno de Piñera y la quema de libros del Siglo XXI





"Desde la quema que hizo Hitler en el '33, hasta la de la de la dictaduras de Chile y Argentina en los '70; el fuego siempre intentó exorcisar las voces de libertad e incinerarlas hacia el futuro, hoy ese fuego solo se logra con un clic."
En enero de 1933 Adolf Hitler fue nombrado canciller de Alemania, y el Tercer Reich se inicia con la Ley para la Protección del Pueblo Alemán y el incendio del Parlamento con todos sus archivos. La escalada desemboca en mayo con la quema de libros. El Ministerio para la Ilustración del Pueblo y para la Propaganda había difundido un instructivo acerca de libros que se consideraban "peligrosos". Todos aquellos cuyos autores fueran judíos y también los que hablaran de sexualidad. La hoguera ya estaba encendida.


En las dictaduras que tenemos más cercanas a la actualidad, se encuentran las de Chile y Argentina en los '70, donde se utilizó la misma estrategia de quema de libros para vencer a un demonio que se preparaba para delimitar sus intereses: la educción y la información de la población. Por su puesto que en el caso de Chile los investigadores dicen que se dio con mucho mas recato que en argentina, donde incluso se quemaron cuatro toneladas mas de las que se quemaron en la Alemania de Hitler. Impresionante.


Podemos obervar a los ingenieros de informática del gobierno de Piñera preparándose para cliquear en todos los computadores la opción "Suprimir Archivo"


A lo que quiero llegar es a una situación que me parece bastante interesante y se trata de lo que ha hecho el ya no tan nuevo gobierno de Sebastián Piñera con las paginas web y archivos que por años manejaron los gobiernos de la Concertación. Como explica la gran periodista Monserrat Nicolas en su blog curvaspoliticas: "subieron una página web con un diseño limpio y de contenido completamente NUEVO. Tan NUEVO que sacaron cualquier trazo del gobierno anterior. Un borrón y cuenta NUEVA acorde al siglo 21, of course." Es así, como lo que antes se conocía como la "quema de libros" ahora es la "quema web" del gobierno de Piñera, orientada a eliminar todos los vestigios de los antiguos gobiernos de la Concertación.


Monserrat se refiere a esta "quema web" con ironía asegurando que "se reemplazó todo tipo de enlaces a documentos y proyectos, con cosas tan relevantes como la cuenta del twitter del presidente (no actualizado) o la posibilidad de sacarse una foto con el presidente. También hay espacio para enlazar a la triste fundación Imagen Pais o el Futbol Solidario."


Pero dejándonos de ironías, creo que esta quema web resulta completamente negativa para el proceso de información y de tramites que tienen que realizar los chilenos a diario, entendiendo que las antiguas webs estaban acondicionadas para todo tipo de tramites y hay muchas en las que hoy ya no se pueden realizar de la misma forma los tramites que se realizaban antes.

Asi se podia observar a algunas personas saliendo de varios ministerios, como el Ministerio de Defensa o de Relaciones Exteriores despues de que Sebastian Piñera asumiera como presidente.


Lo mas peligroso aun se viene ahora y solo lanzo esta información para que quede en sus mentes: ¿que está pasando con archivos que se encontraban en los ministerios y que según informaciones muchos estarían siendo destruidos?, ¿quien responderá después por eso?.


Isaac Gajardo©

jueves, 25 de marzo de 2010

Corrompidos por el consumismo

Visión reflexiva de los hechos ocurridos posterior al terremoto



Con los días me fui dando cuenta que el terremoto no derrumbo esos valores que supuestamente y en una primera visión, había pensado que eran fuertes, sino que esos valores habían sido corrompidos y eliminados con anterioridad. Me entristecí al darme cuenta que el consumismo ha corrompido tremendamente a la sociedad chilena y que el sismo solo saco a relucir una realidad que desconocíamos.

En esta publicación he querido comenzar con una frase que hace unos días atrás escribí para hacer un primer análisis sobre los hechos ocurridos después del terremoto que afecto a Chile este 27 de abril. Digo primer análisis, porque dentro del mismo texto explico que por una primera visión, compartí el concepto de que los saqueos se debían a un metafórico derrumbe de los valores de los chilenos que se había producido juntamente con el terremoto y, a pesar de que en primera instancia compartí eso, luego, en los días siguientes, comencé a forjar mi propia visión de los hechos mediante la socialización de experiencias y reflexiones. Eso es lo que les planteare en esta segunda y ultima publicación en la que hablare de este tema.

Creo que reflexionando me pude dar cuenta de que muchos de los conceptos en los que afirmábamos la gran mayoría de nuestros valores, con el tiempo se han ido perdiendo o corrompiendo, es por eso que ahora todos esos valores se agrupan y se reemplazan bajo conceptos meramente mercantiles que hacen que las personas pierdan sistemáticamente su capacidad de apreciar y ver la realidad del otro.

Tuve la oportunidad de hablar con Felipe Berrios, Sacerdote Jesuita dirigente de la organización Un Techo Para Chile -que en los próximos días comienza a trabajar de lleno en la reconstrucción de la zona afectada por el terremoto- y tocar este tema, ahí concluíamos que se han reemplazado conceptos valóricos de gran envergadura como el compañerismo, la ayuda a los mas desposeídos, la justicia social, la ciudadanía, etcétera, bajo un solo concepto del “individuo consumidor”. Esa simple reflexión me llevó a darme cuenta de muchas cosas que ignoraba y que ahora he entendido claramente después de muchos días de pensar.

Cuando en algún momento compartí la visión de que con el terremoto se habían derrumbado los valores de las personas, después me arrepentí porque esto se viene haciendo hace muchísimo tiempo atrás, hace mucho tiempo que ya no somos ciudadanos, sino que somos consumidores, hace mucho tiempo que no exigimos justicia social, sino que exigimos responsabilidad empresarial ante los consumidores, entre otras cosas. Hemos ido armando solo cáscaras que nos hacen ver como un país correcto, como el país con estabilidad para los inversionistas extranjeros, pero junto con eso hemos ido construyendo una débil estructura que con cualquier presión cede y se demuestra lo verdadero que existe debajo de todo lo lindo, el consumismo que lo logra corromper todo.

Claramente sería irresponsable atribuir todos los saqueos y actos aberrantes cometidos después del terremoto a esta causa, ademas, creo que esa labor la tienen que hacer sociólogos y gente experta, pero a pesar de todo, siempre tendré presente este pensamiento cuando nos enfrentemos a este tipo de situaciones. Ahora la pregunta que todos juntos debemos responder es ¿cómo recuperaremos esos conceptos perdidos?.

La reconstrucción física de las ciudades destruidas es algo en lo que el gobierno y los privados invertirán, pero ¿a que empresario le interesará invertir para solucionar un problema que no pasa tan solo por las zonas afectadas sino que es un problema país?, ¿se tiene que invertir dinero para restaurar la ciudadanía, el compañerismo y la justicia social?, ¿a la clase gobernante le conviene que se vuelvan a forjar conceptos valóricos por sobre conceptos técnicos como el de “individuo consumidor”?.

Isaac Gajardo©

lunes, 22 de marzo de 2010

Los muchos terremotos

Primera visión de los hechos ocurridos posterior al terremoto



Después del devastador terremoto de 8.8 grados que azotó a Chile el 27 de febrero del presente año, no había podido publicar nada, ya que todos los documentos que tenia escritos aun siguen perdidos después de la destrucción del computador en el que escribía. Ademas de todo eso, en estos últimos días he entendido y valorado muchos conceptos que antes pasaban desapercibidos para mi, partiendo por el gran trabajo y esfuerzo que realizamos al ayudar a las personas que han resultado damnificadas. Algunas otras cosas de las que me he dado cuenta y que he comprendido, las pasare a plantear en esta publicación.


No me gustaría hablar de esto, de hecho, preferiría que nunca hubiera ocurrido, pero al fin y al cabo ocurrió y creo que lo peor que podemos hacer es intentar evadir esta realidad, estoy hablando de los saqueos ocurridos después del terremoto y que incluso se prolongan -aunque en menor grado- hasta la actualidad. Debo reconocer que nunca me espere ver esa reacción después de que en mi casa volviera la luz. Mi primera imagen en televisión después del terremoto fue un saqueo en vivo, o mas bien “un zaqueo en vivo”, como diría el español periodista Amaro Gómez.


Al comenzar a escribir esto, mi intención no es hacer una de las ya denominadas “caza de brujas” para descubrir a los supuestos culpables de saqueos horrendos y vergonzosos que se produjeron en los días posteriores al terremoto. Para nadie es justificable que un grupo de personas aprovechen una situación de sufrimiento, duelo y muchas veces hambre, para saquear y robar descaradamente artículos que ni siquiera tienen que ver con alimentos.


En primera instancia se habló de una necesidad urgente de alimentarse y al parecer muchas veces pareciera que era una verdad incluso para muchos justificable, pero luego, cuando se comenzaron a ver mas imágenes de gente con lavadoras, televisores plasma, artículos electrónicos, entre otras cosas, me comienzo a preguntar: entonces, ¿la gente comerá televisores?, ¿será una dieta especial comer lavadoras?.


Con el ejemplo de una mujer evidentemente pobre, llorando, abrazando a su hija y diciéndole: “tranquila, todo esto ya va a pasar, no necesitamos salir a robar” me queda claro que los robos no se deben a una necesidad, mas bien, en la mayoría de las oportunidades podía observar como los objetos robados eran subidos a automóviles lujosos que precisamente no pertenecen a la gente mas desposeída, con esto también queda injustificada la teoría de que “los pobres son los únicos que saqueaban porque veían la oportunidad de acceder a bienes que en otras circunstancias nunca podrían haber obtenido”. Esa teoría casi fascista y discriminadora queda totalmente fuera cuando veo eso, aunque hasta hace poco aun siguen habiendo medios –la gran mayoría de extrema derecha- que siguen promocionando esa visión de los hechos.


Al ver en vivo los saqueos, no pude evitar, en primera instancia, compartir el sentimiento y la visión de que aquí habían ocurrido dos terremotos, uno visible y otro, el valórico, el que no se percibe claramente pero por los hechos ocurridos todos nos dimos cuenta que estaba ahí. Se habló de que el primer terremoto derrumbo las edificaciones mas antiguas, los llamados “cascos antiguos” de las ciudades afectadas por el gran sismo y haciendo una comparación metafórica, se habló también de que con la caída de esas antiguas estructuras que parecían fuertes, también cayeron los valores de muchas personas que después del terremoto fueron corrompidos por su deseo de obtener las cosas de manera fácil.


Con los días me fui dando cuenta que el terremoto no derrumbo esos valores que supuestamente y en una primera visión, había pensado que eran fuertes, sino que esos valores habían sido corrompidos y eliminados con anterioridad. Me entristecí al darme cuenta que el consumismo ha corrompido tremendamente a la sociedad chilena y que el sismo solo saco a relucir una realidad que desconocíamos.


Isaac Gajardo©

sábado, 20 de marzo de 2010

Abuso de poder



Todos alguna vez hemos sido victimas de algún tipo de abuso de poder en el colegio, la universidad, el trabajo, la mismísima vía publica, entre otros lugares tan comunes de nuestro diario vivir, pero hoy cuando venia en el metro comencé a pensar sobre una situación que me ocurrió dentro del día y creo que es necesario poder hablar de eso aprovechando lo ocurrido.

Me encontraba con unos amigos en la Plaza Brasil, ubicada en pleno centro de Santiago, compartiendo una tarde de un típico día viernes, cuando después de una semana de estudio, trabajo, reuniones y mas, tenemos un tiempo para estar tranquilos en una bella y cuidada plaza, para conversar un rato con los amigos. En la tarde todo transcurrió bien, hasta que aproximadamente a las 7 de la tarde se produce una situación bastante especial que me hizo comenzar a pensar en muchas cosas que nos ocurren a diario y que nosotros mismos no nos damos cuenta.

En un momento de la tarde vimos llegar a una patrulla de Carabineros de Chile pertenecientes a la 3ª Comisaría de Santiago, los que alertados por los guardias de la seguridad municipal, procedieron a hacer el denominado “control de identidad” a varias personas que se encontraban en ese momento en la plaza. Como ya estamos acostumbrados a que este tipo de situaciones se den en los diferentes parques y grandes plazas de la comuna no le prestamos mayor atención, pero sí le comenzamos a prestar mayor atención cuando vimos como uno de los carabineros procedía a pegarle un golpe con su luma a un joven que paseaba por la plaza, ya que este se negaba a entregarle su cedula de identidad.

Debo reconocer que el impacto para mi no fue tan grande, ya que por mi experiencia con carabineros siempre he visto como actúan. Después pensaba que recurrentemente los conozco cuando actúan de un modo represivo, pero pocas veces había visto que la agresión fuera por nada, no tenia ni el interés de reprimir, era solo agredir y demostrar que el carabinero agresor, misteriosamente de pelo rojizo, era mejor, el poderoso.

Frente a esta situación presenciada por todas las personas que se encontraban en la plaza, muchos no tardaron en reaccionar y repudiar la actitud de los carabineros, pero éstos, no contentos con la agresión propinada al joven que aun seguía en el suelo, comenzaron a golpear a otro que se acercaba a defenderlo, así se formo una situación bastante tensa en la que en cada minuto que pasaba se involucraban mas personas de los dos bandos, la plaza se lleno de efectivos policiales y también en el lugar se agolpo mucha mas gente, la ciudadanía reclamaba una agresión injustificada, mientras carabineros seguía agrediendo al joven, intentando hacer que se pusiera de pie propinándole mas golpes, incluso con los pies.

Los guardias municipales decían ante las agresiones “no nos digan a nosotros, si no podemos hacer nada por el hombre, los carabineros son la autoridad competente” y esa misma autoridad competente solo se dedicaba a agredir desmedidamente a una persona por el solo hecho de no tener a mano su cedula de identidad. Entre eso me llamó la atención notablemente, el escuchar a una mujer gritando “hace 25 años mataron a mi hijo y ahora no voy a permitirles que maltraten a esta gente inocente”. Después meditaba en torno a esa frase y me daba cuenta de muchas cosas que ocurren todos los días.

Muchas veces permitimos y somos testigos de cómo hay personas que porque poseen una cuota superior de poder, humillan y maltratan a otros, cosa que tenemos que entender que esta mal. Después conversábamos con mis amigos y salía la idea que esta de moda: “ahora que esta Piñera los carabineros andan mas violentos”. ¿Perdón?, ¿a caso en los gobiernos de la concertación no hacían lo mismo?.

Definitivamente tenemos que aprender a hacer reconocer a todas esas personas que abusan del poder y respeto que la misma sociedad les ha entregado o que ellos se han tomado dictatorialmente, algunos casi como herencia, que el poder no les durara toda la vida y tarde o temprano las cosas se devuelven. Mi repudio es contra esa acción y contra todo abuso de poder.

Isaac Gajardo©

viernes, 12 de febrero de 2010

La Concertación y la Derecha contra la Educación Pública



“La Concertación y la Derecha unidas, jamás serán vencidas”

Creo que en la mayoría de mis publicaciones sobre educación siempre he reafirmado mi convencimiento de que la educación es la vía por la cual el país puede crecer, pero con el actual sistema lo único que se logra es potenciar las diferencias sociales y discriminar a la población más pobre, relegándolos a una educación gratuita administrada de mala forma por las municipalidades y por consiguiente de pésima calidad.

Hace unos días atrás leía una columna de Bernardo Kliksberg donde planteaba que una nueva investigación acaba de arrojar importantes conclusiones que pueden ser muy útiles en América Latina. El estudio muestra que, de cada 10 hombres que no terminaron el colegio secundario, uno está actualmente en la cárcel. Mientras que entre los que finalizaron la secundaria es uno de cada 35. Es decir, los jóvenes que no terminan la secundaria, tienen una posibilidad 400% mayor de caer en la delincuencia. La conclusión es clara: reforzar la educación.

Pero cuando hablamos de educación en Chile, casi no nos debería importar si es la concertación o la derecha la que gobierna, porque educación es uno de los pocos temas en los que estas dos coaliciones han podido llegar a acuerdos claros. Acuerdos que en medio de la turbiedad logran que la buena educación siga siendo un asunto para la clase mas privilegiada económicamente y por conclusión, la siguen preservando dentro del mercado. A ninguna de las dos les conviene que la educación salga del mercado, sino todo lo contrario, por un tema de intereses, a las dos coaliciones les conviene seguir profundizando y fortaleciendo la educación dentro del mercado.

La Concertación y la derecha han buscado potenciar un proyecto de desmunicipalizacion totalmente erróneo y con fallas que apuntarían a una privatización de la educación pública o a su inminente desaparición y traspaso de esa educación pública gratuita al sistema subvencionado-particular, esa es la nueva LFEP o Ley de Fortalecimiento de la Educación Pública. Mediante esa ley, que en vez de fortalecer la educación pública la termina debilitando aun mas, las dos coaliciones buscan seguir con el modelo de mercado y privilegiar la aplicación del sistema de Vouchers del que yo, hace bastante tiempo en este mismo blog toque como tema al hablar de la mercantilización de la educación. (Para ver esa publicación haz clic aquí)

Por otro lado, además del consenso logrado entre estos dos grupos oligarcas que han gobernado Chile desde la caída del dictador, llega la derecha al gobierno, con tienen una visión mucho más radical de éste tópico, aunque en muchas oportunidades el tema especifico de “Educación Pública” causa división dentro de quienes comenzarán su gobierno en marzo.

Educación de calidad por sobre la gratuidad o la cobertura

Por esta división que causa el tema dentro de la misma coalición, y analizando los ambiguos discursos de Sebastián Piñera hablando de educación, veo que se refiere a educación de calidad, por lo que, basándome en su punto de vista neoliberal me pregunto: ¿es necesario privatizar o aplicar un sistema de financiamiento como los subvencionados-particulares en la Educación Pública, eliminando el sello característico de ésta, la gratuidad, en pro de conseguir la supuesta “educación de calidad”?

Un texto de la OPECH responde a esa interrogante en el aclara que, con tal de llegar a una buena calidad en la educación, la derecha “es capaz de reducir las posibilidades a los más pobres, incluso privatizándola. Siempre privilegiando calidad por sobre gratuidad o cobertura.”

Y para terminar, sólo decir que creo que, para una buena educación no se necesita sólo calidad. Para que todos, tanto pobres como ricos, podamos tener una verdadera educación de calidad, ésta debe ir acompañada de una mejor calidad de vida, gratuidad en la educación pública, buena enseñanza, participación de la comunidad en la administración de los colegios y buena cobertura. Solo así lograremos que la brecha social disminuya.

Mientras siga habiendo políticos, tanto de la Concertación como de la derecha, que privilegien sus intereses personales y de clase por sobre el interés mayor que es brindar una buena educación a todos los chilenos, nunca lograremos disminuir las cifras en delincuencia ni hacer de Chile un mejor país.

Isaac Gajardo©

domingo, 24 de enero de 2010

La gran mentira de la derecha: la unidad nacional


Hace un par de días atrás, me correspondió ser participe de una potente discusión por twitter sobre algunas de las promesas que realizó Sebastián Piñera, candidato de la derecha chilena y presidente electo el pasado 17 de enero de 2010. En publicaciones pasadas en mi blog hablaba de una “derecha dividida por temas valóricos y de imagen”; además de esta división en algunos temas, hay promesas concretas que se hicieron dentro de la campaña, las cuales obviamente fueron producto de la propaganda del candidato de la derecha, tanto en primera como en segunda vuelta. La más importante es la ambigua promesa de llegar a ser un “Gobierno de Unidad Nacional”.

Digo promesa ambigua porque me permite inferir varias ideas al mismo tiempo.

La derecha plantea el concepto de unidad nacional sólo para ayudar a preservar el actual estado en el que se encuentra la Concertación, para mí un estado “derechizado”. El gobierno de Sebastián Piñera buscará que la Concertación siga “derechizada” porque así se podrá continuar con la política de pactos para aprobar medidas mercantilistas. Presento como prueba irrefutable la aprobación de la Ley General de Educación, donde a través de un pacto, tanto la Derecha Pinochetista como la derechizada Concertación se comprometieron a aprobar un conjunto de leyes que destruyen progresivamente la Educación Publica.

Ver como algunos militantes de la derecha hacían referencia a que la Concertación perdió en las elecciones porque nunca pudo llegar a un gobierno de unidad nacional, me hace llegar a una conclusión muy diferente. Hay división, claro, porque esa es la constitución que la misma Concertación en conjunto con la derecha se negó a cambiar, la constitución pinochetista de 1980, sigue preservando la división y promoviendo la formación de bloques burocráticos de poder; por tanto esa unidad, por temas valóricos e ideológicos, obviamente nunca se podrá producir de la forma en la que lo plantea la derecha. Unidad falsa, que solo busca preservar la política de pactos turbios para aprobar políticas mercantilistas y, en un futuro, reprimir a los que “amenacen” este interés del gobierno por llegar a la “Unidad Nacional”.

Habrá algo sí de esa falsa Unidad Nacional que continuará, políticos que quieran seguirse acomodando a los resultados de las políticas de la dictadura que por 20 la concertación se negó a cambiar. Lamentablemente puedo anticipar que habrá gente de la misma concertación que querrán seguir con la comodidad y que lucharán por el retorno de un gobierno de pactos y transacciones turbias.

Cuando escucho por radio a Jovino Novoa, miembro de la Unión Demócrata Independiente, el partido de derecha mas conservador y pinochetista del espectro político chileno, decir que debemos “olvidar el pasado”, y para eso dejar de lado las investigaciones sobre violaciones de los Derechos Humanos, y a renglón seguido cambiar radicalmente su discurso y asegurar que “haremos lo que este en nuestras manos para lograr ser un gobierno de Unidad Nacional”, solo puedo imaginar la gran verdad que describe un Sociólogo y Catedrático peruano cuando habla de Unidad Nacional como un concepto propagandístico de un gobierno:

“De hecho, la mejor manera de reprimir impunemente se sustenta ahora en una hipotética Unidad Nacional, expresión además seguida de alguna apelación al Estado de derecho y la vigencia de la Democracia.”

No se por qué tengo la sensación de que esos conceptos son los que mas representan la forma en que la derecha definió su modelo de gobierno.

Permítanme interpretar

“Aplicaremos el Estado de Derecho en La Araucania” , debo leer que; para eso tendremos que valernos de políticas aún mucho mas represivas contra los integrantes del pueblo mapuche que con su lucha ‘amenacen’ nuestro concepto de Estado de Derecho.

“Manejaremos los movimientos sociales siempre bajo un concepto de democracia”, vale decir, desarticularemos cualquier movimiento que haga peligrar nuestra fingida democracia.

“Estableceremos un gobierno de Unidad Nacional”, entonces, aplicaremos la represión a los que en algún momento se nieguen a aceptar nuestros pactos.

Al parecer eso olvidaron aclarar los voceros de la derecha cuando manejaron esos conceptos……

Isaac Gajardo©

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