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jueves, 27 de febrero de 2014

El ‘Caracazo’: cuando los pobres de Venezuela dijeron basta

Hoy pareciera que es una moda hablar de Venezuela, sobretodo cuando desde principios del mes de febrero se vienen realizando diversas manifestaciones donde la oposición se ha propuesto como objetivo sacar del poder al presidente democráticamente elegido, Nicolás Maduro.  Pero el mes de febrero para Venezuela está lleno de historia. Y es que en 1989, en este mismo mes, se produjo uno de los levantamientos más importantes de la historia reciente de este país: el Caracazo. En esa oportunidad, se alzaron en las calles de Caracas las clases empobrecidas por los sucesivos gobiernos de los partidos socialdemócratas y de derecha, que aplicaron una serie de políticas neoliberales privatizadoras, ordenadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI). El pueblo cuestionaba que siendo uno de los países más ricos de América Latina, por tener una cantidad impresionante de petróleo, las políticas del gobierno de Carlos Andrés Pérez tendieran a la privatización de las empresas del Estado y la precarización del trabajo.

Las protestas comenzaron un 27 de febrero, con saqueos, barricadas y diversas concentraciones. Los pobres marchaban desde la periferia al centro de Caracas, comenzaban a levantarse, a molestar al poder. Por esto mismo el gobierno decidió reaccionar. Así, el 28 de febrero se produce uno de los hechos más brutales de la historia de esta república caribeña: policías, militares y agentes del gobierno abren fuego contra miles de manifestantes. En el momento, el gobierno reconoce haber ordenado directamente la represión y da cuenta de 300 muertos y más de mil heridos, pero cifras de investigaciones posteriores hablan incluso de más de 3 mil 500 muertos, que empaparon las calles de Caracas de la sangre de los pobres, de los que solo pedían una mejor calidad de vida y justicia social.

En el momento, Estados Unidos y la Organización de Estados Americanos no condenó la acción del gobierno venezolano, sino que criticó la ola de protestas, llamando a los ciudadanos a la calma y a aceptar las imposiciones del FMI. Ninguna organización como Human Rights Watch o Amnistía Internacional criticó tan abiertamente las protestas, pero tampoco condenaron al gobierno. Los medios de comunicación nacionales e internacionales transmitieron las imágenes posteriores a los saqueos y a la matanza, justificando las acciones represivas dictadas por el gobierno. Todo esto generó las condiciones para que el presidente Carlos Andrés Pérez declarara Estado de Emergencia y aplicara toque de queda en las principales ciudades del país, militarizándolas y ordenando detenciones arbitrarias de centenares de dirigentes sociales. Específicamente en Caracas, el gobierno aplicó el denominado “Plan Ávila”, que consistió en que el ejército se hizo cargo del control total de la ciudad, haciendo uso de armamento de guerra para controlar a los manifestantes. La represión se concentró en los barrios pobres de la capital, mientras que los barrios del este, los de los ricos, fueron cercados para que los pobres no pudieran acceder a ellos. El saldo de fallecidos por el terrorismo de Estado aplicado durante esos días fue de al menos 400 personas, todo esto a vista y paciencia de la comunidad internacional, que solo se limitó a rechazar los hechos de violencia y apoyar al gobierno y las políticas del FMI.

Después de esto, la historia de Venezuela cambiaría por completo. En 1992 un grupo de civiles y militares decide intentar un Golpe de Estado contra los herederos de la represión del Caracazo. Liderados por un joven militar seguidor de las ideas de Simón Bolívar, Hugo Chávez, fracasan, pero el pueblo ya comenzaba a canalizar lo que en el Caracazo había sido una explosión popular temporal, organizándose en diferentes grupos políticos que en febrero de 1999 llevarían a la presidencia al mismo personaje que en 1992 había liderado el intento de golpe que pretendía liberar, por una vía antidemocrática, al pueblo venezolano de la opresión de las políticas neoliberales y de los gobiernos socialdemócratas y de ultra derecha. Durante casi una década el pueblo se organizó para socavar el poder de forma democrática y en 1999 llegar al Palacio Miraflores encarnado en el rostro de Hugo Chávez, quien fue el encargado de liderar lo que hoy es la Revolución Bolivariana.

Como todo proceso social, naturalmente que la Revolución Bolivariana ha tenido vicios y conflictos. Como toda democracia, naturalmente que la venezolana necesita de perfeccionamientos y posee ciertos problemas. Pero las clases oligárquicas no se han quedado tranquilas durante estos años. Así, los mismos que ordenaron las masacres del Caracazo en febrero de 1989, en abril de 2002 orquestaron un golpe de Estado que pretendió sacar del poder a Chávez, pero fue el mismo pueblo el que en las calles salió a defender el gobierno que ellos habían elegido y del que ellos eran parte esencial. Ahora, en febrero de 2014, los mismos que en los años del Caracazo ordenaron a los agentes del Estado asesinar a miles de venezolanos, han convocado a una serie de masivas protestas contra el gobierno del sucesor de Hugo Chávez, Nicolás Maduro. La prensa internacional, los organismos de Derechos Humanos, la OEA y el gobierno de Estados Unidos ha criticado duramente al gobierno, cuando el 12 de febrero se produjeron 3 muertes en medio de la violencia desatada en las calles de las principales ciudades del país. Y hay que decirlo, estamos en presencia de un claro intento de desestabilización que tiene como objetivo, lograr un golpe de Estado que termine con la Revolución Bolivariana iniciada en ese estallido social de 1989.

Hoy ese mismo este de la ciudad de Caracas, que durante febrero de 1989 era cercado por los agentes del Estado para que los pobres no pudieran llegar donde viven los ricos, se llena de barricadas, son los ricos los que salen a la calle a protestar contra el gobierno. Muchos lo hacen sin ningún objetivo golpista de fondo, es claro que el gobierno de Maduro ha presentado diversos problemas de organización y el manejo de la crisis alimentaria que vive el país desde hace un par de años ha sido deficiente, por eso muchos se encuentran en las calles. Pero otro porcentaje alto de manifestantes lo hace con un sentido de clase: pretenden volver a recuperar el poder que comenzaron a perder desde el Caracazo de 1989 y del que fueron mayormente despojados desde que Hugo Chávez asumió el poder en 1999, por mandato popular.

Teniendo clara la situación anterior, no puedo dejar de decir que hay quienes, en su ceguera ideológica, pretenden decir que en Venezuela no ocurre nada, que todo esta bien y que lo que en los medios se dice es parte de la propaganda imperialista que pretende generar las condiciones para un golpe de Estado. Si bien es clara la posición de algunos medios, notoriamente a favor de un golpe, no podemos obviar que el gobierno que precedió al de Hugo Chávez ha presentado durante todo este tiempo una serie de errores que hoy se están comenzando a visualizar de manera mucho más clara. La burocracia construida desde el aparato estatal se ha profundizado mucho más, dando espacio para la corrupción y el enriquecimiento de lo que podríamos llamar “la boliburguesía”, esas personas que se han enriquecido gracias a ciertas políticas de la revolución bolivariana. Y decir esto no significa el derrumbe del proceso, sino todo lo contrario.

El comprender los problemas y las crisis por las que atraviesa un proceso político que en su generalidad ha sido positivo para la mayoría de los venezolanos, abre la ventana a la posibilidad de solucionar estos conflictos y seguir avanzando, continuar haciéndole frente a los que nunca se quedarán tranquilos al ver que sus riquezas y que su poder ha sido socavado por las masas populares que en algún momento, por allá por febrero de 1989, se alzaron en las calles de Caracas y dijeron basta.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Mandela, el subversivo

La tarde de este jueves falleció Nelson Mandela, luego de desarrollar su última lucha que lo tuvo durante varios meses internado en un hospital de Sudáfrica. El mundo se conmocionó. Bastaba ver twitter y facebook, en donde gran cantidad de personas, de todas las edades y tendencias políticas, compartían y publicaban fotos del ex líder de la lucha contra la opresión a la población negra en África, de esa opresión que se consolidó a sí misma con la marginación, conocida mundialmente como el régimen del Apartheid. Pero hay una imagen que se vende de esta gran persona, una parecida a la que vemos en los estampados del Che Guevara que se plasman en las poleras que venden grandes transnacionales de la moda. Esa imagen que comercializan los medios de comunicación que se centran principalmente en el pacifismo, en vender la idea de un personaje que siempre abogó por la paz y la reconciliación. Y sí, Mandela luchó por esas causas, pero antes que eso, hizo acciones que la prensa no las dice. Fue un subversivo, se alzó contra la discriminación, contra la opresión, se levantó contra el Apartheid.

Pese a lo que muchos podrán decir, Mandela comenzó su vida política en 1944 afiliándose al Congreso Nacional Africano (African National Congress, ANC), que como partido desarrolló un trabajo conjunto con el Congreso de Sindicatos de Sudáfrica y el Partido Comunista Sudafricano, estableciéndose como objetivo el luchar contra el modelo que oprimía a las mayorías negras en este país. Ascendió rápidamente al cargo de Secretario General de la Liga Juvenil del Congreso Nacional Africano (ANCYL), en 1948, liderando ya en 1952 una de las campañas más conocidas del movimiento contra el Apartheid, llamada “Defiance” (Rebeldía), que promovía la desobediencia civil contra las políticas y leyes que ejercieran algún tipo de discriminación contra la población negra. Bajo esta campaña, el partido ANC pasó a convertirse en la principal fuerza política del país, pasando de 7 mil afiliados a más de 100 mil.  Desde ahí comenzó la persecución a su figura. En 1956, luego de todos esos logros, Nelson será acusado de traición a la Patria y en 1960, tras la denominada Matanza de Sharpeville, que terminó con 69 muertos, más de 200 heridos y alrededor de 18.000 personas detenidas y enviadas a campos de concentración del régimen, el ANC es proscrito y Mandela, como dirigente de este grupo, pasa a la clandestinidad, liderando, como Comandante en Jefe, el movimiento armado “Umkhonto we Sizwe” (“Punta de lanza de la Nación”). Así, después de viajar por Europa y otras partes de África, denunciando la opresión que se vivía en su país y solidarizando con las luchas que se estaban dando en otros países, Mandela es detenido en agosto de 1962, acusado de liderar un grupo subversivo que promovía la desestabilización del régimen que se sostenía en base a la marginación de un grupo mayoritario de la población. El dirigente sudafricano reconocería en el futuro, que no se arrepentía de haber emprendido la lucha armada, reconociendo que para ese momento, era necesaria.

De esta forma, Nelson Mandela pasó más de 27 años en prisión, por llamar a levantarse contra un sistema opresor, por ser un subversivo, un terrorista, que después sería premiado por los mismos países que lo mantuvieron en prisión y resistencia por todo ese tiempo, con el Premio Nobel de la Paz. Incluso, Estados Unidos lo mantendría hasta hace pocos años en la lista de terroristas del mundo. Eduardo Galeano en su libro “Los Hijos de los Días”, escribe unas líneas dedicadas a Mandela. Titulando “Un terrorista menos” el escritor uruguayo dirá: “En el año 2008, el gobierno de los Estados Unidos decidió borrar a Nelson Mandela de la lista de terroristas Peligrosos. Durante sesenta años, el africano más prestigioso del mundo había integrado ese tenebroso catálogo.”

Por todo esto, cuando veo lo que ocurre luego de la muerte del líder sudafricano, me pregunto ¿qué ganan los medios promoviendo una imagen que es correcta, pero que no representa realmente lo que fue la vida de Mandela? Propongo desarrollar un ejercicio que es en sí mismo, recordar a este personaje con el ejemplo: rebelarse contra la visión completamente pacifista que nos entrega la prensa respecto a él, rescatar su ejemplo de lucha, al libertario, al sublevado, al que planteaba que era necesario subvertir el orden opresor, utilizando como principal estrategia el no acatar las normas que imponían la discriminación. Rescatemos al Mandela que se establece como ejemplo de desobediencia civil.

Nelsón pasó 27 años en prisión por alzar la voz y denunciar las injusticias del mundo en el que vivía, cuando en Sudáfrica se imponía un régimen en donde el silencio era obligatorio. Fue apresado, no por pacifista, sino que por soñar con una sociedad diferente, tolerante y democrática. Fue torturado, no por promover la reconciliación, sino que por alentar la rebeldía de los pueblos y solidarizar con todas las luchas libertarias del mundo, fueran socialistas, comunistas o simplemente progresistas. Fue obligado a realizar trabajos forzados, no por llamar a la tranquilidad, sino que por promover la desobediencia civil y participar directamente de acciones contra el Apartheid. Después de eso supo reconocer que los tiempos habían cambiado y cuando la discriminación racial en África comenzaba a convertirse en una cosa del pasado, Mandela no se quedó tranquilo y siguió luchando por un mundo más justo, promoviendo la paz y la reconciliación, pero también validando las acciones de los pueblos que se alzan contra el orden establecido por una minoría que desea mantenerse en el poder a costa del empobrecimiento y discriminación a las mayorías.

Mandela no ha muerto, Mandela sigue vivo en las luchas de los oprimidos y marginados, de todas las personas que siguen peleando en el mundo contra diversos tipos de Apartheid. Aun podremos encontrar a Nelson en los indígenas que resisten a la colonización económica y cultural de la globalización; podremos verlo en los ojos de esas millones de mujeres que luchan por mayor igualdad; en las banderas de los movimientos LGBT, que recorren el mundo con sus consignas por el reconocimiento y valoración de la diversidad; en los rostros de los pobres del mundo, en los sin casa, en los que luchan por una vida digna.

viernes, 15 de octubre de 2010

EEUU se siente amenazado e intenta volver a su estrategia golpista en América Latina

Hay que llamar las cosas por su nombre: lo ocurrido en Ecuador fue un intento de golpe de Estado contra un Gobierno legalmente constituido y que ha sido ratificado popularmente una y otra vez. ¿Quién puede creer en una asonada policial por reivindicaciones salariales? Ya no hay duda de ello: otras fuerzas, otros intereses ocultos actuaron y siguen actuando en la sombra contra la Revolución Ciudadana. Tras bastidores, en primer término, están las cloacas mediáticas de Ecuador, con el abierto apoyo de sus pares en todo el mundo: CNN, por ejemplo, hablaba el 30 de septiembre de un golpe de Estado “constitucional”.” *el 30 se septiembre al que se refiere la cita es el del año 2008, con el intento de golpe de Estado a Evo Morales.
Hugo Chavez Frías (Las Lineas de Chavez)

Misteriosamente todos los presidentes que aparecen en la fotografía, miembros del Alba,
han sufrido en el ultimo tiempo intentos de golpes de Estado coordinados directamente
por Estados Unidos.

“Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos”, decía el grupo musical chileno Los Prisioneros hace ya bastantes años atrás. Esa canción hizo pensar a muchas personas sobre el sistema de dominación en el que estábamos inmersos en ese tiempo, sistema que aun se mantiene en algunos países como Chile, Perú o Colombia. Hace algunos días cuando observaba por televisión lo que ocurría en Ecuador, donde se produjo el alzamiento de una parte de las fuerzas armadas y la policía, pensaba en mi casa: esto claramente se esta convirtiendo en un golpe de Estado.

Los pasos a seguir estaban tan bien coordinados, que se me ocurrió que abajo de la franja de transmisión de CNN saldría “cualquier parecido con los demás golpes de Estado o intentos de golpe ocurridos en el ultimo tiempo es mera coincidencia”.

El presidente democrático Rafael Correa, recién operado de una de sus piernas, acudió al lugar del alzamiento, lo que constituyó un acto de valentía que recalqué en todos los lugares donde pude, pero también constituyó la demostración de que esto no era un simple alzamiento por reivindicaciones de la policía y de los militares, era un claro intento de tomarse el poder por la vía armada y militarizada, una clara ofensiva en contra de la decisión del pueblo ecuatoriano que ha respaldado a su presidente en variadas oportunidades. La ultraderecha latinoamericana, con el apoyo de Estados Unidos, nuevamente intentaba dar un golpe a los gobiernos que no se subordinan a los intereses del gran empresariado y las multinacionales.

El análisis es bastante rápido y corto: Estados Unidos ha sacado a relucir los mismos métodos que implementaron en el pasado contra cualquier país que no quisiera obedecerles, los golpes de Estado. Desde Washington deben tener bastante claro que la ultraderecha no llegará al poder por la vía electoral en ninguno de estos países en los que se han producido este tipo de hechos últimamente.

Lo que creen los que manipulan estas acciones golpistas desde Estados Unidos es que no nos daremos cuenta que están ocupando la misma estrategia en todos los países en donde han intentado tomarse el poder en esta primera década del siglo XXI. La estrategia es clara: utilizar a un actor de la sociedad para tomarse el poder, sin lideres principales, como si se tratara de una mera rebelión temporal, de esta forma se produce el rapto de los presidentes (ejemplo: Honduras 2009, Bolivia 2008, Venezuela 2003) quedando el Poder Ejecutivo sin su presidente y se procede a nombrar a un “presidente de facto”, civil que misteriosamente siempre termina teniendo algún nexo con Estados Unidos.

Lo que esta ocurriendo con estos sucesivos intentos de golpe de Estado en Venezuela, Ecuador, Bolivia, entre otros, es solamente el interes desesperado de Estados Unidos de continuar con su politica de que Latinoamerica sea el “pueblo al sur de Estados Unidos”. Obviamente no les conviene el éxito de organizaciones como la Unasur o el Alba, los que son de la expresion de la maxima integracion latinoamericana y la verdadera independencia de nuestros pueblos del yugo que impuso Estados Unidos en las dictaduras de los '70 y '80 a traves de todo el continente.

Lo que ocurrió en Honduras el año pasado es un hecho triste, la estrategia de Estados Unidos dio resultado, pero en Venezuela, Bolivia y Ecuador no lo han logrado solo gracias a la rápida acción del pueblo. La demostración de un pueblo educado y dispuesto a defender su propia decisión ha quedado de manifiesto en la resistencia de estos pueblos a los intentos golpistas emprendidos por Estados Unidos. Ahora solo nos queda permanecer atentos, ya que las garras de los poderosos no se detendrán en nuestra Latinoamérica para seguir atentando contra la libre decisión de sus pueblos de independizarse de una vez por todas y de autogobernarse.

Isaac Gajardo ©

jueves, 29 de julio de 2010

Uribe divide al hemisferio





Raúl Sohr
Sociólogo, Analista internacional y Columnista de La Nación

La guerra interna que vive Colombia, desde hace décadas, ya no es sólo un asunto doméstico. En forma creciente, la lucha entre el gobierno y los insurgentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se ha proyectado a la región. Con los países vecinos, Venezuela, Ecuador y Brasil, como los principales afectados.

El Presidente colombiano, Álvaro Uribe, reivindicó el principio de la soberanía nacional para instalar bases estadounidenses en su territorio. En su opinión, cada país es dueño de firmar acuerdos militares con quien le parezca conveniente. Esta visión no es compartida por dos de sus vecinos: Venezuela y Ecuador. El Presidente venezolano, Hugo Chávez, ha declarado que la decisión de Bogotá equivale a una "cabecera de playa de la estrategia de contención yanqui en la América del Sur y, por supuesto, su base de operaciones. De hecho, estas nuevas bases militares constituyen un peligro real y concreto contra la soberanía y la estabilidad de la región sudamericana. Son puntas de lanza del nuevo coloniaje". Por su parte, Rafael Correa, el Presidente ecuatoriano, que el 17 de julio cerró definitivamente la base militar de Manta, desde la que operaban fuerzas estadounidenses, no aprueba que las mismas misiones que vedó en su territorio se desplacen al otro lado de su frontera norte. Correa cree que Washington jugó un papel clave en el ataque contra su país que culminó con la muerte de "Raúl Reyes", el encargado de las relaciones internacionales de las FARC. En marzo de 2008, aviones y comandos colombianos penetraron a Ecuador para atacar un campamento clandestino de los guerrilleros. En la ocasión, Uribe ignoró la soberanía ecuatoriana y reivindicó el derecho a las acciones bélicas preventivas que había puesto en boga el Presidente George W. Bush. El hecho abrió una aguda polémica, ya que muchos gobiernos temieron un retorno a los tiempos en que primaba la seguridad nacional por sobre toda otra consideración. En aras de la lucha contra los enemigos del Estado fueron ignoradas fronteras y se practicaron asesinatos y secuestros de insurgentes así como de disidentes. Incluso se realizaron atentados en Washington como el que costó la vida al chileno Orlando Letelier.

El debate sobre las proyectadas bases se debe en parte a la total opacidad del gobierno de Uribe para explicar cuál será su función. Según algunas versiones, se garantiza la autonomía estadounidense en "operaciones que trasciendan las fronteras colombianas". El Pentágono tendrá un acceso exclusivo a esas instalaciones para actuaciones de inteligencia sobre los países vecinos. Por su parte, el general Freddy Padilla de León, que lleva las negociaciones con Estados Unidos por cuenta de Colombia, afirmó que se trata de un acuerdo de diez años y que las cinco instalaciones que incluyen bases navales y aéreas serán empleadas sólo para la lucha antinarcóticos. Según el oficial, las instalaciones militares son colombianas y los estadounidenses podrán tener acceso a ellas en dicha condición.

Las tardías explicaciones no han disipado la desconfianza ante un régimen que ha llevado adelante una guerra sucia de proporciones mayores. Por cada insurgente muerto, los uniformados colombianos reciben estímulos monetarios. Tan generalizado es el exterminio de inocentes que en la jerga castrense se los llama los "falsos positivos". Se estima que más de 1.500 personas han sido asesinadas por agentes del Estado por esta vía.

Una pregunta que surge es ¿cuál ha sido la eficacia del Plan Colombia que desde 2000 ha transferido más de siete mil millones de dólares para la lucha contra el narcotráfico, las FARC y otras organizaciones irregulares?

Si luego de la formidable inyección de recursos, que ha permitido casi doblar el tamaño de las fuerzas armadas, Uribe, que gobierna desde 2002, aún requiere de la presencia física de tropas norteamericanas es porque todavía no ejerce pleno control sobre el país. Es una paradoja invitar a fuerzas foráneas invocando el principio de la soberanía nacional. Abrir las puertas para la instalación de bases militares extranjeras que se proyectan más allá de las fronteras, como ocurre con las tareas de inteligencia, es un tema de legítima preocupación para los países de la región. También es importante escuchar la voz de Washington en esta materia. Es la inercia de las políticas de Bush aplicadas en forma burocrática por el Pentágono o es una nueva iniciativa de presencia militar. Como ocurre con las personas, la soberanía nacional termina cuando se afecta a la soberanía de terceros. Si otros países se sienten amenazados por la decisión de Uribe, el tema ha dejado de ser un asunto que compete sólo al gobierno colombiano. Las autoridades en Bogotá y Washington deben poner en la balanza los beneficios de las proyectadas bases frente a un clima de suspicacia. Después de todo, Estados Unidos no ha firmado un tratado de libre comercio con Colombia por los abusos a los derechos humanos. Con la llegada a la Casa Blanca del Presidente Barack Obama, la integración hemisférica podría tomar el prometido cauce del poder inteligente (smart) antes que la tradicional proyección del poder duro.


Las botas al revés Como se observa en la foto, esta víctima tiene las botas puestas al revés. Para los investigadores era claro que nadie camina con botas al revés y mucho menos va a combate así. Botas Nuevas Los seis cuerpos tienen otro denominador común: usaban botas pantaneras completamente nuevas. La suelas no tienen tierra a pesar de que se supone que el combate se presentó sobre un terreno arenoso. Claramente un "Falso positivo".