Hoy pareciera que es una moda hablar de Venezuela, sobretodo
cuando desde principios del mes de febrero se vienen realizando diversas
manifestaciones donde la oposición se ha propuesto como objetivo sacar del
poder al presidente democráticamente elegido, Nicolás Maduro. Pero el mes de febrero para Venezuela está
lleno de historia. Y es que en 1989, en este mismo mes, se produjo uno de los
levantamientos más importantes de la historia reciente de este país: el
Caracazo. En esa oportunidad, se alzaron
en las calles de Caracas las clases empobrecidas por los sucesivos gobiernos de
los partidos socialdemócratas y de derecha, que aplicaron una serie de
políticas neoliberales privatizadoras, ordenadas por el Fondo Monetario
Internacional (FMI). El pueblo cuestionaba que siendo uno de los países más
ricos de América Latina, por tener una cantidad impresionante de petróleo, las
políticas del gobierno de Carlos Andrés Pérez tendieran a la privatización de las
empresas del Estado y la precarización del trabajo.
Las protestas comenzaron un 27 de febrero, con saqueos,
barricadas y diversas concentraciones. Los pobres marchaban desde la periferia
al centro de Caracas, comenzaban a levantarse, a molestar al poder. Por esto mismo el gobierno decidió reaccionar. Así, el 28 de febrero se produce uno de
los hechos más brutales de la historia de esta república caribeña: policías,
militares y agentes del gobierno abren fuego contra miles de manifestantes. En
el momento, el gobierno reconoce haber ordenado directamente la represión y da
cuenta de 300 muertos y más de mil heridos, pero cifras de investigaciones
posteriores hablan incluso de más de 3 mil 500 muertos, que empaparon las
calles de Caracas de la sangre de los pobres, de los que solo pedían una mejor
calidad de vida y justicia social.
En el momento, Estados Unidos y la Organización de Estados
Americanos no condenó la acción del gobierno venezolano, sino que criticó la
ola de protestas, llamando a los ciudadanos a la calma y a aceptar las
imposiciones del FMI. Ninguna organización como Human Rights Watch o Amnistía
Internacional criticó tan abiertamente las protestas, pero tampoco condenaron al gobierno. Los medios de
comunicación nacionales e internacionales transmitieron las imágenes posteriores
a los saqueos y a la matanza, justificando las acciones represivas dictadas por
el gobierno. Todo esto generó las condiciones para que el presidente Carlos
Andrés Pérez declarara Estado de Emergencia y aplicara toque de queda en las
principales ciudades del país, militarizándolas y ordenando detenciones arbitrarias de centenares de dirigentes sociales. Específicamente en Caracas, el gobierno aplicó el
denominado “Plan Ávila”, que consistió en que el ejército se hizo cargo del
control total de la ciudad, haciendo uso de armamento de guerra para controlar
a los manifestantes. La represión se concentró en los barrios pobres de la
capital, mientras que los barrios del este, los de los ricos, fueron cercados
para que los pobres no pudieran acceder a ellos. El saldo de fallecidos por el
terrorismo de Estado aplicado durante esos días fue de al menos 400 personas,
todo esto a vista y paciencia de la comunidad internacional, que solo se limitó
a rechazar los hechos de violencia y apoyar al gobierno y las políticas del
FMI.
Después de esto, la historia de Venezuela cambiaría por
completo. En 1992 un grupo de civiles y militares decide intentar un Golpe de
Estado contra los herederos de la represión del Caracazo. Liderados por un
joven militar seguidor de las ideas de Simón Bolívar, Hugo Chávez, fracasan, pero el pueblo ya comenzaba a canalizar lo que en
el Caracazo había sido una explosión popular temporal, organizándose en
diferentes grupos políticos que en febrero de 1999 llevarían a la presidencia
al mismo personaje que en 1992 había liderado el intento de golpe que pretendía
liberar, por una vía antidemocrática, al pueblo venezolano de la opresión de
las políticas neoliberales y de los gobiernos socialdemócratas y de ultra
derecha. Durante casi una década el pueblo se organizó para socavar el poder de
forma democrática y en 1999 llegar al Palacio Miraflores encarnado en el rostro
de Hugo Chávez, quien fue el encargado de liderar lo que hoy es la Revolución
Bolivariana.
Como todo proceso social, naturalmente que la Revolución
Bolivariana ha tenido vicios y conflictos. Como toda democracia, naturalmente
que la venezolana necesita de perfeccionamientos y posee ciertos problemas. Pero las clases oligárquicas no se han quedado tranquilas durante estos años. Así, los
mismos que ordenaron las masacres del Caracazo en febrero de 1989, en abril de
2002 orquestaron un golpe de Estado que pretendió sacar del poder a Chávez,
pero fue el mismo pueblo el que en las calles salió a defender el gobierno que
ellos habían elegido y del que ellos eran parte esencial. Ahora, en febrero de
2014, los mismos que en los años del Caracazo ordenaron a los agentes del
Estado asesinar a miles de venezolanos, han convocado a una serie de masivas
protestas contra el gobierno del sucesor de Hugo Chávez, Nicolás Maduro. La
prensa internacional, los organismos de Derechos Humanos, la OEA y el gobierno
de Estados Unidos ha criticado duramente al gobierno, cuando el 12 de febrero
se produjeron 3 muertes en medio de la violencia desatada en las calles de las
principales ciudades del país. Y hay que decirlo, estamos en presencia de un
claro intento de desestabilización que tiene como objetivo, lograr un golpe de
Estado que termine con la Revolución Bolivariana iniciada en ese estallido
social de 1989.
Hoy ese mismo este de la ciudad de Caracas, que durante
febrero de 1989 era cercado por los agentes del Estado para que los pobres no
pudieran llegar donde viven los ricos, se llena de barricadas, son los ricos
los que salen a la calle a protestar contra el gobierno. Muchos lo hacen sin
ningún objetivo golpista de fondo, es claro que el gobierno de Maduro ha
presentado diversos problemas de organización y el manejo de la crisis
alimentaria que vive el país desde hace un par de años ha sido deficiente, por
eso muchos se encuentran en las calles. Pero otro porcentaje alto de
manifestantes lo hace con un sentido de clase: pretenden volver a recuperar el
poder que comenzaron a perder desde el Caracazo de 1989 y del que fueron
mayormente despojados desde que Hugo Chávez asumió el poder en 1999, por
mandato popular.
Teniendo clara la situación anterior, no puedo dejar de
decir que hay quienes, en su ceguera ideológica, pretenden decir que en
Venezuela no ocurre nada, que todo esta bien y que lo que en los medios se dice es parte
de la propaganda imperialista que pretende generar las condiciones para un
golpe de Estado. Si bien es clara la posición de algunos medios, notoriamente a
favor de un golpe, no podemos obviar que el gobierno que precedió al de Hugo
Chávez ha presentado durante todo este tiempo una serie de errores que hoy se
están comenzando a visualizar de manera mucho más clara. La burocracia
construida desde el aparato estatal se ha profundizado mucho más, dando espacio
para la corrupción y el enriquecimiento de lo que podríamos llamar “la
boliburguesía”, esas personas que se han enriquecido gracias a ciertas políticas
de la revolución bolivariana. Y decir esto no significa el derrumbe del
proceso, sino todo lo contrario.
El comprender los problemas y las crisis por
las que atraviesa un proceso político que en su generalidad ha sido positivo
para la mayoría de los venezolanos, abre la ventana a la posibilidad de
solucionar estos conflictos y seguir avanzando, continuar haciéndole frente a
los que nunca se quedarán tranquilos al ver que sus riquezas y que su poder ha
sido socavado por las masas populares que en algún momento, por allá por
febrero de 1989, se alzaron en las calles de Caracas y dijeron basta.


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Haga su aporte a la discusión!