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sábado, 23 de febrero de 2019

Elliot Abrams, "la bestia" contra Venezuela

Hace algunas semanas, Donald Trump nombró a Elliot Abrams como Encargado del Departamento de Estado para Venezuela. Durante los siguientes días, medios como NTN24, CNN y la prensa chilena han hablado de Abrams como "un exitoso diplomático que, luego de retirado, volvió para ayudar con el conflicto en Venezuela”. Y ¿en serio nos dicen que "volvió para ayudar"? ¿En qué podría ayudar el historial criminal, golpista, antidemocrático y asesino de este hombre?

Es pública y sancionada su participación en las brutales violaciones a los DDHH que se cometieron en centroamérica durante el gobierno de Ronald Reagan, en donde EEUU combatió a la revolución nigaragüense con recursos ilegales de la venta de armas a Irán y drogas al Cartel de Medellín. Así mismo, el estreno de las operaciones encubiertas en territorios en donde no tenían soberanía, sería una práctica que Abrams probaría en países como Guatemala o El Salvador, eliminando a diversos dirigentes políticos y sociales ligados a movimientos de izquierda. Todas estas tácticas serían posteriormente usadas en las operaciones estadounidenses en Medio Oriente y otras latitudes.

Por todo lo anterior, este sujeto -conocido en los pasillos de la Casa Blanca como "la bestia", por su forma calculadora, fría y despiadada de abordar los conflictos internacionales, fue condenado. Incluso reconoció ante el Congreso que había falsificado y alterado informes para mentir sobre su implicancia en la venta de armas a Irán para financiar a la Contra nicaragüense.

Como si toda esta historia no fuera suficiente, en el gobierno de George W. Bush "la bestia" recibió un indulto por su condena anterior y se unió al equipo que planificó el golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002. Así mismo, fue uno de los artífices principales de las invasiones a Afganistan e Irak, luego del 11 de septiembre de 2001, en las que se ha comprobado que el gobierno de EEUU actuó impulsado solamente por el interés de las transnacionales petroleras, para saquear los recursos de estos países a costa de las muertes de millones de personas y la instalación de una doctrina de gobierno global basada en el terrorismo de Estado, la restricción de libertades y las violaciones sistemáticas de los Derechos Humanos.

Con todo esto, ¿en serio quieren que pensemos que un sujeto así viene a "ayudar" a una salida democrática al conflicto venezolano? Sobre la idea de que ha sido un "diplomático exitoso" no cabe duda, porque todos sus planes macabros han funcionado, pero por favor, miremos la historia, aprendamos de un guión que se está repitiendo y el Estado chileno está siendo cómplice de una nueva ofensiva en donde la oligarquía estadounidense busca oxigenarse apropiándose de los recursos soberanos de otra nación. Hoy por hoy, dentro del "bloque democrático" que han conformado países como Colombia, Chile, Perú y Estados Unidos, lo que menos importa es el sufrimiento del pueblo venezolano (que nadie debería dudar que es real), sino que estamos en presencia de una estrategia en donde un grupo de gobiernos pretende legitimar una intervención que tiene -en el fondo- el mismo impulso que ya hemos conocido a lo largo de toda la historia del imperialismo estadounidense.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Con qué fin... A 12 años de la desaparición de José Huenante

José Huenante Huenante es un joven que nació el 1 de noviembre de 1988 en la ciudad de Puerto Montt, en sur de Chile. Ahí se crió en un clima de pobreza y escasez, que forzó a su madre a salir de la ciudad y dirigirse a Santiago a trabajar como asesora del hogar. La historia de la infancia de José es la de muchas niñas y niños chilenos: se desescolarizó tempranamente, fue a vivir con una tía e intentó trabajar y hacer algún dinero para poder aportar a los gastos de la nueva casa en donde vivía. Sus amigos y familia dicen que siempre quizo volver a estudiar, pero las condiciones no lo permitieron. Primero hay que comer.
José Huenante Huenante
Cuando tenía 16 años, el 3 de septiembre de 2005, fue visto por última vez siendo golpeado y detenido por una patrulla de Carabineros en medio de un operativo que desplegó a tres automóviles llenos de policías civiles y uniformados. Desde ese día, la lucha incesante de su familia y amigos no ha tenido respuesta por parte de las instituciones del Estado chileno. Han pasado 12 años y el gobierno de Michelle Bachelet, en su primer periodo en ese entonces, no desarrolló ninguna acción concreta para esclarecer el hecho y llegar a la verdad, convirtiendo a José Huenante Huenante en el primer desaparecido después del fin de la dictadura cívico-militar. Así mismo, los gobiernos de Piñera y nuevamente Bachelet, han intentado bajarle el perfil a la grave situación, incluso cuando en 2013 esta última fue emplazada en medio de su campaña para ser electa en su segundo mandato y mandó a callar a quienes protestaban, asegurando que en democracia los problemas no se resuelven de esa forma. Tampoco evitando investigar desapariciones forzadas, se le olvidó a la Presienta.
Los medios de comunicación, actores principales en un cuadro democrático sano en donde las instituciones deberían estar bajo permanente cuestionamiento respecto de actuar, también guardaron silencio, un silencio que se hace cómplice del olvido, puesto que los convierte en partícipes activos del manto de impunidad que se ha intentado imponer en esta situación, en donde las policías han actuado como verdaderas mafias en contra de quienes han tenido la valentía de entregar informaciones que permitan esclarecer los hechos. Paralelo a eso, la alteración de bitácoras de viaje, informes policiales y versiones de los carabineros involucrados no han logrado llamar la atención y durante todo este tiempo el olvido se ha transformado en una aspiración para todas las instituciones cómplices de esta desaparición forzada.
Al cumplirse una docena de años desde la última vez en que se tuvo información del paradero de José, el programa Informe Especial, de TVN, emitió un reportaje titulado "¿Dónde está José Huenante? Desaparecido en democracia". Ahí se entrevista a un ex funcionario de Carabineros involucrado en su desaparición, quien se pregunta en algún momento "¿con qué fin vas a hacer desaparecer a una persona?", pretendiendo disipar sospechas. La inexistencia de un motivo fundado para la comisión de la desaparición forzada de José los ha salvado de ser condenados por todas las irregularidades cometidas, pero en la realidad, la violencia policial tiene móvil en sí misma, porque es una práctica normalizada en las instituciones del Estado chileno.
Ronnie Ibarra, Sargento en retiro de Carabineros que participó en el procedimiento durante la noche en la que desapareció José Huenante
La respuesta de un periodismo incisivo y no temeroso frente a ese policía mentiroso debería haber sido "entonces ¿con qué fin golpearon hasta la inconsciencia al otro detenido junto a José?", porque reportajes como este suelen omitir o mostrar como un detalle menor el hecho de que hubo otro menor de edad detenido la misma noche en que desaparece José y cuyo testimonio podría ser clave, pero fue tan golpeado por esos mismos carabineros que ahora sostienen un evidente pacto de silencio, que hoy no recuerda -o no quiere recordar- nada, cuestión comprensible dadas las brutales irregularidades, seguimientos y amedrentamientos por parte de agentes del Estado hacia quienes se han atrevido a dar su testimonio de lo ocurrido esa noche.
¿Con qué fin golpean a un menor de edad hasta la inconsciencia los policías que ahora se pintan de buenos? Pues con el mismo fin con el que hicieron desaparecer a José y con el mismo fin con el que han guardado silencio desde el 3 de septiembre del 2005, por 12 dolorosos años; con el mismo fin con el que los dos gobiernos de Michelle Bachelet y el de Piñera han sido cómplices activos de toda esta situación: la sucia protección de un Estado que viola sistemáticamente los Derechos Humanos de los más pobres y luego cubre sus huellas con mantos de impunidad y pactos de silencio.

viernes, 9 de diciembre de 2016

Entrevista con Revista Signos

A continuación un extracto en formato audiovisual de una entrevista que entregué para la Revista Signos, del Instituto Bartolomé de las Casas, en Lima. El espacio elegido para la sesión fue el Lugar de la Memoria y los Derechos Humanos, ubicado en la capital peruana.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Elecciones en Venezuela: la extraña dictadura y los extraños demócratas

Este domingo 6 de diciembre se celebran las elecciones parlamentarias en la República Bolivariana de Venezuela. Los medios de comunicación hegemónicos –situados a la derecha del espectro político- han anunciado con bombos y platillos que podría ser una oportunidad de la derecha para controlar la Asamblea Nacional, con mayoría revolucionaria desde que asumió Hugo Chávez el poder el 2 de febrero de 1999. Estos mismos medios que se han encargado de anunciar un supuesto “inminente triunfo” de la oposición, también han puesto en tela de juicio el proceso eleccionario, porque parece que solo si ellos ganan será considerado un proceso limpio y si no, tendrán la oportunidad de acusar fraude.

Y esta no es una actitud de ahora, ya que los mismos que hoy se ponen el traje de demócratas para atacar la supuesta dictadura chavista, son los artífices del golpe de Estado que en 2002 sacó a Hugo Chávez del poder durante 48 horas, hasta que la movilización popular en las calles y el ejército obediente al mandato popular -extraña cosa en la historia latinoamericana- devolvieron al depuesto presidente al poder. Los mismos que hoy se ponen traje de demócratas para acusar falta de libertad de expresión son quienes, en medio de ese golpe cerraron el Canal 8 (Venezolana de Televisión, la televisora pública) y una serie de radios para que no mantuvieran informada a la población y se generara una visión mentirosa y alterada de los hechos que supuestamente justificaban el golpe.

El golpe de Estado de 2002 terminó con los golpistas nuevamente en la oposición, hoy vistiéndose de demócratas.
Por otro lado nos encontramos con una extraña dictadura que en su constitución –plenamente vigente en este momento, realizada por una asamblea constituyente y aprobada en urnas por toda la población- establece un referéndum en cualquier momento del periodo presidencial, si el mandatario así lo quisiera o si el parlamento, con un quorum no muy alto, se lo solicitara. Fue así como la oposición logró en 2004 conseguir los votos para forzar a Chávez a someterse a este mecanismo. Entonces presenciamos, por primera vez en la historia de la humanidad, a un “dictador” sometiéndose al escrutinio de su pueblo, quien lo ratificó en el poder con el 59,1% de las preferencias. En ese momento delegaciones de observadores de Estados Unidos, la Unión Europea, la Organización de Estados Americanos e independientes invitados por el oficialismo y la oposición, validaron el proceso, reconociéndolo como una muestra de madurez democrática. Además, aprovecharon de calificar el sistema eleccionario venezolano (voto electrónico) como uno de los más seguros del mundo, en términos de dejar casi nula la posibilidad de fraude –ya que se realizan auditorías previas, en el momento y posterior a la elección, con presencia de representantes de todos los sectores participantes y observadores internacionales, además de miembros del Consejo Nacional Electoral, que constitucionalmente se articula como un poder del Estado-. Extrañamente son varias de esas mismas instituciones las que hoy se abren a hablar, anticipadamente, de una posibilidad de fraude, cuando el sistema electoral sigue siendo el mismo que anteriormente reconocieron y apoyaron.

Entonces, vale la pena cuestionarnos por qué los medios de comunicación, que debieran ser los mediadores entre una realidad particular, en este caso la venezolana, y el resto de la sociedad, han generado un relato completamente alejado de la realidad y hecho a la medida de quienes, reitero, hoy se disfrazan de demócratas.

Por último, dejar en claro que con lo anterior no quiero decir que la situación en Venezuela sea la panacea. Por supuesto que hay problemas, como en todos los países, pero solo hace un par de semanas acabo de llegar de un viaje de casi tres semanas por Caracas, en donde participé de diversas actividades académicas y pude conocer a revolucionarios, antirrevolucionarios, apáticos y desinteresados. Ahí me di cuenta de la forma en la que se ha construido el proceso revolucionario venezolano, que pasó de 1,5 millones de analfabetos a ser reconocido como un país libre de ese problema, en donde se desarrolla un fuerte plan de intervención al espacio urbano para generar más de un millón de viviendas para la población pobre, donde un país tan pequeño y latinoamericano se ubica en el quinto lugar en matrícula universitaria en el mundo, con más de 20 nuevos planteles estatales, gratuitos y de calidad creados desde 1999 hasta la fecha. Después de dar cuenta de todo eso puedo decir que los logros son visibles, que por más que se quiera vender una imagen caótica y servil a los intereses de las élites que han ido perdiendo su poder frente a los avances del pueblo, en el suelo venezolano, en el día a día, se sabe la realidad y se ven a simple vista los logros de la revolución.

También se ven otras cosas: la corrupción, la inseguridad, las filas para conseguir ciertos productos (principalmente de aseo personal), la inflación, etcétera. Sí, también se ve y sería bochornoso criticar a los medios que solo muestran una parte manipulada de la realidad y responder haciendo lo mismo de vuelta. Hay problemas y también se ven a simple vista. Pese a lo anterior, creo que el conflicto más grande está en la necesidad de repensar y replantear un proceso social y político que ya cumple 17 años y que, pasando a una etapa de madurez, necesita construir un nuevo relato, plantear un nuevo horizonte en donde las bases del proyecto político revolucionario sigan más vivas que nunca, pero se logre volver a reactivar la acción y el compromiso que caracterizó la primera época del proceso. Hoy la revolución, lo que los medios denominan “el chavismo” por toda esa demonización que se generó en torno a la figura de Hugo Chávez, enfrenta un gran desafío: generar un relato político que despierte nuevamente la revolución y perfeccione las malas decisiones que se pueden haber tomado en los últimos años. Pero frente a las elecciones, solo queda terminar con una frase del escritor Eduardo Galeano, quien conoció de cerca la realidad venezolana siendo corresponsal de prensa en este país durante un tiempo:

“Esos y otros muchos invisibles no están dispuestos a regresar a Nadalandia, que es el país donde habitan los nadies. Ellos han conquistado su país, que tan ajeno era… Hoy están en el gobierno y, por más que los medios alteren la realidad, no están dispuestos a irse y así lo demuestran en las urnas”.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Mandela, el subversivo

La tarde de este jueves falleció Nelson Mandela, luego de desarrollar su última lucha que lo tuvo durante varios meses internado en un hospital de Sudáfrica. El mundo se conmocionó. Bastaba ver twitter y facebook, en donde gran cantidad de personas, de todas las edades y tendencias políticas, compartían y publicaban fotos del ex líder de la lucha contra la opresión a la población negra en África, de esa opresión que se consolidó a sí misma con la marginación, conocida mundialmente como el régimen del Apartheid. Pero hay una imagen que se vende de esta gran persona, una parecida a la que vemos en los estampados del Che Guevara que se plasman en las poleras que venden grandes transnacionales de la moda. Esa imagen que comercializan los medios de comunicación que se centran principalmente en el pacifismo, en vender la idea de un personaje que siempre abogó por la paz y la reconciliación. Y sí, Mandela luchó por esas causas, pero antes que eso, hizo acciones que la prensa no las dice. Fue un subversivo, se alzó contra la discriminación, contra la opresión, se levantó contra el Apartheid.

Pese a lo que muchos podrán decir, Mandela comenzó su vida política en 1944 afiliándose al Congreso Nacional Africano (African National Congress, ANC), que como partido desarrolló un trabajo conjunto con el Congreso de Sindicatos de Sudáfrica y el Partido Comunista Sudafricano, estableciéndose como objetivo el luchar contra el modelo que oprimía a las mayorías negras en este país. Ascendió rápidamente al cargo de Secretario General de la Liga Juvenil del Congreso Nacional Africano (ANCYL), en 1948, liderando ya en 1952 una de las campañas más conocidas del movimiento contra el Apartheid, llamada “Defiance” (Rebeldía), que promovía la desobediencia civil contra las políticas y leyes que ejercieran algún tipo de discriminación contra la población negra. Bajo esta campaña, el partido ANC pasó a convertirse en la principal fuerza política del país, pasando de 7 mil afiliados a más de 100 mil.  Desde ahí comenzó la persecución a su figura. En 1956, luego de todos esos logros, Nelson será acusado de traición a la Patria y en 1960, tras la denominada Matanza de Sharpeville, que terminó con 69 muertos, más de 200 heridos y alrededor de 18.000 personas detenidas y enviadas a campos de concentración del régimen, el ANC es proscrito y Mandela, como dirigente de este grupo, pasa a la clandestinidad, liderando, como Comandante en Jefe, el movimiento armado “Umkhonto we Sizwe” (“Punta de lanza de la Nación”). Así, después de viajar por Europa y otras partes de África, denunciando la opresión que se vivía en su país y solidarizando con las luchas que se estaban dando en otros países, Mandela es detenido en agosto de 1962, acusado de liderar un grupo subversivo que promovía la desestabilización del régimen que se sostenía en base a la marginación de un grupo mayoritario de la población. El dirigente sudafricano reconocería en el futuro, que no se arrepentía de haber emprendido la lucha armada, reconociendo que para ese momento, era necesaria.

De esta forma, Nelson Mandela pasó más de 27 años en prisión, por llamar a levantarse contra un sistema opresor, por ser un subversivo, un terrorista, que después sería premiado por los mismos países que lo mantuvieron en prisión y resistencia por todo ese tiempo, con el Premio Nobel de la Paz. Incluso, Estados Unidos lo mantendría hasta hace pocos años en la lista de terroristas del mundo. Eduardo Galeano en su libro “Los Hijos de los Días”, escribe unas líneas dedicadas a Mandela. Titulando “Un terrorista menos” el escritor uruguayo dirá: “En el año 2008, el gobierno de los Estados Unidos decidió borrar a Nelson Mandela de la lista de terroristas Peligrosos. Durante sesenta años, el africano más prestigioso del mundo había integrado ese tenebroso catálogo.”

Por todo esto, cuando veo lo que ocurre luego de la muerte del líder sudafricano, me pregunto ¿qué ganan los medios promoviendo una imagen que es correcta, pero que no representa realmente lo que fue la vida de Mandela? Propongo desarrollar un ejercicio que es en sí mismo, recordar a este personaje con el ejemplo: rebelarse contra la visión completamente pacifista que nos entrega la prensa respecto a él, rescatar su ejemplo de lucha, al libertario, al sublevado, al que planteaba que era necesario subvertir el orden opresor, utilizando como principal estrategia el no acatar las normas que imponían la discriminación. Rescatemos al Mandela que se establece como ejemplo de desobediencia civil.

Nelsón pasó 27 años en prisión por alzar la voz y denunciar las injusticias del mundo en el que vivía, cuando en Sudáfrica se imponía un régimen en donde el silencio era obligatorio. Fue apresado, no por pacifista, sino que por soñar con una sociedad diferente, tolerante y democrática. Fue torturado, no por promover la reconciliación, sino que por alentar la rebeldía de los pueblos y solidarizar con todas las luchas libertarias del mundo, fueran socialistas, comunistas o simplemente progresistas. Fue obligado a realizar trabajos forzados, no por llamar a la tranquilidad, sino que por promover la desobediencia civil y participar directamente de acciones contra el Apartheid. Después de eso supo reconocer que los tiempos habían cambiado y cuando la discriminación racial en África comenzaba a convertirse en una cosa del pasado, Mandela no se quedó tranquilo y siguió luchando por un mundo más justo, promoviendo la paz y la reconciliación, pero también validando las acciones de los pueblos que se alzan contra el orden establecido por una minoría que desea mantenerse en el poder a costa del empobrecimiento y discriminación a las mayorías.

Mandela no ha muerto, Mandela sigue vivo en las luchas de los oprimidos y marginados, de todas las personas que siguen peleando en el mundo contra diversos tipos de Apartheid. Aun podremos encontrar a Nelson en los indígenas que resisten a la colonización económica y cultural de la globalización; podremos verlo en los ojos de esas millones de mujeres que luchan por mayor igualdad; en las banderas de los movimientos LGBT, que recorren el mundo con sus consignas por el reconocimiento y valoración de la diversidad; en los rostros de los pobres del mundo, en los sin casa, en los que luchan por una vida digna.

martes, 19 de noviembre de 2013

Los hambrientos piden pan, plomo les da la milicia

Habráse visto insolencia, barbarie y alevosía
de presentar el trabuco y matar a sangre fría
a quien defensa no tiene con las dos manos vacías, si.

Quién no escuchó alguna vez esa hermosa y directa canción de Violeta Parra que todos conocemos como "La Carta", pero que originalmente violeta la llamó "Los hambrientos piden pan". En este clásico tema se nos comentan las injusticias de un país en donde las autoridades optaron por la represión brutal, antes que por escuchar la voz de las y los trabajadores. Eso pasaba en los años '60 y lamentablemente la historia no ha cambiado mucho, pero sin duda vale la pena recordar un hecho que ocurrió un día como hoy, 19 de noviembre, pero en 1962, en la Población José María Caro. Una situación que muchos han olvidado, pero que fue la inspiración para escribir esta tonada de denuncia que realizó Violeta al enterarse de la situación.

Una fotografía de la matanza
Solemos recordar la Matanza de Santa María de Iquique, la del Seguro Obrero o la realizada por el ejercito chileno durante varios años mientras duró la dictadura cívico-militar encabezada por Augusto Pinochet, pero la verdad es que lamentablemente hay muchos más hechos de este tipo, que pocas veces se recuerdan. Podemos ver durante todo el siglo XIX diversas matanzas de obreros, indígenas, campesinos y pobladores, ordenadas por el Estado chileno, que hoy permanecen casi borradas de la memoria del pueblo y que sería muy necesario mantener en el recuerdo como un ejemplo de la lucha que han desarrollado los sectores populares a lo largo del tiempo, para reconocer que esto no parte ni ayer ni hoy, sino que se inició desde mucho antes, siempre han estado presentes a lo largo del tiempo.

Un niño herido en medio de la represión
Y así como hemos visto organización popular, también podemos hablar de la forma en la que el Estado ha canalizado a estos movimientos, ahogándolos y utilizando la represión más cruenta, como en las matanzas de 1903, 1905 o la misma Matanza de la Escuela de Santa María de Iquique en 1907. Pero hay un hecho que ocurrió un día como hoy, un 19 de noviembre de 1962, cuando en medio de un paro convocado por la CUT un grupo de trabajadores y pobladores de la Población José María Caro decidieron cortar la línea del tren, que pasaba en esos tiempos por el lado de su población, ubicada en la actual comuna de Lo Espejo. Había paralizado casi toda la ciudad, pero la empresa de ferrocarriles había llegado a un acuerdo con el gobierno de Jorge Alessandri y los trabajadores se habían comprometido a seguir con sus jornadas laborales. La CUT analizó esa situación y los trabajadores decidieron bloquear, junto a los pobladores, las vías del tren, para detener completamente la producción en la capital.

Ante eso, Alessandri decidió enviar a la fuerza policial a reprimir el hecho, pero los trabajadores resistieron y obligaron a la policía a replegarse. El gobierno respondió con fuerza, no se podía permitir que un grupo de trabajadores paralizara una de las principales rutas del ferrocarril y así, los militares se hicieron presentes y se inició la matanza. Balas contra piedras, fusiles contra esperanzas de justicia, pobladores contra militares. Las cifras oficiales hablan de "al menos 6 fallecidos", aunque se piensa que fueron más, y la prensa describe más de medio centenar de heridos. Asesinaron a niños y niñas, pobladores, trabajadores, a todo aquel que se atrevió a levantarse para exigir mayor justicia laboral. En medio de eso, además, se hicieron detenciones arbitrarias a personajes que habían declarado su apoyo al paro de la CUT, entre ellos al hermano de Violeta Parra. Para denunciar esta situación, desde Francia, Violeta escribiría "Los hambrientos piden pan".


Para finalizar, la invitación es a concebir estos capítulos que han sido borrados de la historia oficial chilena, como herramientas que son útiles para la autoeducación de los sectores populares, para lograr conciencia en la población de cuál es el rol histórico que el Estado chileno y sus agentes han ocupado cuando se trata de responder a las demandas de las mayorías. Debemos entender por qué estos hechos jamás saldrán en el curriculum escolar ni en la PSU. Porque nos ayudan a cuestionar la forma en la que hemos llegado a nuestro presente, uno en donde pocos se atreven a reclamar, donde reina el miedo al momento de enfrentar las injusticias.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Los que juntos impusieron la amnesia, hoy conmemoran el Golpe de Estado por separado



Los discursos conmemorando el 11 de Septiembre de 1973

Este lunes el establishment conmemoró los 40 años del Golpe de Estado que dio inicio a la dictadura cívico-militar encabezada por Pinochet. Durante los últimos días, a través de los medios de comunicación, hemos recibido un bombardeo de información relacionada al tema, por lo que me ha llamado más la atención escribir sobre estas dos conmemoraciones que realiza la Concertación, la Nueva Mayoría y la Alianza, en donde ambas coaliciones pretenden atribuirse el monopolio del recuerdo, luego de haber impuesto, por más de 20 años, una amnesia colectiva. Así, en La Moneda se congregaron los rostros más despreciables de la misma derecha que apoyó el Golpe de Estado y gobernó con los militares, mientras que en el Museo de la Memoria se reunió la misma Concertación, que por más de 20 años propició la impunidad de los militares y civiles que durante la dictadura violaron los Derechos Humanos e impusieron una política del olvido e injusticia, diciendo que todo lo que hacían era “en la medida de lo posible”.

Los 77 de Chacarillas
En La Moneda, podíamos observar con espanto y rabia, cómo los Chacarillas Boys regresaban en gloria y majestad. La ceremonia nos recordaba esa aberrante acción en donde un 9 de julio de 1977, un grupo de 77 jóvenes subió con antorchas al Cerro Chacarillas a celebrar al dictador, en uno de los actos más fascistas que ha conocido la historia reciente de nuestro país. Así mismo vuelven el 2013 a La Moneda, ahora sin antorchas, pero con sus sonrisas llenas de crueldad, llegando incluso a decir que estaban conmemorando una etapa negativa para el país, pero sus expresiones nos decían otra cosa: celebraban. Estaban alegres, porque desde el mismo lugar que fue bombardeado ese 11 de Septiembre de 1973, ellos hablaban hoy de reconciliación y olvido. Se configuraban entonces, como el ejemplo vivo de cómo el pueblo chileno ha olvidado todas las aberraciones cometidas por la dictadura. Personajes como Cristián Larroulet, Jovino Novoa, Juan Antonio Coloma o Andrés Chadwick llenaban el palco desde donde el presidente entregaba su discurso haciendo alusión, con una palabrería mucho más diplomática, al ‘caos marxista’ que provocó la ‘intervención militar’ y justificando finalmente, desde el mismo edificio en donde el Presidente Allende dio su vida defendiendo un proyecto que buscaba un país más justo, la acción criminal emprendida por los militares para derrocar al gobierno democrático de la Unidad Popular. El perdón falso de los que en público dicen no justificar los crímenes de la dictadura, pero que en el interior siguen siendo los más Pinochetistas, entregaba una visión de completo olvido que existe en torno lo ocurrido en esa época.

La transición al olvido y a una falsa reconciliación
Pero los Chacarillas Boys llegaron a La Moneda por el trabajo que realizaron por más de 20 años los gobiernos de la Concertación, que pactaron con el dictador y sus secuaces, vendiendo olvido e impunidad, bajo un discurso de falsa reconciliación. Impusieron el miedo a hablar del pasado, impusieron una amnesia obligatoria, que se puede ver desde los planes de estudio que se producían para los colegios, hasta los discursos y las prácticas políticas que se dieron cuando la justicia pretendió hacer su trabajo: buscar la verdad de lo ocurrido y castigar a los culpables. Los gobiernos de Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet crearon un ambiente que en muchos momentos recordó a los caídos, pero que al mismo tiempo, donde se recordaba escuetamente lo ocurrido, se protegía a los violadores de los Derechos Humanos, a quienes detuvieron, torturaron, asesinaron e hicieron desaparecer a miles de chilenos. Se buscaba verdad, en momentos, “en la medida de lo posible”. Se buscaba justicia de igual forma, todo en la medida de lo posible. Así podemos recordar cuando el dictador es detenido en Londres y el gobierno de Ricardo Lagos articula una estrategia política que terminó defendiendo a Pinochet. Ese es el vivo ejemplo de la reconciliación, dirían muchos concertacionistas. Para los que estudiamos e indagamos en la memoria, ese es el vivo ejemplo de la amnesia impuesta por esos gobiernos, que validó la impunidad y los pactos de silencio que aun existen en el ejército.

No eran tan diferentes cuando defendían la educación como un negocio
Así, ambos grupos que este lunes se reunían en lugares diferentes, pretendiendo demostrarle a los chilenos y chilenas que entre ellos existen grandes diferencias respecto de la comprensión y el trato a los hechos ocurridos en la dictadura, terminan conviviendo en paz, pues ambos han propiciado la política del olvido para seguir validando lo que nos ha quedado de la dictadura: una constitución, una institucionalidad, un sistema político, social y económico que fue impuesto a punta de torturas y crímenes aberrantes que no fueron castigados. Y así como las violaciones a los Derechos Humanos no fueron debidamente sancionadas producto de la pactada política de la amnesia, tampoco ha sido sancionada la herencia de la dictadura, la que ambos grupos defienden el día de hoy, desde trincheras que parecieran diferentes, pero que al final son más parecidas cuando se trata de defender al modelo impuesto en dictadura.

martes, 6 de agosto de 2013

El día en que Estados Unidos desató el infierno en la tierra

Un día como hoy, en 1945, no fueron los árabes, ni los norcoreanos, ni ninguno de los "enemigos del mundo" los que trajeron el terror al planeta tierra. Fueron los mismos que hoy y ayer han decidido quienes son esos enemigos: Estados Unidos. El 6 de agosto de 1945 el pueblo elegido por Dios para imponer la "libertad" al mundo, trajo un pedazo del infierno a la realidad, lanzando una bomba atómica en la ciudad japonesa de Hiroshima, para tres días después, hacer lo mismo con Nagasaki. Así, Harry Truman, presidente de los Estados Unidos encargado de ordenar el genocidio, para muchos ciudadanos estadounidenses se convirtió hasta hoy en un salvador y validó doctrinas que seguirán siendo parte de la política externa e interna norteamericana hasta nuestros días: al enemigo no sólo hay que reducirlo, sino que hay que exterminarlo completamente; la población civil también puede ser blanco de ataques en el proceso de eliminar al enemigo; el proteger a Estados Unidos y sus intereses justifica cualquier acción.

Se estima que murieron alrededor de 250 mil personas, al rededor de la mitad de ellas en el momento exacto de los bombardeos, mientras que la otra mitad siguió muriendo en medio del infierno desatado por las radiaciones y las temperaturas de hasta 4 mil grados centígrados, además de todas las enfermedades y secuelas físicas y psicológicas que trajo para muchos este acto de exterminio. El escritor uruguayo Eduardo Galeano, en su texto "Los Hijos de los Días" (Siglo XXI editores, Buenos Aires, Argentina, 2012) describe este día como "La Bomba de Dios", diciendo que:
"En 1945, mientras este día nacía, murió Hiroshima. En el estreno mundial de la bomba atómica, la ciudad y su gente se hicieron carbón en un instante.
Los pocos sobrevivientes deambulaban, mutilados, sonámbulos, entre las ruinas humeantes. Iban desnudos, y en sus cuerpos las quemaduras habían estampado las ropas que vestían cuando la explosión. En los restos de las paredes, el fogonazo de la bomba atómica había dejado impresas las sombras de lo que hubo: una mujer con los brazos alzados, un hombre, un caballo atado...
Tres días después, el presidente Harry Truman habló por radio. Dijo:
- Agradecemos a Dios que haya puesto la bomba en nuestras manos, y no en manos de nuestros enemigos; y le rogamos que nos guíe en su uso de acuerdo con sus caminos y sus propósitos..."
Así, podemos ver cómo Estados Unidos modela su conducta histórica desde una acción aberrante, como lo es el lanzamiento de la bomba atómica, y se cuadra como el único país que ha utilizado un artefacto de este tipo contra civiles en la historia de la humanidad, lo que llama mucho la atención cuando vemos cómo los sucesivos presidentes de este país han denunciado los planes nucleares de otras potencias y las han llamado al desarme. No podemos ver entonces este hecho como algo aislado en la historia, sino que debemos comprenderlo como una parte importante que definirá las estrategias y promoverá la impunidad ante este tipo de acciones. Ejemplo de ello es la actual política de "drones" de Estados Unidos, en donde aviones no tripulados asesinan, con ningún juicio ni proceso judicial de por medio, a supuestos "terroristas". Así se ha asesinado en el último tiempo a decenas de familias que poco tienen que ver con el terrorismo y se constituyen en las nuevas víctimas de un pensamiento que sigue muy presente en la política estadounidense.

Finalmente, luego del lanzamiento de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki y el fin de la Segunda Guerra Mundial, las contradicciones se agudizarían con la con la Guerra Fría, dando paso a un mundo que se movía desde el miedo y que con la caída de la Unión Soviética sólo cambió de enemigo, pero sigue funcionando desde el miedo. Años después de La Bomba de Dios, un gran director de cine, catalogado por el Pentágono como un peligro por criticar el sistema, Stanley Kubrick, nos mostraría en medio de una comedia de humor negro llamada "Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb" -conocida también en Español como "¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú"-, una fuerte critica a los miedos que se impusieron luego de las bombas atómicas. Así veríamos por primera vez en esta película, la imagen en video, pública y masivamente difundida, de ese desastroso día en que Estados Unidos desató el infierno en la tierra.

miércoles, 20 de febrero de 2013

[Empleado del Mes] Juan Emilio Cheyre: De la Caravana de la Muerte al Servel



Juan Emilio Cheyre

Hace bastante tiempo que quería volver a escribir para este cuchitril, pero no pensaba que volvería con una de las secciones estrella de los buenos tiempos de este blog. Hablo del “Empleado del Mes” (léase con voz de fanfarria). Aunque pensándolo un poco, si quitamos la fanfarria, esta sección ha tenido solo una exponente, pero era “de aquellas”. Nada menos que Ximena Ossandón y su utopía de la mujer trabajadora y “abnegada” al más puro estilo delmedioevo. Ahora reeditamos esta versión del empleado del mes y les presentamos un caso un poco más preocupante: el de Juan Emilio Cheyre, el cómplice de la dictadura, parte de la Caravana de la Muerte, que fue fielmente premiado por la Concertación (Lagos y Bachelet) y que después de toda esa oscura historia, llega, con la venia de todas las “instituciones democráticas”, con acuerdo unánime en el parlamento y con felicitaciones del ejecutivo, a la dirigencia del Servicio Electoral (Servel). ¿Contradictorio? Sí. Siempre es contradictorio ver cómo los que asesinaron, torturaron, defendieron la tiranía de Pinochet, hoy entregan clases de tolerancia y democracia a las nuevas generaciones.

Este lunes asumió como presidente delConsejo Directivo del nuevo Servel el que ya ostenta nuestro premio delempleado del mes y con tan pocos días, su pasado ya lo condena: es, para muchos que conocemos su pasado, el rostro del olvido, de esa alegría engañosa que trajo la Concertación al asumir el mando del legado de Pinochet. La alegría que significaba olvido, que disfrazó a los torturadores y asesinos, de demócratas y académicos. Dentro de esos personajes que fueron premiados por la alegría concertacionista se encuentra Juan Emilio Cheyre, que en su nuevo cargo se encargará, junto con su Consejo Directivo, de “hacer funcionar” la democracia chilena, cumpliendo labores como “designar a los miembros de las juntas electorales, velar por el cumplimiento de las normas aplicables por la entidad y aprobar, designar y supervisar al nuevo director y subdirector del Servel”. Así, su rol es fundamental dentro del proceso de nuestra democracia protegida.

Lo llamativo es que a Cheyre su pasado lo condena, por lo mismo, vamos al pasado para ver qué es lo que hace que su nombramiento en uno de los organismos que hace funcionar el sistema electoral, sea una contradicción grave que demuestra las falencias del modelo y nos hace recordar el pasado no superado, lleno de injusticias y omisiones por parte de las autoridades de la alegría.

               - Documentos y declaraciones de los mismos acusados de Violaciones a los Derechos Humanos, sindican la participación de Cheyre en varios actos de desaparición de cuerpos en 1978, además de acciones en medio de la conocida cruzada exterminadora realizada en esos años por la dictadura, más conocida como la Caravana de la Muerte. Acá, varios relatos mencionan al ahora presidente del Servel, como uno de los que “coordinó estas operaciones”, en conjunto con el subdirector de la CNI, Fernando Arancibia Reyes, hermano de un reconocido ex almirante y rostro de laUDI: Jorge Arancibia. También está citado como "inculpado" en la muerte de dos menores de 8 y 9 años en 1973, en Coquimbo; de ser el que daba los “tiros de gracia” a los fusilados que quedaban vivos y de ser el número dos del regimiento de Arica, en donde se cometieron variados asesinatos y torturas. ¿Será que todos los que lo mencionan en sus declaraciones juradas están locos e inventaron la participación de Cheyre en esos hechos? ¿o será que él, junto a toda la influencia política y judicial de la Concertación y la Alianza unidas, se han encargado de blanquear su imagen a lo largo del tiempo? Pero eso no es todo, hay más cosas que demuestran su trabajo constante administrando la dictadura.
                - En 1981, Cheyre fue enviado a Sudáfrica a proseguir estudios. Sudáfrica vivía el apartheid y la brutal represión a la población negra. Las relaciones con Chile eran óptimas y la nación africana facilitaba a oficiales chilenos y agentes de servicios represivos, preparación y cobertura para actividades secretas. No pocos agentes de la DINA y CNI se "especializaron" allá.
                 - En 1985, Cheyre se negó a entregarle a un juez la lista de oficiales asignados a la CNI. El juez investigaba el asesinato de Paulina Aguirre Tobar (MIR), lo que queda consignado en documentos emanados por el mismo poder judicial, que aun estando intervenido en esa época por la dictadura, nos deja vestigios de las jugadas del ex Comandante en Jefe del ejercito entre el 2002 y 2006.
                - Fue designado por Pinochet, en 1987, como Intendente de Atacama, cargo de confianza del dictador. También estuvo al mando de unidades militares como los regimientos de Rancagua y Copiapó. Siendo Intendente, se lo menciona como encubridor de torturas, al menos en 1988. Y en plena época de propaganda para el plebiscito, Cheyre diría: "El triunfo del SI debiera ser una constante en todos los sectores. (...) Una victoria del NO es una hipótesis no factible. Los chilenos no somos locos".

Pero la alegría llegó y en la década del 90 fue nombrado como agregado militar en España (donde se desarrollaba al proceso judicial contra Pinochet) y en diciembre de 2000 pasó al Estado Mayor. Como delegado de Ricardo Izurieta, Comandante en Jefe del Ejército en ese tiempo, permaneció en Londres durante el juicio a Pinochet, asumiendo "el control de permanente monitoreo de la salud de Pinochet". Luego, el mismo Cheyre, es nombrado por Ricardo Lagos Escobar como Comandante en Jefe del Ejercito, entre los periodos 2002 a 2006. Así, lo podemos ver -en la foto- cercado por la ex presidenta Michelle Bachelet, Ricardo Lagos (presidente de ese momento) y sí, José Miguel Insulza, "El Panzer", actual presidente de la Organización de Estados Américanos (OEA) ¿No suena contradictorio? El interés de la Concertación por blanquear la imagen del militar, llegaría incluso a que la muda Bachelet, el 2002, entregara públicamente su apoyo al Comandante en Jefe:

"Lo primero que quiero señalar, y ya lo he hecho, y no voy a hacer más comentarios, es que nosotros respaldamos en todo momento al comandante en jefe del Ejército", dijo la ministra Bachelet.


Finalmente, si bien es cierto que Cheyre carga con un curruculum que a simple vista sería hermoso y perfecto, también oculta un pasado que no se puede blanquear, ya que por más que algunos lo quieran ocultar, claramente participó de la dictadura cívico-militar que masacró a miles de chilenos y chilenas entre 1973 y 1990 y que luego, con la alegría que llegó, solo vino el olvido y la injusticia, que aun siguen sintiendo todas las víctimas y sus familiares. No nos podríamos imaginar siquiera, lo que sienten los miles de torturados, familiares de detenidos desaparecidos y víctimas de la dictadura, al ver cómo los mismos que participaron del régimen liderado por Pinochet, hoy administran su legado, blanqueados, disfrazados de demócratas, incluso dando clases de cómo se debe hacer política en esta “democracia”.

Mas antecedentes del prontuario de Cheyre y del blanqueamiento de imagen que realizó la alegría, los puede revisar pinchando aquí.