En tiempos de elecciones
se ven muchas cosas increíbles, sobre todo cuando nos acercamos a una segunda
vuelta con un panorama tan incierto como lo que ocurre en el presente, en donde
Piñera llega debilitado, a casi 14 puntos de alcanzar el 50% más un voto que lo llevaría a su segundo mandato como
Presidente de la República. Así, el candidato que todos los medios de
comunicación y grandes encuestadoras daban como ganador seguro -incluso
abriéndose a la posibilidad de que no hubiera balotaje y la coyuntura se
cerrara con un triunfo en primera vuelta- resulta herido de gravedad y con un
diagnóstico que aspira a un cuadro terminal, cuestión que ha abierto paso a
situaciones dignas de retratar para la posteridad.
Comenzó la
campaña post primera vuelta con la ex deportista y ahora Diputada electa Erika
Olivera asegurando que si Guillier ganaba Chile podría convertirse en Venezuela
–que junto a Cuba y Norcorea son como los artilugios discursivos más patéticos
que suele utilizar la derecha chilena para desacreditar al oponente cuando sienten
amenazados sus privilegios-, que en principio sería vista como una “mala
declaración”, pero luego fue aprovechada por el mismo Piñera para atacar al
candidato del oficialismo. Al término de la semana, los reporteos periodísticos
darían cuenta de que no fue un error comunicacional, sino que una estrategia
articulada desde el interior del comando de Piñera por sus espadachines
Chadwick y Ubilla, con el fin de instalar un miedo colectivo al más puro estilo
de la posverdad.
Después de eso
vendrían los llamados desesperados a uno de los enemigos más públicos del
candidato de la derecha, su antiguo contendor en las elecciones primarias,
Manuel José Ossandón, para que hiciera explícito su apoyo a Piñera en la
primera vuelta. Y se produjo, no como quisieran en el comando del expresidente,
pero el referente de una parte no menor de la derecha popular chilena le
entregó su respaldo, aunque anunciando que el abanderado de Chile Vamos se
había comprometido explícitamente con algunos puntos claves de su programa. El
más polémico: la gratuidad en la educación superior.
Que Piñera,
enemigo declarado de la idea de gratuidad, cambiara de posición, fue la ventana
para que se desataran una serie de cuestionamientos y acusaciones de
“volteretas políticas” al interior de la misma derecha, porque –hay que
decirlo- fue este bloque el que se opuso férreamente a la gratuidad
implementada por el gobierno de Michelle Bachelet, incluso al punto de llevar
el proyecto al Tribunal Constitucional. En concordancia con este cambio, el
candidato también le informó al país que pasó de creer que “la educación es un
bien de consumo” a que “es un derecho”, así, por arte de magia.
La Nueva Mayoría, aprovechando la instancia, disparó con todo al ya herido Piñera, con la intención de asegurar el triunfo de Alejandro Guillier y terminar de desmoronar la campaña de la derecha. No es un secreto que el comando del candidato oficialista ha pasado a estar controlado por voces conservadoras (como la de Sergio Bitar) que abogan por no hacer concesiones programáticas al Frente Amplio (la nueva y potente tercera fuerza que se abre paso en el parlamento) y apostar por el “voto contra Piñera”, articulando un discurso que pretende movilizar en base al miedo por el retroceso social y político que podría significar para el país un triunfo de la derecha.
Sin hacer mayores
gestos programáticos ni articular una propuesta de cambios reales, todo parece
indicar que la estrategia de Guillier no le entrega al grueso de la masa
electoral del Frente Amplio un motivo de peso para asistir en diciembre a las
urnas y votar contra Piñera. Más bien, algunos sectores de este mundo están
apostando por terminar con la tentación de votar por el mal menor y, si el
candidato oficialista no se acerca con propuestas, todo parece indicar que no
habría un apoyo explícito del mundo frenteamplista, lo que crearía un panorama
adverso para el periodista y pondría una cuota de incertidumbre aún más extrema
a esta segunda vuelta.
Por todo lo
anterior, el cambio de Piñera con el tema de la gratuidad les cayó del cielo a
quienes querían dejar en evidencia la desesperación de la derecha ante una
eventual derrota electoral. Lo que no se atreven a decir es que el espacio para
que el candidato de Chile Vamos se definiera por apoyar la gratuidad en la
educación superior, fue abierto por la pésima política pública implementada por
la misma Nueva Mayoría en torno al tema.
Me explico…
Entregar la
gratuidad como una beca, bajo la lógica del voucher, no fue un invento de los
Chicago Boys ni de los ingenieros neoliberales de Piñera, sino que fue la misma
Nueva Mayoría la que pensó en un modelo en donde se favorece a la “oferta” del
mundo “privado” y se dinamiza el “mercado educativo”. No es un detalle menor el
que la Universidad Autónoma sea la que recibe la mayor cantidad de recursos
asociados al concepto de gratuidad: un plantel privado que estuvo siendo
investigado por lucro y hasta nuestros días presenta una escasa regulación del
uso de sus recursos que provienen masivamente del fisco. Mientras tanto,
universidades integrales, estatales, públicas y de reconocida calidad solo han
aumentado sus déficits al adherir a esta política.
Con ese cuadro
heredado por el gobierno actual, con ese tejado de vidrio con el que hoy
pontifican los sectores oficialistas para atacar al candidato de la derecha,
Sebastián Piñera ha apostado por una promesa tramposa que responde a sus
intereses personales de continuar por la senda de la “educación como un bien de
consumo”. El anuncio de expandir la gratuidad en la educación superior tiene
una especificación: será a través de los Centros de Formación Técnica e
Institutos Profesionales. Esto nuevamente no es una improvisación, puesto que
es este sector el que quedó intocable después de los ajustes realizados por la
Nueva Mayoría durante este periodo de gobierno, incluso permitiéndosele a estos
planteles lucrar. Así, la gratuidad propuesta por el expresidente transita por
el mismo camino del negocio educativo que el gobierno de Michelle Bachelet no
quiso terminar: llenarle los bolsillos de plata a quienes siguen lucrando con
el derecho a la educación.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Haga su aporte a la discusión!