sábado, 16 de noviembre de 2013

Democracia: ¿elegir y ser elegido?

Desde pequeños en nuestros colegios nos enseñaron, básicamente, que en lo que consistía un régimen democrático es en la posibilidad de elegir y ser elegidos. Así, pensamos que cualquier ciudadano, como tiene la oportunidad de seleccionar a quien lo representará en el parlamento o a quien presidirá el gobierno, también está en todo su derecho de poder concursar por ser elegido para representar a otros o para liderar la conducción del país asumiendo la Presidencia de la República. Se supone que ese es el juego de la democracia, o por lo menos eso nos hacen creer. Nos dicen que eso es cierto, que solo basta mirar la cantidad de candidatos presidenciales que se han presentado con el sueño de poder ser electos. La pregunta es ¿cuántos de los que van a la papeleta de las elecciones tienen la posibilidad real de ser elegidos?
Al observar la invasión de palomitas, gigantografías y los millones de panfletos que  nos entregan en cada esquina que pasamos cuando caminamos por las calles del país, solamente con eso, ya podríamos postular una nueva pregunta que nos ayude a verificar si en realidad todos tenemos la posibilidad de ser favorecidos en este juego democrático. Nos preguntaremos entonces, ¿tienen la posibilidad de ser elegidos candidatos que no inviertan cantidades multimillonarias en llenar los espacios públicos con fotografías de sus rostros? Realmente no. El sistema electoral está diseñado para que los grandes partidos, los que tienen impresionantes sumas de dinero y reciben millonarias donaciones por parte de ricos empresarios, tengan más posibilidades de ganar, ya que forman una verdadera maquinaria electoral que sostiene a los candidatos –empapelando y contaminando todo Chile, además– y, en el fondo, la perversidad de un modelo que solo les permite a ciertos postulantes la posibilidad ser elegidos.
Otro factor que va de la mano con el dinero y el control de este, son los medios de comunicación, en que la contienda se hace más desigual aun, pues la cobertura que realizan los grandes medios pretende, intencionalmente, duopolizar el debate político, haciendo parecer como si las elecciones siempre fueran una lucha entre solo dos coaliciones, la Concertación (Nueva Mayoría) y la Alianza. Siendo que existen 9 candidatos presidenciales actualmente, nos han mostrado en los noticieros hasta la exclusiva en la que Bachelet o Matthei van al baño, pero no las acciones de los demás candidatos. El mismo canal “público” (TVN), que hace gala de ser “el canal de todos los chilenos”, otorgó durante meses, al menos 10 minutos del noticiero central a informar solo lo que ocurría con las candidatas de la Concertación y Alianza, mientras que los demás –Parisi, Claude, Enríquez-Ominami, Israel, Miranda, Sfeir y Jocelyn-Holt– quedaron completamente relegados, pudiendo pararse de igual a igual solo en una oportunidad que fue el “debate” Anatel, en donde muchos recién comenzaron a ser conocidos por la gente. De esta forma, los grandes medios de comunicación son los que potencian la dictadura de dos coaliciones políticas que se reparten la torta, porque son los que duopolizan el debate, sosteniendo tanto a la Concertación como a la Alianza como los únicos detentadores del poder.
Con estos dos ejemplos, podemos decir que estamos frente a un sistema en donde solo algunos, una minoría, pueden pensar en ser elegidos, mientras que la mayoría sigue engañada, relegada a la posibilidad de votar, pero no de ser elegidos o elegidas. El dinero y los medios de comunicación de los dueños de Chile son los que les dicen a la mayoría de chilenos por quién votar y por quien no, con los tiempos que le otorgan a cada candidato en pantalla. Solo nos resta reflexionar que para que se desarrolle en este país una verdadera democracia, debiera existir un sistema electoral en donde los candidatos puedan competir en igualdad de condiciones; en donde las ideas, discursos y programas tengan más peso que el empapelar todo el país con el rostro de un candidato y los medios de comunicación sean realmente democráticos y pluralistas, difundiendo la voz de todos por igual o reconociendo, de frente al país, su simpatía por un candidato en específico.
*Columna escrita por mi para el sitio www.enaltavoz.cl. Lxs invito a visitarlo y compartir los post y las noticias que estamos subiendo ahí.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Los que juntos impusieron la amnesia, hoy conmemoran el Golpe de Estado por separado



Los discursos conmemorando el 11 de Septiembre de 1973

Este lunes el establishment conmemoró los 40 años del Golpe de Estado que dio inicio a la dictadura cívico-militar encabezada por Pinochet. Durante los últimos días, a través de los medios de comunicación, hemos recibido un bombardeo de información relacionada al tema, por lo que me ha llamado más la atención escribir sobre estas dos conmemoraciones que realiza la Concertación, la Nueva Mayoría y la Alianza, en donde ambas coaliciones pretenden atribuirse el monopolio del recuerdo, luego de haber impuesto, por más de 20 años, una amnesia colectiva. Así, en La Moneda se congregaron los rostros más despreciables de la misma derecha que apoyó el Golpe de Estado y gobernó con los militares, mientras que en el Museo de la Memoria se reunió la misma Concertación, que por más de 20 años propició la impunidad de los militares y civiles que durante la dictadura violaron los Derechos Humanos e impusieron una política del olvido e injusticia, diciendo que todo lo que hacían era “en la medida de lo posible”.

Los 77 de Chacarillas
En La Moneda, podíamos observar con espanto y rabia, cómo los Chacarillas Boys regresaban en gloria y majestad. La ceremonia nos recordaba esa aberrante acción en donde un 9 de julio de 1977, un grupo de 77 jóvenes subió con antorchas al Cerro Chacarillas a celebrar al dictador, en uno de los actos más fascistas que ha conocido la historia reciente de nuestro país. Así mismo vuelven el 2013 a La Moneda, ahora sin antorchas, pero con sus sonrisas llenas de crueldad, llegando incluso a decir que estaban conmemorando una etapa negativa para el país, pero sus expresiones nos decían otra cosa: celebraban. Estaban alegres, porque desde el mismo lugar que fue bombardeado ese 11 de Septiembre de 1973, ellos hablaban hoy de reconciliación y olvido. Se configuraban entonces, como el ejemplo vivo de cómo el pueblo chileno ha olvidado todas las aberraciones cometidas por la dictadura. Personajes como Cristián Larroulet, Jovino Novoa, Juan Antonio Coloma o Andrés Chadwick llenaban el palco desde donde el presidente entregaba su discurso haciendo alusión, con una palabrería mucho más diplomática, al ‘caos marxista’ que provocó la ‘intervención militar’ y justificando finalmente, desde el mismo edificio en donde el Presidente Allende dio su vida defendiendo un proyecto que buscaba un país más justo, la acción criminal emprendida por los militares para derrocar al gobierno democrático de la Unidad Popular. El perdón falso de los que en público dicen no justificar los crímenes de la dictadura, pero que en el interior siguen siendo los más Pinochetistas, entregaba una visión de completo olvido que existe en torno lo ocurrido en esa época.

La transición al olvido y a una falsa reconciliación
Pero los Chacarillas Boys llegaron a La Moneda por el trabajo que realizaron por más de 20 años los gobiernos de la Concertación, que pactaron con el dictador y sus secuaces, vendiendo olvido e impunidad, bajo un discurso de falsa reconciliación. Impusieron el miedo a hablar del pasado, impusieron una amnesia obligatoria, que se puede ver desde los planes de estudio que se producían para los colegios, hasta los discursos y las prácticas políticas que se dieron cuando la justicia pretendió hacer su trabajo: buscar la verdad de lo ocurrido y castigar a los culpables. Los gobiernos de Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet crearon un ambiente que en muchos momentos recordó a los caídos, pero que al mismo tiempo, donde se recordaba escuetamente lo ocurrido, se protegía a los violadores de los Derechos Humanos, a quienes detuvieron, torturaron, asesinaron e hicieron desaparecer a miles de chilenos. Se buscaba verdad, en momentos, “en la medida de lo posible”. Se buscaba justicia de igual forma, todo en la medida de lo posible. Así podemos recordar cuando el dictador es detenido en Londres y el gobierno de Ricardo Lagos articula una estrategia política que terminó defendiendo a Pinochet. Ese es el vivo ejemplo de la reconciliación, dirían muchos concertacionistas. Para los que estudiamos e indagamos en la memoria, ese es el vivo ejemplo de la amnesia impuesta por esos gobiernos, que validó la impunidad y los pactos de silencio que aun existen en el ejército.

No eran tan diferentes cuando defendían la educación como un negocio
Así, ambos grupos que este lunes se reunían en lugares diferentes, pretendiendo demostrarle a los chilenos y chilenas que entre ellos existen grandes diferencias respecto de la comprensión y el trato a los hechos ocurridos en la dictadura, terminan conviviendo en paz, pues ambos han propiciado la política del olvido para seguir validando lo que nos ha quedado de la dictadura: una constitución, una institucionalidad, un sistema político, social y económico que fue impuesto a punta de torturas y crímenes aberrantes que no fueron castigados. Y así como las violaciones a los Derechos Humanos no fueron debidamente sancionadas producto de la pactada política de la amnesia, tampoco ha sido sancionada la herencia de la dictadura, la que ambos grupos defienden el día de hoy, desde trincheras que parecieran diferentes, pero que al final son más parecidas cuando se trata de defender al modelo impuesto en dictadura.

martes, 6 de agosto de 2013

El día en que Estados Unidos desató el infierno en la tierra

Un día como hoy, en 1945, no fueron los árabes, ni los norcoreanos, ni ninguno de los "enemigos del mundo" los que trajeron el terror al planeta tierra. Fueron los mismos que hoy y ayer han decidido quienes son esos enemigos: Estados Unidos. El 6 de agosto de 1945 el pueblo elegido por Dios para imponer la "libertad" al mundo, trajo un pedazo del infierno a la realidad, lanzando una bomba atómica en la ciudad japonesa de Hiroshima, para tres días después, hacer lo mismo con Nagasaki. Así, Harry Truman, presidente de los Estados Unidos encargado de ordenar el genocidio, para muchos ciudadanos estadounidenses se convirtió hasta hoy en un salvador y validó doctrinas que seguirán siendo parte de la política externa e interna norteamericana hasta nuestros días: al enemigo no sólo hay que reducirlo, sino que hay que exterminarlo completamente; la población civil también puede ser blanco de ataques en el proceso de eliminar al enemigo; el proteger a Estados Unidos y sus intereses justifica cualquier acción.

Se estima que murieron alrededor de 250 mil personas, al rededor de la mitad de ellas en el momento exacto de los bombardeos, mientras que la otra mitad siguió muriendo en medio del infierno desatado por las radiaciones y las temperaturas de hasta 4 mil grados centígrados, además de todas las enfermedades y secuelas físicas y psicológicas que trajo para muchos este acto de exterminio. El escritor uruguayo Eduardo Galeano, en su texto "Los Hijos de los Días" (Siglo XXI editores, Buenos Aires, Argentina, 2012) describe este día como "La Bomba de Dios", diciendo que:
"En 1945, mientras este día nacía, murió Hiroshima. En el estreno mundial de la bomba atómica, la ciudad y su gente se hicieron carbón en un instante.
Los pocos sobrevivientes deambulaban, mutilados, sonámbulos, entre las ruinas humeantes. Iban desnudos, y en sus cuerpos las quemaduras habían estampado las ropas que vestían cuando la explosión. En los restos de las paredes, el fogonazo de la bomba atómica había dejado impresas las sombras de lo que hubo: una mujer con los brazos alzados, un hombre, un caballo atado...
Tres días después, el presidente Harry Truman habló por radio. Dijo:
- Agradecemos a Dios que haya puesto la bomba en nuestras manos, y no en manos de nuestros enemigos; y le rogamos que nos guíe en su uso de acuerdo con sus caminos y sus propósitos..."
Así, podemos ver cómo Estados Unidos modela su conducta histórica desde una acción aberrante, como lo es el lanzamiento de la bomba atómica, y se cuadra como el único país que ha utilizado un artefacto de este tipo contra civiles en la historia de la humanidad, lo que llama mucho la atención cuando vemos cómo los sucesivos presidentes de este país han denunciado los planes nucleares de otras potencias y las han llamado al desarme. No podemos ver entonces este hecho como algo aislado en la historia, sino que debemos comprenderlo como una parte importante que definirá las estrategias y promoverá la impunidad ante este tipo de acciones. Ejemplo de ello es la actual política de "drones" de Estados Unidos, en donde aviones no tripulados asesinan, con ningún juicio ni proceso judicial de por medio, a supuestos "terroristas". Así se ha asesinado en el último tiempo a decenas de familias que poco tienen que ver con el terrorismo y se constituyen en las nuevas víctimas de un pensamiento que sigue muy presente en la política estadounidense.

Finalmente, luego del lanzamiento de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki y el fin de la Segunda Guerra Mundial, las contradicciones se agudizarían con la con la Guerra Fría, dando paso a un mundo que se movía desde el miedo y que con la caída de la Unión Soviética sólo cambió de enemigo, pero sigue funcionando desde el miedo. Años después de La Bomba de Dios, un gran director de cine, catalogado por el Pentágono como un peligro por criticar el sistema, Stanley Kubrick, nos mostraría en medio de una comedia de humor negro llamada "Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb" -conocida también en Español como "¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú"-, una fuerte critica a los miedos que se impusieron luego de las bombas atómicas. Así veríamos por primera vez en esta película, la imagen en video, pública y masivamente difundida, de ese desastroso día en que Estados Unidos desató el infierno en la tierra.

viernes, 2 de agosto de 2013

Los que defienden la constitución y la institucionalidad: la elite aferrada a su proyecto histórico


Desde hace algunos meses comenzamos a ver cómo el debate respecto a la necesidad de una nueva constitución y de una reforma a la actual institucionalidad se comienza a centrar en una serie de argumentos que no llevarán a buenos resultados y que finalmente podrían hacer que se geste un proceso de elaboración de una nueva carta magna nuevamente desde un grupo reducido de personas que no representan ni a la mayoría, ni a la pluralidad existente del país. Ya es conocida por varios la propuesta de la candidata mesiánica de la vieja Nueva Mayoría de elaborar una nueva constitución, pero como ella misma lo ha dicho "desde la institucionalidad", es decir, que un congreso binominal, que goza de las evaluaciones más negativas que podría tener un parlamento en América Latina, redacte un documento que reemplace la actual Constitucion y que luego sea votado por ellos mismos para ser aprobado. Pero en fin, más allá de las ideas que se han propuesto desde las mismas elites para poder frenar el fantasma de una posibilidad de Asamblea Constituyente, mi intención al escribir este texto es cuestionar uno de los principales argumentos que han entregado tanto los detractores de un nuevo proceso constituyente, como los que están a favor, pero creen que se debe hacer "en el marco de la institucionalidad". Esta idea fuerza de defender  el marco legal vigente para que desde ahí se genere una nueva constitución, se basa en el argumento de que Chile es uno de los países que se ha mantenido con mayor estabilidad política y social a lo largo del tiempo. Rematan su argumento con el ejemplo de que nuestro país ha tenido muy pocos procesos constituyentes, cosa que, según ellos, demostraría esa estabilidad.

Ahí es donde comienza mi desacuerdo con esa idea que mueve a muchos y muchas a rechazar de plano la idea de una Asamblea Constituyente, porque pareciera que este argumento es el que tiene más peso al momento de criticar la idea de que el pueblo soberano, desde el colectivo, construya una nueva carta fundamental. Por lo mismo analizaremos éste y no otros como ese que habla de que si se desarrollara un proceso de creación de una nueva constitución mediante un modelo asambleísta, estaríamos como en Cuba, Venezuela o Bolivia. Sobre esta idea, que pareciera un argumento, no debiéramos ni opinar, ya que constituye una falacia que se derrumba por sí sola y no es necesario que la discutamos. La ciudadanía ya no le cree a la idea del "monstruo comunista" ni a esas estrategias de Guerra Fría que acostumbra a utilizar la ultraderecha.

Pero metiéndonos de lleno en la idea que miraremos como la posiblemente más cuerda, que tiene que ver con el pensamiento de que Chile ha mantenido una estabilidad política e institucional producto de los pocos procesos constituyentes que hemos vivido, tengo que decir que el que existan menos constituciones, no es una señal de estabilidad. Es impresionante cómo algunos se jactan de eso, como si fuera algo positivo. Más bien, creo que el que no hayamos vivido tantos procesos de este tipo, como los que han vivido otros países (Colombia, Ecuador o Brasil incluso) es una señal negativa más que positiva. Habla de cómo los proyectos de la elite oligárquica fundadora de "la nación" han permanecido casi intactos a lo largo del tiempo, de cómo el sector más acomodado ha logrado empoderarse completamente reduciendo las posibilidades de cambios reales y también nos muestra cómo la ciudadanía y los movimientos sociales no han sido capaces de lograr incidir realmente en la institucionalidad, limitándose a funcionar desde la marginalidad. De esta forma, podemos observar cómo pareciera que la estabilidad institucional de la que hablan es sólo la que se ha logrado gracias a que un grupo reducido de familias ha gobernado el país económica y políticamente a lo largo de toda la historia del país. Estaríamos entonces, frente a un interés profundo por parte de un sector importante de la elite política -no solo por parte de los que defienden la actual constitución Pinochet-Lagos, sino que también por el lado de los que hablan de una necesidad de cambio pero que esta venga desde la institucionalidad vigente-  por conservar sus privilegios y por perpetuar el proyecto histórico de la minoría que ha gobernado este país.

En fin, más que señales de estabilidad, el tema de las pocas constituciones nos habla de cómo hemos adoptado un proyecto de un grupo reducido que se ha mantenido en el poder, como si fuera el proyecto de todxs lxs que vivimos en este territorio, cosa que es bastante preocupante. Cuando la sociedad empiece a cuestionar a las instituciones que para algunos parecieran ser intocables, cuando no tengamos temor de criticar a un Estado que potencia una sociedad dominada por el mercado, cuando comencemos a pensar en algo diferente a este proyecto impuesto históricamente por unos pocos, podremos decir que es un paso interesante el que hemos dado.

viernes, 28 de junio de 2013

Conversando con Radio Usach sobre los desalojos de establecimientos por la "fiesta democratica" de las primarias

Luego de mi columna anterior, publicada en este cuchitril, pero republicada en diversos sitios que suelen ayudarme a difundir mis escritos, como ElQuintoPoder.cl o Generacion80.cl. Acá, más que hablar de las tomas y de estos desalojos, que son un tema coyuntural, intenté plantear cómo las tomas de los estudiantes secundarios y universitarios, se terminan articulando como espacios mucho más democraticos, que rompen muchas veces con las lógicas que la misma sociedad tiene del manejo político. Porque nos han enseñado, desde el poder, que la democracia pareciera ser aquella en donde se va a las urnas cada cierta cantidad de tiempo a delegarle a un grupo de personas, a los mismos de siempre, la soberanía que en realidad debieramos ejercer nosotros mismos. Todo esto, cuando en realidad la democracia debiera ser una forma de vida que defina las relaciones humanas en un marco de acción colectiva y de participación, para crear identidad en torno a esos valores. En fin, pareciera que lo que logra eso no es ir a votar cada cierto tiempo ¿Será que los estudiantes logran convivir más de cerca con la democracia desde sus ocupados espacios de estudio que el resto de la ciudadanía asistiendo (en una escasa cantidad) a las urnas a entregar un voto a los mismos de siempre?


martes, 25 de junio de 2013

¿Desalojos? ¿Baño de Sangre? ¿Fiesta democrática?



Para nadie es un secreto que el movimiento estudiantil ha vuelto a entrar en otra fase de radicalización producto de las nulas respuestas que se han recibido por parte del gobierno a sus demandas. Tanto es así, que el mismo gobierno se ha visto en la obligación, ayer lunes 24 de junio, de reconocer que más de cien establecimientos educacionales se encuentran en toma, cifra que se negaron a reconocer por muchos días y que al parecer, estaría disminuida de acuerdo a los catastros que manejan los mismos estudiantes. El problema que ha llevado a reconocer esta movilización por muchos días invisibilizada desde el poder y los grandes medios de comunicación, es la realización de las “primarias presidenciales”, que tendrán lugar este domingo y en donde muchos de los colegios (la mitad según el gobierno) que se encuentran en toma forman parte de los locales de votación en donde se debiera desarrollar el proceso. Más allá de cuestionar el proceso por lo trucho que me parece, quiero apuntar a un análisis que va más allá y que tiene que ver con la seguidilla de declaraciones desinformadas, ignorantes e indignantes que se han hecho respecto a la “necesidad” de desalojar los establecimientos en toma para poder dar lugar a “la fiesta de la democracia”.

“Yo no quisiera ver un baño de sangre si es que la fuerza militar cumple la ley”, dijo el domingo la mesías candidata de la vieja Nueva Mayoría en pleno debate, argumentando que no estaba de acuerdo con los desalojos y pidiendo a los estudiantes desocupar los establecimientos para dar paso a su fiesta. Más allá de su desacuerdo, tenemos que reconocer que las declaraciones son más que desafortunadas, son una brutalidad. Es grave que a una candidata que supustamente va a pelear una elecciones de un país supuestamente democrático, se le pase por la mente que si los secundarios no desalojan los colegios habría un “baño de sangre”, porque los militares se verían casi obligados a “cumplir la ley” y sacar por la fuerza a los estudiantes de sus establecimientos. Hay gente, interpretes de las palabras de su mesías, que han intentado decir que su intención fue negarse a eso, pero el problema no radica ahí, sino que en que a una candidata se le pase por la cabeza la posibilidad misma de un nuevo “baño de sangre”, más cuando este año comenzamos a recordar 40 años del golpe de estado que puso a los militares y a un grupo de civiles a gobernar este país a punta de represión, asesinatos y torturas. Sin duda que estas declaraciones apocalípticas hablan de una clase política que sigue aferrada a la estabilidad que les da el miedo histórico que siente la ciudadanía, respecto a una posible nueva intervención violenta de los militares.

Y voy más allá. Siguiendo el juego político, me pregunto: Si esto lo hubiese dicho Longueira o Allamand, ¿qué habríamos hecho? Creo que ya los estaríamos quemando en la hoguera. Pero en fin, mi intención va más allá. Porque además de plantear que las declaraciones de la presidenciable demuestran un profundo temor a las nuevas vías de expresión que la ciudadanía y los estudiantes han tenido que darse bajo la nula capacidad de la elite de responder a sus demandas, también hablan de una ignorancia respecto del proceso electoral mismo, que se ha contagiado a todos los rincones de la opinión pública. Fueron criticadas las declaraciones de la vocera de gobierno, cuando dijo que el Servel podría ordenar el ingreso de los militares a los establecimientos. Pues bien, la claridad que tenemos ahora es que es el gobierno y la Fuerza Pública, es decir, Carabineros, los que deben tener a disposición del Servel los establecimientos escogidos como centros de votación, para luego, al parecer, ser entregados a las Fuerzas Armadas. Creo, si no me equivoco, que se ha comprendido mal el concepto de Fuerza Pública, ya que se cree que los mismos militares desalojarían un establecimiento, cuando, espero, se tiene claridad de que Fuerza Pública y Fuerzas Armadas son conceptos legalmente diferentes. Incluso, su dependencia de mando es distinta, ya que la Fuerza Pública depende del Ministerio del Interior y Seguridad Pública y las Fuerzas Armadas dependen del Ministerio de Defensa. Así, estamos viviendo una reconfiguración de un miedo que a los únicos que les conviene es a los que quieren celebrar su fiesta democrática sacando a los estudiantes de sus tomas y en medio del terror de una posible intervención militar ¿Qué democracia es esa en donde a días de una elección estamos discutiendo un posible “baño de sangre”?

Aclarado esto, me autopermito decir que los estudiantes son los que se han ganado la legitimidad de decidir sobre ellos mismos y sus espacios de construcción. Su movimiento, que viene desde hace muchos años, no se ha detenido nunca y tampoco lo hará producto de una elección. Porque existe la conciencia de que la democracia que nos han hecho creer que existe en este país, pareciera no ser tan democrática cuando inhibe cualquier intención de participación que no sea asistir, cada cierta cantidad de tiempo, a unas urnas y votar por candidatos que fueron elegidos al interior de las cúpulas partidistas que, pareciera, ya tienen bien repartida la torta. Los estudiantes con sus tomas rompen con eso, ya que al interior de sus ocupados espacios se abren a lógicas de participación que un mundo jerarquizado no comprende, raciocinios verdaderamente democráticos en donde todos son iguales y la organización y el interés colectivo es el que prima. Las tomas son un espacio de libertad en sí mismas, son pequeños microcosmos de utopías juveniles, y ahí no solo se aplica la “democracia del voto” sino que se aplica la clave democrática a todos los aspectos de la convivencia.

Esos estudiantes en plena libertad, hoy se configuran como un peligro para una democracia binominal que está protegida por una institucionalidad rígida, que no permite tener procesos en donde los ciudadanos y ciudadanas realmente influyan en la toma de decisiones. Eso se consagra completamente con la Constitución de la dictadura cívico-militar encabezada por Pinochet, esa dictadura que hoy, por el interés de algunos de materializar su falsa fiesta democrática, vuelve a relucir más que nunca en las mentes de muchos chilenos, que con miedo han creído en las amenazas y se preparan para retroceder. Pero como dijo la gran Violeta Parra “Que vivan los estudiantes jardín de las alegrías, son aves que no se asustan de animal ni policía. Y no le asustan las balas ni el ladrar de la jauría” que quiere celebrar su fiesta (agrego).

domingo, 2 de junio de 2013

[INVITADO] Escupo a Bachelet: Antes que el pollo estuvo la gallina

[Leí esta columna en el sitio ciudadinvisible.cl, que a todo esto se los recomiendo completamente, ya que es un muy buen sitio, como otro conjunto de páginas que ayudan a nutrir el espectro de opiniones que suelen aparecer en la web y que pareciera que, al igual que en los grandes medios, no se libran de los sesgos impuestos desde la prensa hegemónica. Bueno, hay sitios que logran salirse de eso y publican cosas osadas como esta columna de Daniel Labbé, que explica cómo ante el escupo de un joven a la Mesías, más conocida como "la candidata" o simplemente como Michelle Bachelet, desató repudios sin pensar antes en las motivaciones de la acción. ¿Es cuestionable una agresión? Creo que sí, pero por ahí dijeron: un chico escupió a la mujer que nos estuvo vomitando y cagando por varios años, por algo se dice. Además, ¿alguien cuestionó la reacción agresiva de los seguidores de Bachelet que golpearon al estudiante? Algunos hasta se rieron de los golpes al mismo tiempo en que repudiaban el escupitajo y otros repudiones no dijeron nada de los huevos que al otro día pescadores le lanzaron al otro candidato Mesiánico (pero éste pegado en la guerra fría) Pablo Longueira... Bueno, mejor leamos...]




Por fin pude ver la famosa escena del estudiante arrojándole un escupo en la cara a Michelle Bachelet y la verdad es que –luego de horas enterándome de lo transversalmente impopular que resultó la acción del joven- hay algo que me sorprendió más que su escupitajo: La nula capacidad de todos quienes repudiaron el hecho de preguntarse qué motivó esa agresión. Por ahí alguien hasta publicó una nota sobre las consecuencias en términos de salubridad que puede tener el recibir un escupo, pero ninguno de los que salieron a limpiarle el honor a la ex mandataria se cuestionó algo tan simple como necesario: ¿De qué estaba alimentado ese pollo?
Pensé en el que le lanzó al ataúd de Pinochet el nieto del General Prats y la comprensión del acto que hicieron pública algunos líderes de la Concertación, como Soledad Alvear o Sergio Bitar; o el silencio que guardaron estos mismos cuando al alcalde Labbé le llovieron babas ajenas en la votación que lo sacó definitivamente del cargo. Para no perdernos, declararé de inmediato que ambos escupos me parecen poco para lo que se merecen estos dos proyectos de hombres, culpables de torturas y asesinatos ocurridos durante la dictadura. Hecha la aclaración, vuelvo al tema: En estos dos casos, la misma acción realizada por el joven ayer en Arica, además de ser validada, generó preguntas, motivó ser explicada, se le buscó la razón que la originó.
He escuchado y leído crucificar la acción del estudiante a muchos a quienes hace poco oí tratar de absurda la ley que busca agravar los insultos contra carabineros y hasta problematizar acaloradamente sobre las razones que llevan a alguien a agregarle un apellido al famoso paco. Para no perdernos, declararé de inmediato que adhiero a aquella publicidad que circula por las redes sociales planteando que decir paco y no decirculiao es una contradicción hasta biológica. Hecha la aclaración, vuelvo al tema: En este caso, una acción similar a la realizada por el joven ayer en Arica, nuevamente genera preguntas, motiva ser explicada, se le busca la razón que la origina.
Lo más cercano a un cuestionamiento fueron las declaraciones del senador PPD Guido Girardi -que también vivió una situación similar el pasado 1 de mayo- quien no dudó en asignarle a “una campaña orquestada de la derecha” esta acción. Aparte de ese delirio, sería.
Hagamos entonces un poco más de sinapsis y démosle una vuelta al asunto. Tras su acción, el manifestante lanzó consignas en favor de los estudiantes. Es probable entonces que, para salir volando, ese pollo se haya estado alimentando desde el 2006 en la boca censurada de los estudiantes reprimidos y traicionados por Bachelet. Es unpollo hijo de Pinguinos, que con suerte pudieron ponerle algo de Música a la fiesta que organizaron -pero a la que no fueron invitados- con el Jarrazo a la ex ministra de Educación.
¿Es un caso aislado o es más bien el síntoma de una urgencia en lista de espera que la doctora Bachelet se dedicó a silenciar con electroshock en manos de Fuerzas Especiales y de los medios de comunicación? ¿No fue acaso su traición al movimiento de los secundarios lo primero que le vomitó otro estudiante hace unos meses en el aeropuerto a su llegada a Chile? ¿No es eso lo que se puede leer en demasiados carteles en cada marcha por la educación? ¿No es acaso el rechazo a la Concertación y Bachelet algo que trasciende a los estudiantes y que llega hasta el alma de cientos de víctimas del terremoto, quienes aún esperan una disculpa de la ex mandataria que ayude en algo a aliviar la pena que no se pudo llevar el mar?
Tras el escupitajo, el estudiante habló también del pueblo Mapuche. Y sin temor a equivocarme imagino que se refería a los enjuiciados por la Ley Antiterrorista, a la huelga de hambre de la “Chepa”, a la militarización de La Araucanía, a los niños golpeados y heridos a bala, a los muertos, a Matías Catrileo y –estoy seguro- a José Huenante, el primer detenido desaparecido en Democracia ninguneado por Michelle Bachelet.
Independiente de los legítimos y comprensibles juicios que se puedan hacer a la agresión, omitir preguntarse por las razones que la motivaron es querer tapar el sol con un dedo, es lo más simple cuando algo así nos encandila. Pero lo cierto es que los que hace 10 años no decían ni pío, crecieron y aprendieron a golpes. Antes que ese pollo estuvo la gallina. Fue ella quien los alimentó con lo que quedó del festín que se dio junto a esos gallos soberbios que por entonces se jactaban de sus crestas rojas. Las mismas que con el tiempo se les fueron decolorando y que hoy vuelven a teñir para continuar con la fiesta.