lunes, 2 de noviembre de 2015

El lento cambio cultural y la institucionalidad neoliberal

Ni en 2006 ni en 2011 conseguimos un cambio institucional en la educación chilena. Con el gobierno de Bachelet se tomaron las consignas del movimiento estudiantil, pero hemos visto cómo hacen oídos sordos a las propuestas que con mucho trabajo y responsabilidad han emanado de los actores de la educación. Podríamos decir que eso es un fracaso, que nuestras movilizaciones no han logrado nada, pero si miramos las discusiones que se han abierto en el país, en los colegios, en las universidades, nos vamos a dar cuenta que hay cambios culturales que están transgrediendo y superando la institucionalidad vigente heredada de la dictadura y potenciada por quienes se dicen la "izquierda" concertacionista.
Hoy en los colegios se abren espacios de participación a las comunidades, los estudiantes secundarios tienen cada vez más protagonismo. En las universidades se comienza a exigir mayor democratización, participación de las comunidades universitarias en la toma de decisiones, derogación a estatutos que en muchas casas de estudio rigen desde la dictadura cívico militar. Hoy exigimos que nuestros espacios educativos estén realmente vinculados con la sociedad, que respondan a los intereses del país y no a los de un grupo reducido de empresarios que nos quieren como mano de obra, exigimos transparencia, que el Estado se cuadre como garante no solo del derecho a la educación, sino que también de otros derechos fundamentales como la salud, la vivienda o el buen vivir. Eso es un cambio cultural que está ocurriendo, poco a poco, y en algún momento la institucionalidad neoliberal pinochetista-concertacionista va a quedar chica. Eso no pasa de un día para otro, no pasará si nosotros no actuamos para seguir profundizando y madurando esta oportunidad de cambio.
El gobierno responde hoy con una supuesta gratuidad en la educación. Por estos días me encuentro de viaje en Caracas (Venezuela) y me han dicho en varias oportunidades: "pero Bachelet les entregó gratuidad para el 2016". Cuando les explico la forma en la que se materializa esa promesa, cuando les cuento cómo funciona el Crédito con Aval del Estado y que éste mecanismo de financiamiento aumenta su aporte estatal para el 2016 en 122 mil millones de pesos -que van directamente a los bolsillos de los bancos y que representa un 20% del aumento del presupuesto para educación, que el gobierno anunció diciendo que era para la gratuidad- no comprenden nada, dicen que es un sistema que carece de toda lógica. Y no estoy hablando de estudiantes chavistas, me refiero a personas de la calle, incluso de oposición. Para cualquiera que no sea chileno es imposible entender que el Estado le entregue a la banca privada dinero y que después los estudiantes tengamos que volver a pagar de nuevo lo mismo, por 20 años, en un crédito eterno. Eso es el deseo indiscriminado y descarado de privilegiar el mercado en la educación, cosa que va en contra del cambio cultural (lento pero efectivo) que está viviendo la sociedad chilena.
Es de esperar que, entre todos, podamos seguir construyendo, profundizando y madurando este cambio, que en algún momento superará a la institucionalidad encerrada en los cerrojos neoliberales que ni Bachelet ni la Nueva Mayoría están dispuestos a romper. Se abren posibilidades de cambio en la Universidad de Santiago, con estatutos que deroguen a los de la dictadura; se abren cambios futuros en la Universidad Alberto Hurtado, avanzando en democratización y transparencia; se abren caminos en la Universidad Católica cuando comienza a existir, como alternativa viable y concreta a la Federación de Estudiantes, un proyecto que promueve la unidad de la comunidad educativa para alcanzar democratización efectiva y luchar contra la elitización de esa casa de estudios. Son cambios pequeños, pero así avanzamos.

martes, 4 de agosto de 2015

¿“Hechos aislados” o violencia policial como política de Estado? (Parte I)

La madrugada de este viernes 24 de julio de 2015 será recordada como un nuevo día oscuro para las luchas de los trabajadores y trabajadoras. Nelson Quichillao López fue baleado por Fuerzas Especiales de Carabineros, que habían llegado hasta la división El Salvador durante el día anterior, con el objetivo de “reforzar” el trabajo de la policía local en medio de las manifestaciones de los trabajadores subcontratistas de Codelco, que se encontraban en su cuarto día de huelga, exigiendo mejoras sustanciales a las condiciones en las que desarrollan su labor. Según el intendente de Atacama, Miguel Vargas, tres oficiales de policía habrían hecho uso de sus armas de fuego al verse “amenazados” por un grupo de personas que usando “maquinaria pesada” pretendía precipitarse sobre ellos. Quichillao resultó muerto y El Salvador se tiñó nuevamente de sangre obrera.
Lugar en donde es baleado Nelson Quichillao por Carabineros.
Cuando nos encontramos con este tipo de hechos suele decirse que son “aislados”, pero lo mismo se dijo el pasado 21 de mayo cuando en Valparaíso cayó herido de gravedad el estudiante Rodrigo Avilés y Carabineros montó una declaración con mentiras, que quedaron en evidencia cuando la prensa develó un vídeo en donde aparecía que el joven se encontraba en la vereda y simplemente fue agredido brutalmente por la fuerza policial; lo mismo dijeron cuando el 3 de mayo de 2007 en la región del Biobío cayó muerto el trabajador forestal Rodrigo Cisterna, producto las balas que Fuerzas Especiales le propinó luego de que subiera a una maquinaria de la empresa de Anacleto Angelini y los amenazara–misteriosamente los relatos del gobierno de la época, primer mandato de Michelle Bachelet, son muy parecidos a los del caso de Quichillao.
Que era un hecho aislado, dijo también Edmundo Pérez Zujovic, el ministro del interior del gobierno democratacristiano de Eduardo Frei Montalva, luego de que el 11 de marzo de 1966 resultaran ocho personas muertas y más de medio centenar heridas, en una intervención conjunta de agentes del Estado –Carabineros, investigaciones y ejército- en el sindicato de la Confederación de Trabajadores del Cobre en la división El Salvador, de Andes Cooper Mining Company  (parte de la conocida Anaconda Cooper Company), todo esto en medio de una huelga que fue calificada como “ilegal” por las autoridades. En ese hecho, la historia ha demostrado que si no hubiese sido por el médico y el sacerdote del pueblo, que intervinieron en la acción, la masacre hubiese continuado.
El ministro del interior del gobierno de Eduardo Frei Montalva, el DC Edmundo Pérez Zujovic
Tres años después, el 9 de marzo de 1969, el mismo Edmundo Pérez Zujovic diría que era un hecho aislado la matanza de 10 pobladores -incluyendo un menor de edad que falleció ahogado por las bombas lacrimógenas, de las que también se abusaba en esa época- en medio de un violento desalojo de una ocupación que casi medio millar de personas desarrollaba en un terreno baldío ubicado en el sector alto de Puerto Montt, conocido también como La Pampa Irigoin.
La reacción de las fuerzas progresistas y de izquierda fue apuntar directamente al Ministerio del Interior, como responsable político de tamañas masacres. El senador Salvador Allende, representando la voz del Partido Socialista, el 13 de marzo de 1969 denunciaba públicamente la situación de Puerto Montt, acusando “premeditación” y calificando la situación como un “crimen, un homicidio premeditado y alevoso”. Además acusaba a Edmundo Pérez Zujovic como el responsable político de la situación, puesto que en él recaía la responsabilidad constitucional de ordenar a las policías. El Partido Comunista también hacía lo propio, exigiendo la renuncia del alto mando de Carabineros y el Ministro del Interior del gobierno DC. Hasta Víctor Jara haría una canción: “Preguntas por Puerto Montt”, publicada a fines de 1969 en el disco Pongo en tus manos abiertas, donde denunciaba la “matanza tan vil” y exigía que Pérez Zujovic respondiera “por qué al pueblo indefenso contestaron con fusil”.

Jorge Burgos, ministro del interior de Bachelet y responsable del accionar de las policías.
Volviendo al presente, tenemos que comprender que hay responsabilidades individuales comprometidas en el suceso, claro está que hubo tres efectivos que emitieron los disparos. Pero pese a eso, al igual que en la década de los ’60 hoy también hay responsabilidades políticas detrás de los hechos ocurridos, ya que pese a que pareciera que se ha constituido como una política de Estado –a lo largo de la historia- combatir las protestas con balas, no podemos darnos el lujo de seguir permitiéndolo, por más que las fuerzas de izquierda de ayer (el PC y el PS) hoy prefieran mirar al cielo y omitir los brutales hechos de represión y montajes policiales ocurridos en el último tiempo. Jorge Burgos y Mahmud Aleuy, responsables directos del accionar de las policías, hoy deben responder. Y podrá decirte que con sus renuncias en el escritorio presidencial no se cambia nada en lo concreto, sí, pero es un acto mínimo que hablaría de la nueva forma en que el Estado debiera enfrentar los abusos de sus agentes contra la población civil. Ministro Burgos, usted debe responder.

miércoles, 2 de abril de 2014

Cara de mayoría en la fiesta de la minoría


Comúnmente suelo decir que tengo cara de “cholo” y no por una cosa de ofenderme a mi mismo, sino que me siento orgulloso de mis rasgos mestizos latinoamericanos. Porque voy a las Europas y nadie dirá que soy de allá, voy a Estados Unidos y todos me reconocerán como un otro, un inmigrante. Y ante eso no siento vergüenza, me reconozco como soy y sé que somos mayoría en América Latina. Por eso, cuando durante este domingo, mientras se presentaba en uno de los escenarios del festival Lollapalooza la cantante Ana Tijoux, un grupo de personajes le gritaron “cara de nana”, entendido como una ofensa, estaban marcando una distancia, anunciando algo: había una persona con cara de mayoría, una chola, una mujer con las características físicas de la gente pobre en una fiesta de la minoría.

Al percatarse de esos gritos con intensión ofensiva, Tijoux contestó “para los que creen insultarme llamándome nana, tremendo orgullo por todas las mujeres trabajadoras, ejemplo de valor”. A eso agregó una frase en tu estilo, diciendo “yo soy esa cara de nana, esa cara parecida a la tuya, pequeña y pelo negro, yo soy esa cara con rasgos que parece incomodar tu clase desclasada”.

La respuesta ha sido aplaudida por muchos en las redes sociales, pero son los mismos que constantemente se burlan de las características físicas de indígenas, negros, mestizos, pobres, etc., desconociéndose como ello y sintiéndose parte de una supuesta minoría, de los europeos sobre los indios, de los caucásicos sobre los cholos, de los colonizadores sobre los colonizados, de los ricos sobre los pobres y así sucesivamente, vamos reproduciendo una lógica de segregación racial, algo que en Chile se ve menos, pero que claramente es una característica de Nuestra América. Los cholos, las mayorías, están condenadas a ser clases aplastadas por una minoría que se cree superior solo por el hecho de tener ciertas condiciones físicas que los diferencian de los demás.

Lollapalooza es la fiesta de una elite, no se podía esperar menos, pero también hay que decir que muchos de los que emitieron esos gritos hacia Anita también son parte de la mayoría, son cholos, son personas que trabajaron mucho para poder comprar una entrada carísima y compartir con la elite su fiesta musical. Esas personas son denominadas en la respuesta de la cantante como “desclasados” y efectivamente lo son, ya que creen que por estar mezclados con el resto durante un rato, pueden ofender a los demás y sentirse con algún nivel de superioridad.

En una columna publicada en El Dínamo, el periodista Rodrigo Guendelman habla de Anita y de todos los que tenemos “cara de nana” como una minoría que crece y que se suma a otras minorías conformando una mayoría. Debo decir que estoy completamente en desacuerdo, ya que en realidad somos mayoría. Hay que avisarle al periodista que no estamos en Europa y que el cuento de los ingleses de Latinoamérica ya no se lo cree nadie. Cuando comprendamos que en realidad los “cara de nana”, los cholos, los trabajadores, somos la mayoría que sostiene el poder de esa minoría que solo se diferencia por su negación al resto (no-cara de nana, no-cholo, no-trabajador) y no por una identidad propia, vamos a poder valorarnos a nosotros mismos y al resto, con su diversidad y sus diferencias, pero sin sentido de superioridad. Parafraseando a la misma Anita y una de sus canciones, si nos reconocemos a nosotros mismos como la mayoría históricamente excluida, vamos a poder sacar la voz, respirar y tomar las riendas de nuestra historia.

jueves, 27 de febrero de 2014

El ‘Caracazo’: cuando los pobres de Venezuela dijeron basta

Hoy pareciera que es una moda hablar de Venezuela, sobretodo cuando desde principios del mes de febrero se vienen realizando diversas manifestaciones donde la oposición se ha propuesto como objetivo sacar del poder al presidente democráticamente elegido, Nicolás Maduro.  Pero el mes de febrero para Venezuela está lleno de historia. Y es que en 1989, en este mismo mes, se produjo uno de los levantamientos más importantes de la historia reciente de este país: el Caracazo. En esa oportunidad, se alzaron en las calles de Caracas las clases empobrecidas por los sucesivos gobiernos de los partidos socialdemócratas y de derecha, que aplicaron una serie de políticas neoliberales privatizadoras, ordenadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI). El pueblo cuestionaba que siendo uno de los países más ricos de América Latina, por tener una cantidad impresionante de petróleo, las políticas del gobierno de Carlos Andrés Pérez tendieran a la privatización de las empresas del Estado y la precarización del trabajo.

Las protestas comenzaron un 27 de febrero, con saqueos, barricadas y diversas concentraciones. Los pobres marchaban desde la periferia al centro de Caracas, comenzaban a levantarse, a molestar al poder. Por esto mismo el gobierno decidió reaccionar. Así, el 28 de febrero se produce uno de los hechos más brutales de la historia de esta república caribeña: policías, militares y agentes del gobierno abren fuego contra miles de manifestantes. En el momento, el gobierno reconoce haber ordenado directamente la represión y da cuenta de 300 muertos y más de mil heridos, pero cifras de investigaciones posteriores hablan incluso de más de 3 mil 500 muertos, que empaparon las calles de Caracas de la sangre de los pobres, de los que solo pedían una mejor calidad de vida y justicia social.

En el momento, Estados Unidos y la Organización de Estados Americanos no condenó la acción del gobierno venezolano, sino que criticó la ola de protestas, llamando a los ciudadanos a la calma y a aceptar las imposiciones del FMI. Ninguna organización como Human Rights Watch o Amnistía Internacional criticó tan abiertamente las protestas, pero tampoco condenaron al gobierno. Los medios de comunicación nacionales e internacionales transmitieron las imágenes posteriores a los saqueos y a la matanza, justificando las acciones represivas dictadas por el gobierno. Todo esto generó las condiciones para que el presidente Carlos Andrés Pérez declarara Estado de Emergencia y aplicara toque de queda en las principales ciudades del país, militarizándolas y ordenando detenciones arbitrarias de centenares de dirigentes sociales. Específicamente en Caracas, el gobierno aplicó el denominado “Plan Ávila”, que consistió en que el ejército se hizo cargo del control total de la ciudad, haciendo uso de armamento de guerra para controlar a los manifestantes. La represión se concentró en los barrios pobres de la capital, mientras que los barrios del este, los de los ricos, fueron cercados para que los pobres no pudieran acceder a ellos. El saldo de fallecidos por el terrorismo de Estado aplicado durante esos días fue de al menos 400 personas, todo esto a vista y paciencia de la comunidad internacional, que solo se limitó a rechazar los hechos de violencia y apoyar al gobierno y las políticas del FMI.

Después de esto, la historia de Venezuela cambiaría por completo. En 1992 un grupo de civiles y militares decide intentar un Golpe de Estado contra los herederos de la represión del Caracazo. Liderados por un joven militar seguidor de las ideas de Simón Bolívar, Hugo Chávez, fracasan, pero el pueblo ya comenzaba a canalizar lo que en el Caracazo había sido una explosión popular temporal, organizándose en diferentes grupos políticos que en febrero de 1999 llevarían a la presidencia al mismo personaje que en 1992 había liderado el intento de golpe que pretendía liberar, por una vía antidemocrática, al pueblo venezolano de la opresión de las políticas neoliberales y de los gobiernos socialdemócratas y de ultra derecha. Durante casi una década el pueblo se organizó para socavar el poder de forma democrática y en 1999 llegar al Palacio Miraflores encarnado en el rostro de Hugo Chávez, quien fue el encargado de liderar lo que hoy es la Revolución Bolivariana.

Como todo proceso social, naturalmente que la Revolución Bolivariana ha tenido vicios y conflictos. Como toda democracia, naturalmente que la venezolana necesita de perfeccionamientos y posee ciertos problemas. Pero las clases oligárquicas no se han quedado tranquilas durante estos años. Así, los mismos que ordenaron las masacres del Caracazo en febrero de 1989, en abril de 2002 orquestaron un golpe de Estado que pretendió sacar del poder a Chávez, pero fue el mismo pueblo el que en las calles salió a defender el gobierno que ellos habían elegido y del que ellos eran parte esencial. Ahora, en febrero de 2014, los mismos que en los años del Caracazo ordenaron a los agentes del Estado asesinar a miles de venezolanos, han convocado a una serie de masivas protestas contra el gobierno del sucesor de Hugo Chávez, Nicolás Maduro. La prensa internacional, los organismos de Derechos Humanos, la OEA y el gobierno de Estados Unidos ha criticado duramente al gobierno, cuando el 12 de febrero se produjeron 3 muertes en medio de la violencia desatada en las calles de las principales ciudades del país. Y hay que decirlo, estamos en presencia de un claro intento de desestabilización que tiene como objetivo, lograr un golpe de Estado que termine con la Revolución Bolivariana iniciada en ese estallido social de 1989.

Hoy ese mismo este de la ciudad de Caracas, que durante febrero de 1989 era cercado por los agentes del Estado para que los pobres no pudieran llegar donde viven los ricos, se llena de barricadas, son los ricos los que salen a la calle a protestar contra el gobierno. Muchos lo hacen sin ningún objetivo golpista de fondo, es claro que el gobierno de Maduro ha presentado diversos problemas de organización y el manejo de la crisis alimentaria que vive el país desde hace un par de años ha sido deficiente, por eso muchos se encuentran en las calles. Pero otro porcentaje alto de manifestantes lo hace con un sentido de clase: pretenden volver a recuperar el poder que comenzaron a perder desde el Caracazo de 1989 y del que fueron mayormente despojados desde que Hugo Chávez asumió el poder en 1999, por mandato popular.

Teniendo clara la situación anterior, no puedo dejar de decir que hay quienes, en su ceguera ideológica, pretenden decir que en Venezuela no ocurre nada, que todo esta bien y que lo que en los medios se dice es parte de la propaganda imperialista que pretende generar las condiciones para un golpe de Estado. Si bien es clara la posición de algunos medios, notoriamente a favor de un golpe, no podemos obviar que el gobierno que precedió al de Hugo Chávez ha presentado durante todo este tiempo una serie de errores que hoy se están comenzando a visualizar de manera mucho más clara. La burocracia construida desde el aparato estatal se ha profundizado mucho más, dando espacio para la corrupción y el enriquecimiento de lo que podríamos llamar “la boliburguesía”, esas personas que se han enriquecido gracias a ciertas políticas de la revolución bolivariana. Y decir esto no significa el derrumbe del proceso, sino todo lo contrario.

El comprender los problemas y las crisis por las que atraviesa un proceso político que en su generalidad ha sido positivo para la mayoría de los venezolanos, abre la ventana a la posibilidad de solucionar estos conflictos y seguir avanzando, continuar haciéndole frente a los que nunca se quedarán tranquilos al ver que sus riquezas y que su poder ha sido socavado por las masas populares que en algún momento, por allá por febrero de 1989, se alzaron en las calles de Caracas y dijeron basta.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Mandela, el subversivo

La tarde de este jueves falleció Nelson Mandela, luego de desarrollar su última lucha que lo tuvo durante varios meses internado en un hospital de Sudáfrica. El mundo se conmocionó. Bastaba ver twitter y facebook, en donde gran cantidad de personas, de todas las edades y tendencias políticas, compartían y publicaban fotos del ex líder de la lucha contra la opresión a la población negra en África, de esa opresión que se consolidó a sí misma con la marginación, conocida mundialmente como el régimen del Apartheid. Pero hay una imagen que se vende de esta gran persona, una parecida a la que vemos en los estampados del Che Guevara que se plasman en las poleras que venden grandes transnacionales de la moda. Esa imagen que comercializan los medios de comunicación que se centran principalmente en el pacifismo, en vender la idea de un personaje que siempre abogó por la paz y la reconciliación. Y sí, Mandela luchó por esas causas, pero antes que eso, hizo acciones que la prensa no las dice. Fue un subversivo, se alzó contra la discriminación, contra la opresión, se levantó contra el Apartheid.

Pese a lo que muchos podrán decir, Mandela comenzó su vida política en 1944 afiliándose al Congreso Nacional Africano (African National Congress, ANC), que como partido desarrolló un trabajo conjunto con el Congreso de Sindicatos de Sudáfrica y el Partido Comunista Sudafricano, estableciéndose como objetivo el luchar contra el modelo que oprimía a las mayorías negras en este país. Ascendió rápidamente al cargo de Secretario General de la Liga Juvenil del Congreso Nacional Africano (ANCYL), en 1948, liderando ya en 1952 una de las campañas más conocidas del movimiento contra el Apartheid, llamada “Defiance” (Rebeldía), que promovía la desobediencia civil contra las políticas y leyes que ejercieran algún tipo de discriminación contra la población negra. Bajo esta campaña, el partido ANC pasó a convertirse en la principal fuerza política del país, pasando de 7 mil afiliados a más de 100 mil.  Desde ahí comenzó la persecución a su figura. En 1956, luego de todos esos logros, Nelson será acusado de traición a la Patria y en 1960, tras la denominada Matanza de Sharpeville, que terminó con 69 muertos, más de 200 heridos y alrededor de 18.000 personas detenidas y enviadas a campos de concentración del régimen, el ANC es proscrito y Mandela, como dirigente de este grupo, pasa a la clandestinidad, liderando, como Comandante en Jefe, el movimiento armado “Umkhonto we Sizwe” (“Punta de lanza de la Nación”). Así, después de viajar por Europa y otras partes de África, denunciando la opresión que se vivía en su país y solidarizando con las luchas que se estaban dando en otros países, Mandela es detenido en agosto de 1962, acusado de liderar un grupo subversivo que promovía la desestabilización del régimen que se sostenía en base a la marginación de un grupo mayoritario de la población. El dirigente sudafricano reconocería en el futuro, que no se arrepentía de haber emprendido la lucha armada, reconociendo que para ese momento, era necesaria.

De esta forma, Nelson Mandela pasó más de 27 años en prisión, por llamar a levantarse contra un sistema opresor, por ser un subversivo, un terrorista, que después sería premiado por los mismos países que lo mantuvieron en prisión y resistencia por todo ese tiempo, con el Premio Nobel de la Paz. Incluso, Estados Unidos lo mantendría hasta hace pocos años en la lista de terroristas del mundo. Eduardo Galeano en su libro “Los Hijos de los Días”, escribe unas líneas dedicadas a Mandela. Titulando “Un terrorista menos” el escritor uruguayo dirá: “En el año 2008, el gobierno de los Estados Unidos decidió borrar a Nelson Mandela de la lista de terroristas Peligrosos. Durante sesenta años, el africano más prestigioso del mundo había integrado ese tenebroso catálogo.”

Por todo esto, cuando veo lo que ocurre luego de la muerte del líder sudafricano, me pregunto ¿qué ganan los medios promoviendo una imagen que es correcta, pero que no representa realmente lo que fue la vida de Mandela? Propongo desarrollar un ejercicio que es en sí mismo, recordar a este personaje con el ejemplo: rebelarse contra la visión completamente pacifista que nos entrega la prensa respecto a él, rescatar su ejemplo de lucha, al libertario, al sublevado, al que planteaba que era necesario subvertir el orden opresor, utilizando como principal estrategia el no acatar las normas que imponían la discriminación. Rescatemos al Mandela que se establece como ejemplo de desobediencia civil.

Nelsón pasó 27 años en prisión por alzar la voz y denunciar las injusticias del mundo en el que vivía, cuando en Sudáfrica se imponía un régimen en donde el silencio era obligatorio. Fue apresado, no por pacifista, sino que por soñar con una sociedad diferente, tolerante y democrática. Fue torturado, no por promover la reconciliación, sino que por alentar la rebeldía de los pueblos y solidarizar con todas las luchas libertarias del mundo, fueran socialistas, comunistas o simplemente progresistas. Fue obligado a realizar trabajos forzados, no por llamar a la tranquilidad, sino que por promover la desobediencia civil y participar directamente de acciones contra el Apartheid. Después de eso supo reconocer que los tiempos habían cambiado y cuando la discriminación racial en África comenzaba a convertirse en una cosa del pasado, Mandela no se quedó tranquilo y siguió luchando por un mundo más justo, promoviendo la paz y la reconciliación, pero también validando las acciones de los pueblos que se alzan contra el orden establecido por una minoría que desea mantenerse en el poder a costa del empobrecimiento y discriminación a las mayorías.

Mandela no ha muerto, Mandela sigue vivo en las luchas de los oprimidos y marginados, de todas las personas que siguen peleando en el mundo contra diversos tipos de Apartheid. Aun podremos encontrar a Nelson en los indígenas que resisten a la colonización económica y cultural de la globalización; podremos verlo en los ojos de esas millones de mujeres que luchan por mayor igualdad; en las banderas de los movimientos LGBT, que recorren el mundo con sus consignas por el reconocimiento y valoración de la diversidad; en los rostros de los pobres del mundo, en los sin casa, en los que luchan por una vida digna.

martes, 19 de noviembre de 2013

Los hambrientos piden pan, plomo les da la milicia

Habráse visto insolencia, barbarie y alevosía
de presentar el trabuco y matar a sangre fría
a quien defensa no tiene con las dos manos vacías, si.

Quién no escuchó alguna vez esa hermosa y directa canción de Violeta Parra que todos conocemos como "La Carta", pero que originalmente violeta la llamó "Los hambrientos piden pan". En este clásico tema se nos comentan las injusticias de un país en donde las autoridades optaron por la represión brutal, antes que por escuchar la voz de las y los trabajadores. Eso pasaba en los años '60 y lamentablemente la historia no ha cambiado mucho, pero sin duda vale la pena recordar un hecho que ocurrió un día como hoy, 19 de noviembre, pero en 1962, en la Población José María Caro. Una situación que muchos han olvidado, pero que fue la inspiración para escribir esta tonada de denuncia que realizó Violeta al enterarse de la situación.

Una fotografía de la matanza
Solemos recordar la Matanza de Santa María de Iquique, la del Seguro Obrero o la realizada por el ejercito chileno durante varios años mientras duró la dictadura cívico-militar encabezada por Augusto Pinochet, pero la verdad es que lamentablemente hay muchos más hechos de este tipo, que pocas veces se recuerdan. Podemos ver durante todo el siglo XIX diversas matanzas de obreros, indígenas, campesinos y pobladores, ordenadas por el Estado chileno, que hoy permanecen casi borradas de la memoria del pueblo y que sería muy necesario mantener en el recuerdo como un ejemplo de la lucha que han desarrollado los sectores populares a lo largo del tiempo, para reconocer que esto no parte ni ayer ni hoy, sino que se inició desde mucho antes, siempre han estado presentes a lo largo del tiempo.

Un niño herido en medio de la represión
Y así como hemos visto organización popular, también podemos hablar de la forma en la que el Estado ha canalizado a estos movimientos, ahogándolos y utilizando la represión más cruenta, como en las matanzas de 1903, 1905 o la misma Matanza de la Escuela de Santa María de Iquique en 1907. Pero hay un hecho que ocurrió un día como hoy, un 19 de noviembre de 1962, cuando en medio de un paro convocado por la CUT un grupo de trabajadores y pobladores de la Población José María Caro decidieron cortar la línea del tren, que pasaba en esos tiempos por el lado de su población, ubicada en la actual comuna de Lo Espejo. Había paralizado casi toda la ciudad, pero la empresa de ferrocarriles había llegado a un acuerdo con el gobierno de Jorge Alessandri y los trabajadores se habían comprometido a seguir con sus jornadas laborales. La CUT analizó esa situación y los trabajadores decidieron bloquear, junto a los pobladores, las vías del tren, para detener completamente la producción en la capital.

Ante eso, Alessandri decidió enviar a la fuerza policial a reprimir el hecho, pero los trabajadores resistieron y obligaron a la policía a replegarse. El gobierno respondió con fuerza, no se podía permitir que un grupo de trabajadores paralizara una de las principales rutas del ferrocarril y así, los militares se hicieron presentes y se inició la matanza. Balas contra piedras, fusiles contra esperanzas de justicia, pobladores contra militares. Las cifras oficiales hablan de "al menos 6 fallecidos", aunque se piensa que fueron más, y la prensa describe más de medio centenar de heridos. Asesinaron a niños y niñas, pobladores, trabajadores, a todo aquel que se atrevió a levantarse para exigir mayor justicia laboral. En medio de eso, además, se hicieron detenciones arbitrarias a personajes que habían declarado su apoyo al paro de la CUT, entre ellos al hermano de Violeta Parra. Para denunciar esta situación, desde Francia, Violeta escribiría "Los hambrientos piden pan".


Para finalizar, la invitación es a concebir estos capítulos que han sido borrados de la historia oficial chilena, como herramientas que son útiles para la autoeducación de los sectores populares, para lograr conciencia en la población de cuál es el rol histórico que el Estado chileno y sus agentes han ocupado cuando se trata de responder a las demandas de las mayorías. Debemos entender por qué estos hechos jamás saldrán en el curriculum escolar ni en la PSU. Porque nos ayudan a cuestionar la forma en la que hemos llegado a nuestro presente, uno en donde pocos se atreven a reclamar, donde reina el miedo al momento de enfrentar las injusticias.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Democracia: ¿elegir y ser elegido?

Desde pequeños en nuestros colegios nos enseñaron, básicamente, que en lo que consistía un régimen democrático es en la posibilidad de elegir y ser elegidos. Así, pensamos que cualquier ciudadano, como tiene la oportunidad de seleccionar a quien lo representará en el parlamento o a quien presidirá el gobierno, también está en todo su derecho de poder concursar por ser elegido para representar a otros o para liderar la conducción del país asumiendo la Presidencia de la República. Se supone que ese es el juego de la democracia, o por lo menos eso nos hacen creer. Nos dicen que eso es cierto, que solo basta mirar la cantidad de candidatos presidenciales que se han presentado con el sueño de poder ser electos. La pregunta es ¿cuántos de los que van a la papeleta de las elecciones tienen la posibilidad real de ser elegidos?
Al observar la invasión de palomitas, gigantografías y los millones de panfletos que  nos entregan en cada esquina que pasamos cuando caminamos por las calles del país, solamente con eso, ya podríamos postular una nueva pregunta que nos ayude a verificar si en realidad todos tenemos la posibilidad de ser favorecidos en este juego democrático. Nos preguntaremos entonces, ¿tienen la posibilidad de ser elegidos candidatos que no inviertan cantidades multimillonarias en llenar los espacios públicos con fotografías de sus rostros? Realmente no. El sistema electoral está diseñado para que los grandes partidos, los que tienen impresionantes sumas de dinero y reciben millonarias donaciones por parte de ricos empresarios, tengan más posibilidades de ganar, ya que forman una verdadera maquinaria electoral que sostiene a los candidatos –empapelando y contaminando todo Chile, además– y, en el fondo, la perversidad de un modelo que solo les permite a ciertos postulantes la posibilidad ser elegidos.
Otro factor que va de la mano con el dinero y el control de este, son los medios de comunicación, en que la contienda se hace más desigual aun, pues la cobertura que realizan los grandes medios pretende, intencionalmente, duopolizar el debate político, haciendo parecer como si las elecciones siempre fueran una lucha entre solo dos coaliciones, la Concertación (Nueva Mayoría) y la Alianza. Siendo que existen 9 candidatos presidenciales actualmente, nos han mostrado en los noticieros hasta la exclusiva en la que Bachelet o Matthei van al baño, pero no las acciones de los demás candidatos. El mismo canal “público” (TVN), que hace gala de ser “el canal de todos los chilenos”, otorgó durante meses, al menos 10 minutos del noticiero central a informar solo lo que ocurría con las candidatas de la Concertación y Alianza, mientras que los demás –Parisi, Claude, Enríquez-Ominami, Israel, Miranda, Sfeir y Jocelyn-Holt– quedaron completamente relegados, pudiendo pararse de igual a igual solo en una oportunidad que fue el “debate” Anatel, en donde muchos recién comenzaron a ser conocidos por la gente. De esta forma, los grandes medios de comunicación son los que potencian la dictadura de dos coaliciones políticas que se reparten la torta, porque son los que duopolizan el debate, sosteniendo tanto a la Concertación como a la Alianza como los únicos detentadores del poder.
Con estos dos ejemplos, podemos decir que estamos frente a un sistema en donde solo algunos, una minoría, pueden pensar en ser elegidos, mientras que la mayoría sigue engañada, relegada a la posibilidad de votar, pero no de ser elegidos o elegidas. El dinero y los medios de comunicación de los dueños de Chile son los que les dicen a la mayoría de chilenos por quién votar y por quien no, con los tiempos que le otorgan a cada candidato en pantalla. Solo nos resta reflexionar que para que se desarrolle en este país una verdadera democracia, debiera existir un sistema electoral en donde los candidatos puedan competir en igualdad de condiciones; en donde las ideas, discursos y programas tengan más peso que el empapelar todo el país con el rostro de un candidato y los medios de comunicación sean realmente democráticos y pluralistas, difundiendo la voz de todos por igual o reconociendo, de frente al país, su simpatía por un candidato en específico.
*Columna escrita por mi para el sitio www.enaltavoz.cl. Lxs invito a visitarlo y compartir los post y las noticias que estamos subiendo ahí.