viernes, 16 de octubre de 2009

Enfermedad del poder, una enfermedad que se expande en el mundo

[caption id="attachment_198" align="aligncenter" width="510" caption="Nos han hecho creer que el deseo de cualquier ser humano TIENE que ser el acceder al poder."]Nos han hecho creer que el deseo de cualquier ser humano TIENE que ser el acceder al poder.[/caption]

En esta ocasión escribiré sobre un fenómeno que hoy en día está bastante presente en nuestra sociedad globalizada y es el poder. Me doy cuenta a mis recién 17 años de edad, como nos han hecho creer que en nuestra sociedad siempre ha tenido, tiene y tendrá que estar presente el deseo de todos por alcanzar el poder y gracias a esto se ha creado lo que llamaremos en esta oportunidad “la enfermedad del poder”, que trae consigo el individualismo y podríamos decir, por qué no, que es una de las causas de la corrupción de la sociedad como tal.

Desafortunadamente, algunas personas simpáticas, afectuosas y amables cuando adquieren poder se les suben los humos a la cabeza y se ponen insoportables. Se convencen de que lo adquirido por dinero, contactos, herencia, trayectoria, merito, cargo, suerte o voluntad popular les fue conferido por gracia divina. Pierden toda capacidad para reírse de si mismos, descuidan lealtades de toda una vida y se vuelven necios, pomposos y autoritarios. Se olvidan de que el poder, como todo lo terrenal, es esencialmente transitorio. Por eso, quien lo detenta debe hacer un ejercicio cotidiano, no solo para no corromperse, sino que ademas, y esto es lo más difícil, para no trastornarse. Porque corre un alto riesgo de enfermarse de poder.

Las relaciones interpersonales son lo primero que se altera en los enfermos de poder. Su trato con las personas cambia radicalmente de varias maneras: o se dedican a competir, pelear y, si no les queda mas, a negociar con quienes también pertenecen al mundo de los poderosos; o restan toda importancia a quienes ya no les son útiles, por lo que viejos conocidos se vuelven transparentes como si fuera posible ver a través de ellos; o se relacionan con los otros como si fueran subalternos, obligados a complacerles, adularles y rendirles pleitesía. Aquejados de superioridad, se regocijan ejerciendo y haciendo evidente su dominio y control sobre las personas. Las disminuyen, minan su confianza, descalifican sus esfuerzos, desacreditan sus ideas y les niegan cualquier reconocimiento. Maltratando a unos para persuadir a otros, hacen uso de amenazas abiertas o encubiertas para obtener lo que quieren, inspirar inseguridad y temor. Confunden respeto con sometimiento, admiración con halago y don de mando con arbitrariedad. Malogran el encanto, la calidez y los valores que tenían previo a adquirir poder.

Los que padecen de poder siempre están buscando protagonismo, por lo que pierden interés en todo lo que no sea ellos mismos. No toleran que nadie les haga sombra y se vuelven déspotas, prepotentes, engreídos, utilitarios, fríos, distantes, antipáticos, displicentes, calculadores, impacientes, irritables, agresivos y manipuladores. Se creen dueños de la verdad, pierden la capacidad de discutir o aceptar diferencias, no soportan que los contradigan, no escuchan nunca más y se ponen idos o se lo hablan todo ellos mismos. Se sienten con derecho a todo y que nada está vedado.

Si usted recientemente se ha ido a las alturas o ha ganado mucho dinero o está cada día más importante o se ha convertido en un dirigente o una persona muy influyente o es muy ambicioso, ¡cuidado! Usted corre grave peligro. Muchas grandes y buenas personas, que en circunstancias normales son agradables, cálidas, cuerdas y atractivas, puestas en situación de poder pierden la razón y sufren cambios dramáticos en su personalidad.

Tener la posibilidad de hacer cosas, transformar la realidad e influir sobre los demás es un privilegio; de eso se trata el poder. No tiene porque relacionarse con enamorarse de si mismo ni con sentirse Dios ni con creerse integrante del Olimpo.

Digo finalmente, que es una enfermedad que se expande día a día por todo el mundo porque es así. Día a día vemos como las ansias de poder de algunos, hacen que mueran miles de personas. Día a día vemos como las ansias de poder hacen que nos seguemos en nuestra persona y nos convirtamos en seres fríos e individualistas. Día a día vemos cómo, a causa de las ansias de poder, nuestro mundo se destruye.

Pero ¿Quiénes son los que pueden cambiar esta situación? Definitivamente los únicos que podemos cambiar esta situación somos nosotros. Tenemos el deber, si no queremos que nuestra sociedad se continúe corrompiendo de, como lo dijo alguna vez un gran amigo, deshumanizar el planeta. El individualismo es inherente al pensamiento que nos ha impuesto el sistema y dentro de lo que se denomina el humanizar la sociedad, también se encuentra el fenómeno de individualizar a las personas (o sino ver el caso de la colonización de América), es por eso que hablamos de deshumanizar el mundo, hagámoslo un poco más agradable. No estamos solos, vivimos en comunidad, somos una sociedad.

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